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australopithecus anamensisEsta semana nos toca seguir avanzando en nuestra peculiar carrera de la evolución humana. El último participante del que hablamos fue del ardipithecus ramidus, el famoso hominina. Antes de este, habíamos hablado de los primeros hominina que “se echaron a correr” en esta competición: el Sahelanthropus tchadensis, el Orrorin tugenensis y el Ardipithecus kadabba.

Sabemos que estas especies se hallan en una “competición teórica” que todavía no ha arrojado el resultado claro de cuál de ellas fue el primer hominina, es decir, la primera especie a incluir en la rama evolutuiva de los primates que condujo hacia los humanos escindiéndose de la rama de los panina, es decir, la que condujo hacia los chimpancés y bonobos actuales. El Sahelanthropus tchadensis y el Orrorin tugenensis son las dos especies que más enfrentamiento despiertan sobre su inclusión o no en nuestra rama. En torno a ambos Ardipithecus parece existir mayor consenso sobre su pertenencia a los hominina.

El siguiente paso en la carrera implica cambiar de género. Nos vamos a por el primer Australopithecus que aparece en la carrera: el australopithecus anamensis.

¿Qué es ser un Australopithecus?

La primera pregunta que puede surgir en este punto es: ¿qué es ser un Australopithecus en comparación con un Ardipithecus? En primer lugar cabe aclarar que Australopithecus y Ardipithecus son géneros que engloban a diferentes especies. En el caso de los Ardipithecus hemos conocido a las especies Ardipithecus kadabba y Ardipithecus ramidus. En el caso de los Australopithecus vamos a conocer aquí a los anamensis y próximamente conoceremos a los afarensis, garhi, africanus y sediba.

Los Australopithecus son un género más moderno de primates que los Ardipithecus, de los que se consideran sucesores. Los principales rasgos distintivos de este género en comparación con otros hominina (o posibles hominina) se encuentran en su cráneo y en la dentadura. Los Australopithecus contaban con una capacidad craneal mayor, de unos 500 cm3 frente a los 300 cm3 de los Ardipithecus. Los Australopithecus ya se consideran completamente bípedos gracias a la posición de su foramen magno (el “hueco” por el que la médula espinal conecta con el encéfalo en el cráneo) y huesos de piernas hallados, a diferencia de los Ardipithecus, que se piensa que presentaban la capacidad de caminar bípedamente pero combinándola con desplazamientos a cuatro patas. En cuanto a su dentadura, este género presentaba colmillos pequeños en comparación con sus antecesores y con monos modernos.

Los Australopithecus son el género considerado directamente antecesor del género Homo, es decir, del género que engloba a nuestra especie: el Homo sapiens.

¿Cómo era el Australopithecus anamensis?

Esta especie concreta de Australopithecus, el Australopithecus anamensis, existió hace 4 millones de años en África. Los registros fósiles de Australopithecus anamensis fueron hallados en el norte de Kenia y alrededores. Se piensa que estos individuos debieron de tener el tamaño aproximado de un chimpancé, aunque presentaban un marcado dimorfismo sexual. Los machos de Australopithecus anamensis eran bastante más grandes que las hembras, lo que puede sugerir algunos rasgos de su comportamiento sexual: que ellos debían competir entre sí por el acceso sexual a ellas.

Su dentadura presentaba también características peculiares: sus mandíbulas eran estrechas pero fuertes y sus dientes muy esmaltados y duros, lo que sugiere que, además de alimentarse con plantas, frutas y tubérculos, también lo hacían con nueces y otros tipos de semillas que requerían potentes mandíbulas para machacar.

En cuanto a su locomoción, el Australopithecus anamensis puede considerarse bípedo debido a la combinación de rasgos monos y humanos. El extremo superior de la tibia (unión con la rodilla) y la unión con el tobillo es muy similar al de los humanos actuales, indicando la capacidad de soportar el peso del cuerpo (el suyo de unos 45-55 kilogramos) en una única pierna para caminar erguido de manera regular. Uno de los fósiles más esclarecedores sobre el tipo de locomoción del Australopithecus anamensis es el fósil KNM-KP 29285. Este fósil de una tibia de a. anamensis muestra un extremo superior (unión con la rodilla) cóncavo, lo que indica que existió una fricción considerable entre ambos huesos como la que se consigue con el desplazamiento bípedo regular. También muestra una unión con el tobillo más gruesa y amplia, preparada para absorber el impacto del desplazamiento bípedo.

A pesar de ello, fósiles de mano y muñeca del Australopithecus anamensis parecen indicar que estaba, además, muy capacitado para trepar árboles y moverse por ellos. ¡Mira que nos costó abandonar los árboles!

El entorno en que vivían los Australopithecus anamensis debía de ser boscoso, en grandes zonas vegetales que crecían en torno a los lagos. De aquí el nombre de la especie: anam significa “lago” en la lengua del pueblo turkana originario de Kenia.

Lee más en Smithsonian y en Encyclopaedia of Human Evolution and Prehistory (p. 114)

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