facebooktwittergoogle_pluspinterestlinkedintumblrmail

tumblr_mh5pibG47A1s4onb0o1_500Responder a esta pregunta es complicado desde el mismo momento en que referimos a un concepto de difícil acotación. A nosotros, el ser humano, la especie cultural por excelencia (¿la única?), nos resulta difícil definir qué es cultura. Para proceder, primero vamos a acotar su acepción para entender a qué nos referimos en este artículo y luego trataremos un caso concreto reportado en el norte de Zambia que puede ayudarnos a resolver esta pregunta: ¿hay animales culturales aparte del ser humano?

¿Qué es cultura y qué se necesita para ser animales culturales?

De sus múltiples acepciones, en este artículo vamos a referirnos a cultura como “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc”.

Revisando esta definición, parece que existen ciertas condiciones para la cultura y para ser, por tanto, animales culturales.

En primer lugar, se habla de algo que comparte un conjunto, al parecer tan grande como “una sociedad”, un grupo, y que se construye debido a la acción de todos los individuos que la componen. Debido a que un grupo, a la vez, puede agrupar otros grupos y puede ser agrupado en otro grupo mayor, podemos entender la cultura como un conjunto de círculos concéntricos: existirá cultura de la especie, cultura de razas, cultura de tribus, cultura de ciudades, cultura de países, etc.

animales culturalesEn segundo lugar, para ser animales culturales parece que se necesita cierta complejidad en el comportamiento puesto que se habla de modos de vida y de costumbres. Es decir, “se solicita” que los animales culturales dispongan de un repertorio de conductas que permiten flexibilidad y elección, esto es, que su conducta no sea un compendio de “actos reflejos” (misma situación, mismo comportamiento) para que, de ese repertorio, cada cultura (refiriéndonos aquí a cultura como conjunto de individuos que la comparten) adquiera sus costumbres particulares.

En tercer lugar, para ser animales culturales, para basar todo lo anterior, se hace necesario que la especie disponga de cierta capacidad de aprendizaje a partir de la experiencia y a partir de los demás precisamente para que pueda existir esa flexibilidad de comportamiento y para que pueda perpetuarse esa cultura.

En cuarto lugar, y gracias a todo lo anterior, podemos hablar de arte, ciencia e industria como cuestiones de grado y no como cuestión de todo o nada. Es decir, animales culturales no son solo los que más destacan en estos ámbitos sino que se es animal cultural si se dispone de alguna de estas o de todas estas manifestaciones en cierto grado.

Todo lo anterior, en términos biológicos, queda supeditado a la evolución del encéfalo. Como la evolución del encéfalo es igualmente una cuestión de grado, podemos entender que ser animales culturales sea, igualmente, cuestión de grado.

¿Son los chimpancés animales culturales? Un caso para el debate.

Para explorar esta pregunta vamos a revisar el mencionado caso ocurrido al noroeste de Zambia, documentado por los investigadores Edwin J. C. van Leeuwen, Katherine A. Cronin y Daniel B. M. Haun.

El grupo de chimpancés a los que refieren en este estudio son un total de 94 chimpancés divididos en cuatro grupos sociales en la reserva Chimfunshi. Estos chimpancés viven en hábitats forestales aislados los unos de los otros.

El origen de la investigación se debe a la aparición de un comportamiento curioso en uno de los chimpancés (una hembra, Julie) que luego se fue extendiendo al resto de los chimpancés de su grupo, a pesar de que este no tenía utilidad adaptativa alguna: esta hembra decidió de la noche a la mañana que le gustaba llevar una pajilla insertada en su oreja, como podemos ver en la imagen. El propósito de este comportamiento se desconoce.

¿Cómo se le “pegó la moda” al resto? ¿Se debía a aprendizaje social o era una simple casualidad por la que diferentes individuos del grupo habían llegado a la misma conclusión: que “les gustaba” llevar pajillas en el oído o que ese era un buen método para resolver un problema no descubierto por los investigadores?

Emprendieron para resolver esta pregunta una serie de análisis estadísticos sobre los resultados de sus observaciones.

animales culturales

Tabla con la frecuencia de aparición del GIEB (Grass In Ear Behaviour)

Encontraron que este comportamiento apareció en 8 de los 12 chimpancés del grupo al que pertenecía Julie, la “pionera”, y de los cuales 6 mostraron este comportamiento repetidas veces. Como muestra la tabla adjunta, aunque ninguno llegó a ser tan asíduo a la moda de la pajilla en el oído como Julie, hubo varios chimpancés que la siguieron en varias ocasiones.

También comprobaron que la “moda” de la pajilla en el oído se producía por aprendizaje social: todos los chimpancés que mostraron este comportamiento habían sido vistos en compañía de otro seguidor de esta moda. El 94% parece que la moda fue “contagiada” por la propia Julie y, además, el primer “imitador” de Julie fue su propio hijo, Jack. Los siguientes adeptos de esta moda fueron precisamente los chimpancés que más contactos tenían con Julie.

Las observaciones se iniciaron en Febrero de 2011 y el informe al que nos estamos refiriendo se concluyó en Abril de 2014. Durante ese periodo, Julie murió. A pesar de ello, algunos chimpancés siguieron mostrando este comportamiento. La pregunta que queda abierta es si estos chimpancés serán capaces de “convencer” al resto de ser imitados, si este elemento cultural (o protocultural para los más escépticos) será perpetuado en el tiempo.

Animales culturales: algunas cuestiones

Visto lo anterior, y con la vista puesta en la definición de animales culturales, cabría preguntarse si este comportamiento fue “creado” por algún efecto genético debido al aislamiento del grupo o si se debió a algún factor ambiental que pudiese estar condicionando la expresión genética de ese grupo de chimpancés, pero el reporte es claro: ese grupo de chimpancés no se trata de ninguna subespecie ni su hábitat es cualitativa ni cuantitativamente diferente al del resto de grupos de la reserva Chimfunshi.

Debido a que la aparición del comportamiento en otros chimpancés estaba (según los análisis estadísticos) fuertemente mediada por la presencia de otros chimpancés que lo exhibían y más concretamente por la presencia de su creadora, Julie, cabe pensar que estamos ante un caso de aprendizaje social y, lo más importante, espontáneo, no inducido experimentalmente para testar esta capacidad en los chimpancés.

Este caso concreto es doblemente curioso porque el comportamiento transmitido socialmente no tiene, que sepamos, ninguna utilidad adaptativa: se trata de un caso de flexibilidad de comportamiento puramente lúdico o artístico. No obstante, si halláramos que este comportamiento tiene un fin concreto, esto no refutaría que se trata de un elemento cultural: se trataría de un comportamiento tecnológico, el cual también cabe en el concepto de cultura que manejamos.

¿Podemos llamar a este caso un caso de nacimiento de un rasgo cultural? Si acaso el comportamiento no se perpetúa en el tiempo, ¿es este un argumento para no llamarlo cultura? ¿Podemos ver en esto un reflejo de cómo debieron de surgir diferentes rasgos culturales en el ser humano, animales culturales por excelencia?

Lee más en “A group-specific arbitrary tradition in chimpanzees

facebooktwittergoogle_pluspinterestlinkedintumblrmail