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Seguimos recorriendo nuestra carrera de la evolución humana llegando a su “cuarto corredor”, el Ardipithecus ramidus.

Ardipithecus ramidus

Para llegar a él nos situamos en la línea de los 4.4 millones de años atrás, habiendo ya “adelantado” a tres buenos corredores: el Sahelanthropus tchadensis, el Orrorin tugenensis y al que más de cerca le sigue, el Ardipithecus kadabba.

Los tres corredores anteriores planteaban un problema: ¿cuál de ellos debe ser considerado el primer hominina? Los hominina, recordamos, es la subtribu que engloba al género homo (el nuestro) junto a sus antiguos compañeros, Paranthropus, Australopithecus, Sahelanthropus, Orrorin, Ardipithecus y Kenyanthropus (todos extintos). El rasgo “definitorio” de esta subtribu sería el bipedalismo. Debido a que para ellos no estaba muy esclarecido este bipedalismo, algunas clasificaciones quieren dejar fuera de esta subtribu al Sahelanthropus y al Orrorin, situándolos en la subtribu de los panina, que actualmente engloba sólo a chimpancés y bonobos.

Vimos que en el Ardipithecus kadabba el consenso clasificatorio parecía un poco mayor: este parece que tiene “más papeletas” para ser el primer hominina, el primer primate bípedo. Pero a pesar de ello, no sería este Ardipithecus el que acaparara grandes portadas. Habría que esperar hasta el Ardipithecus ramidus para conocer al primer hominina famoso.

¿Cómo era el Ardipithecus ramidus?

Ardipithecus ramidus

A la izquiera, el esqueleto ‘Ardi’ hallado en Etiopía. A la derecha, una reproducción del Ardipithecus ramidus.

Se piensa que el Ardipithecus ramidus fue un descendiente del Ardipithecus kadabba. Como éste, el Ardipithecus ramidus compartía bastantes características con los chimpancés modernos, pero en él también se observarían características humanas. Tenía un cráneo con una capacidad de 350 cm cúbicos aproximadamente, como los chimpancés modernos (los humanos tenemos una capacidad en torno a 1000 cm cúbicos mayor).

Gracias a 100 especímenes encontrados en Etiopía, podemos saber que tenían caninos pequeños y con forma de diamante (como los humanos actuales) y podemos intuir que caminaban erguidos. Sus pies eran rígidos y su cintura un poco arqueada para soportar el peso de las vísceras en posición erguida. Se piensa que caminaban erguidos en tierra, aunque seguían desplazándose por los árboles y cuando lo hacían, lo hacían empleando sus cuatro miembros.

Aunque el esqueleto más completo encontrado perteneció a una hembra, gracias a estudios comparativos del tamaño de los dientes de ambos sexos podemos saber que el tamaño de los cuerpos de los Ardipithecus ramidus machos y hembras no debían de diferir mucho. Los individuos de esta especie llegaban aproximadamente a 1’20 metros de altura y pesarían unos 50 kg.

Este escaso dimorfismo sexual (diferencia entre el cuerpo de ambos sexos) parece señalar que el Ardipithecus ramidus no era una especie en donde los machos debieran competir entre sí por la dominancia sobre las hembras ni sobre el clan. En las especies donde esto ocurre, los machos suelen ser mucho más grandes y poderosos que las hembras.

Más estudios dentales sugieren que el Ardipithecus ramidus era omnívoro y que, a diferencia de sus predecesores kadabba, no solían alimentarse a base de alimentos fibrosos como nueces o raíces. Se supone que comían plantas, carne y fruta.

ardipithecus ramidus

‘Ardi’ fue nombrado descubrimiento del año por la revista Science.

La clave: Ardi

‘Ardi’ es el nombre con que se conoce al esqueleto más completo de hembra de Ardipithecus ramidus hallado en Afar, Etiopía, en 1992. ‘Ardi’ saltó a las portadas de las revistas científicas por “destronar” a Lucy, el famoso especímen de Australopithecus afarensis, como fósil de hominina antiguo más completo. Gracias a esta Ardipithecus ramidus hemos podido saber la mayoría de los datos que conocemos de esta especie.

Consulta aquí el árbol de la evolución humana

Lee más en “Human Origins” y en “Science

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