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Durante siglos de arte el ser humano ha perseguido e intentado recrear y comprender multitud de conceptos. Uno de los más perseguidos ha sido la belleza. ¿Qué es la belleza? ¿Por qué nos atrae “lo bello”, sea lo que sea? ¿Es un concepto constante o, en cambio, varía según la época? ¿Cómo se relacionan belleza y cerebro?

Algunas de estas preguntas sobre belleza y cerebro han sido objetivo de la neurociencia y de multitud de estudios. Hoy nos centramos en uno emprendido por Giacomo Rizzolatti, Cinzia Di Dio y Emiliano Macaluso, del departamento de neurociencia de la Universidad de Parma, que, como italianos, decidieron buscar la respuesta cerebral de espectadores ante esculturas clásicas del renacimiento, consideradas como la representación normativa de belleza en Occidente, para tratar de conocer lo que subyace a la experiencia de la belleza. ¿Hay una base biológica, objetiva, de la experiencia de la belleza en el arte o es, en cambio, algo completamente subjetivo? ¿Cómo se relaciona belleza y cerebro?

Esta fue la pregunta principal que guió el estudio. ¿Cada una de las siguientes estatuas genera una actividad diferente en tu cerebro o no existe una actividad diferencial según se respeten o no las proporciones “normativas” de la belleza occidental?

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Utilizaron como variable independiente la proporción de las estatuas, produciendo, así, dos tipos de estímulos: las estatuas originales (proporción respetada basada en el número aúreo, en el centro) y las estatuas modificadas (proporción no respetada, derecha e izquierda).

Para examinar diferentes posibles relaciones entre belleza y cerebro pusieron a los sujetos en tres condiciones: observación simple, juicio estético y juicio de proporciones. En la observación simple, los sujetos debieron mirar las estatuas de la misma forma que si estuvieran en un museo. En el juicio estético debieron juzgar a las estatuas como bonitas o feas y en el juicio de proporción debieron juzgar la proporción de las mismas.

Belleza y cerebro: ¿qué se activa en nuestro cerebro?

Los resultados fueron llamativos:

belleza y cerebro

Se obtuvo una mayor activación de la corteza insular derecha en la condición de observación simple.

La observación de las estatuas sin modificar, tal cual fueron creadas en el Renacimiento, generó una fuerte activación del lóbulo insular derecho. Este efecto fue particularmente potente durante la condición de observación simple (sin emisión de juicios). ¿Qué mecanismos activaron de esta manera el lóbulo insular derecho? Este lóbulo se haya estrechamente conectado con estructuras límbicas asociadas a funciones autónomas, por lo que se piensa que desempeña un papel importante en sustentar estados emocionales.

También recibe aferencias de áreas prefrontales dedicadas al procesamiento de las formas que se perciben, por lo que en este experimento se concluyó que la alta activación insular era debida a la existencia de grupos neuronales en estas áreas prefrontales que responden preferentemente a la proporción respetada que se percibe en las estatuas y que envían sus señales al lóbulo insular.

Por otro lado, en la condición de juicio bonita-fea, cuando las estatuas fueron juzgadas como bonitas el correlato visible fue la activación de la amígdala derecha. Este conjunto de núcleos subcorticales está asociado a la elicitación de emociones tanto positivas como negativas, en nosotros los humanos y en el resto de mamíferos

Cuando las estatuas fueron juzgadas como feas, en cambio, se obtuvo un inesperado crecimiento de la activación del área somatomotora (este área tiene que ver con el control y percepción del movimiento pero las escenas que presenciaban los sujetos no eran dinámicas) así como una llamativa disminución de la activación del córtex orbitofrontal (la parte cortical que queda encima de tus ojos). Este área ha sido asociada a la capacidad de controlar el comportamiento en situaciones irritantes o molestas (te sonará que en el famoso caso de Phineas Gage fue dañada esta parte de la corteza), por lo que se considera que la activación somatomotora se trata de una respuesta encubridora de “comportamiento correcto” ante la percepción no agradable.

belleza y cerebro¿Hay, entonces, una belleza objetiva?

Existen diferencias evidentens entre lo que cada individuo considera bello, por tanto defender a ultranza una experiencia única y global de belleza sería insostenible. No obstante, se hace evidente, y necesaria, la existencia de un sustrato fisiológico para la experiencia de belleza. Podemos decir que la relación entre belleza y cerebro, al menos de este tipo, la renacentista, consiste en una activación insular de determinadas cualidades en unión con la activación de otras poblaciones neuronales dedicadas al procesamiento de determinados atributos del estímulo (en este caso, la proporción aúrea) y de emociones.

Lo más importante del estudio es el tipo de estímulos utilizados: estatuas cuyas características eran las mismas excepto la proporción. No obstante, ¿esto permite establecer una relación clara entre belleza y cerebro con la activación de la ínsula y la belleza “objetiva”? La respuesta diferencial en el experimento se obtuvo variando la proporción. ¿Variar la proporción significa variar la belleza o se trata esto de una concepción cultural según la cual belleza y proporción están relacionadas? ¿Soportaría este estudio sobre belleza y cerebro una revisión transcultural? ¿Se trata de una respuesta completamente “limpia” de experiencias de aprendizaje o se nos ha enseñado a percibir este tipo de belleza renacentista? Y otra cuestión importante: en el estudio se postula la existencia de estructuras que responden preferentemente a las figuras que guardan proporción aúrea. ¿Qué sentido evolutivo puede tener esto? ¿Se trata de algo seleccionado para nuestra especie o, por contra, se trata de un accesorio otorgado por la inmensa complejidad de nuestro cerebro?

Lee más en  ”The Golden Beauty: Brain Response to Classical and Renaissance Sculptures

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