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Hemos recorrido un buen camino desde que comenzamos nuestro breve paseo por la evolución humana. Retomando aquella imagen que parecía la “foto finish” de nuestra línea evolutiva, ya hemos hablado de cinco de los corredores: del Sahelanthropus tchadensis (6-7 millones de años), del Orrorin tugenensis (5-6 millones de años), del Ardipithecus kadabba (5.8-5.2 m.a), del Ardipithecus ramidus (4.4 m.a.) y del Australopithecus anamensis (3.9 m.a.). Estas primera y segunda especie, el Sahelanthropus tchadensis y el Orrorin tugenensis, dijimos, son protagonistas de una importante duda: ¿cuál fue la primera especie que forma parte de la rama que condujo a nuestro género primero, el Homo, y a nuestra especie después, el Homo sapiens? ¿Son el Sahelanthropus tchadensis y el Orrorin tugenensis “más humanos o más chimpancé”? La cuestión, como apuntamos, sigue sin producir acuerdo.

La pertenencia genuina a nuestra rama evolutiva parece perder duda cuando avanzamos en nuestra carrera: el Ardipithecus y el Australopithecus son géneros que parecen tener el honor, esta vez sí, de ser nuestros ancestros indiscutibles, de pertenecer a nuestra rama evolutiva más directa. Muy antiguos y diferentes a nosotros, pero ancestros al fin y al cabo.

Australopithecus afarensis

 

El Ardipithecus fue un género predecesor, se supone, del Australopithecus, y el Australopithecus se considera el género directamente predecesor al nuestro, el género Homo. Y es más, la especie que tratamos hoy, el Australopithecus afarensis, es considerada como la especie de homínido más similar a las especies del género Homo de entre todo el resto de los Australopithecus (A. anamensis, A. africanus, A. garhi) ¡Nos vamos aproximando al Homo sapiens!

¿Qué es ser un Australopithecus afarensis?

Una de las primeras cosas que resalta de los Australopithecus afarensis es que ésta fue una especie longeva. No quiere decir que sus individuos fuesen especialmente longevos, sino que su especie perduró durante muchos miles de años: unos 900.000 (nosotros llevamos en este planeta “sólo” unos 200.000). Esto es mucho más de lo que lo hicieron especies sucesoras y predecesoras. Por ejemplo, sus hermanos los Australopithecus anamensis “sólo” duraron unos 300.000 años. ¡Malas perspectivas para nosotros si sólo vamos a estar aquí ese tiempo! Hay que remontarse al Sahelanthropus tchadensis para encontrar una especie que sobreviviese en este mundo, que sepamos, aproximadamente lo mismo: en torno al millón de años.

Australopithecus afarensis

Cráneo de una cría de Australopithecus. Podemos comprobar la existencia de una marcada diferencia estructural entre el cráneo de una cría y de un adulto de esta especie (derecha).

Australopithecus afarensis

La apariencia del cráneo de un Australopithecus afarensis es más similar a la de un chimpancé moderno que a la de un humano adulto moderno. En cambio, nuestro cráneo es más similar en cuanto a forma al de una cría de australopithecus, así como al de una cría de chimpancé moderno. Lee más en “Neotenia: el defecto que nos permitió un encéfalo más grande

¿Y qué hay de sus características físicas? Como podemos observar en la reconstrucción aquí arriba, el Australopithecus afarensis se parecía más a un chimpancé que a un ser humano. Pero que no nos engañe su cuerpo recubierto de vello, su nariz chata, su mandíbula ni su cráneo pequeño (de aproximadamente un tercio de la capacidad del nuestro). El Australopithecus afarensis ya disponía de la habilidad distintiva de nuestra línea evolutiva: la capacidad para andar erguidos.

No obstante, como nos han enseñado las especies antecesoras que ya hemos examinado en otros posts, abandonar del todo la vida en los árboles es difícil. Y este es, quizás, el punto más controvertido de la investigación sobre el Australopithecus afarensis. En efecto, el Australopithecus afarensis “aún” vivía a medio camino entre los árboles y la tierra. Aparte del bipedalismo, al parecer, era capaz de desplazarse en los árboles, si bien no de forma tan ágil como sus antecesores.

La investigación sobre el Australopithecus afarensis ha descubierto evidencias de ambos tipos:

  • A favor de su mayor habilidad para desplazarse por los árboles: la anatomía de las manos, muñecas y los hombros
  • A favor de su mayor habilidad para el bipedalismo: la forma de su pelvis, más similar a la nuestra que a la de los chimpancés modernos, el ángulo que adquiere el fémur, el tamaño de los pies y su aparente pérdida de capacidad prensil.

La altura de los machos distaba unos 50 cm de la de las hembras: 150 cm frente a 100 cm, lo que indica un dimorfismo sexual (diferencias fenotípicas considerables entre machos y hembras). Este dimorfismo sexual puede considerarse una pista acerca del tipo de estructura social del Australopithecus afarensis: una en la que la posición de los machos era la dominante y las luchas entre ellos eran el mecanismo de acceso/mantenimiento de una suerte de estatus social y de acceso a la reproducción con las hembras (poliginia). Esto puede colegirse del hecho de que para la evolución de los machos fuese selectivo el disponer de un cuerpo grande con el que competir con otros machos.

Australopithecus afarensisAustralopithecus afarensisEl Australopithecus afarensis más famoso: Lucy

Seguramente el nombre te suene e incluso hayas podido ver alguna reproducción suya en algún museo de Antropología. Lucy es el nombre que recibe un esqueleto parcial (un 40% aproximadamente) de una hembra de Australopithecus afarensis que fue hallada en Etiopía en 1974. Su edad aproximada se calcula de unos 3.2 millones de años, pero se supone que murió siendo una Australopithecus joven-adulto. La importancia de su hallazgo reside, como puedes imaginar, en la extraordinaria completitud del esqueleto dada la edad del individuo. Fue como una especie de “premio gordo” para los investigadores.

Puedes ver las piezas halladas a la izquierda y una reconstrucción de Lucy a la derecha.

Te gustará saber a qué viene el nombre de Lucy: el equipo de excavación celebró su hallazgo cantando la famosa canción de The Beatles “Lucy in The Sky with Diamonds”.

Lee más en Smithsonian.

 

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