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Ceguera inatencionalLa ceguera inatencional es uno de los fenómenos psicológicos que más cala en el público. Parte de la culpa de ello la tienen psicólogos y divulgadores que se divierten con la cara de asombro de todos aquellos a los que muestran esta curiosa forma de ceguera por primera vez. No les reprochamos este comportamiento. Es cierto que el efecto que tiene en el público es sorprendente.

Antes de que leas la definición de ceguera inatencional, si desconoces “de qué va” todo esto, vas a descubrirla por ti mismo.

Ejercicios para descubrir la ceguera inatencional

Para ello, vamos a echar mano de este anuncio del consorcio de transportes de Londres que te reta a una cosa: contar el número de pases de balón que da el equipo que viste de blanco.

Repitamos la pregunta que introducen a mitad del vídeo: ¿te diste cuenta del hombre vestido de oso que cruza la escena y hace moonwalking?

Lo que acabas de visualizar es el ejercicio clásico para “sacar a la luz” la ceguera inatencional. No te sientas mal si no viste algo tan llamativo. Si desconocías el fenómeno, era muy complicado que vieses al oso.

Ahora que empiezas a intuir de qué va esto de la ceguera inatencional, vamos con otro ejercicio. Esta vez nos lo propone National Geographic, y consiste en contar cuántos saltos dan a la comba en total  las dos chicas que visten de verde. Páralo en el minuto 1:25 si no te quieres “spoilear” la sorpresa.

No te han vuelto a pillar, ¿verdad? Tu cerebro ahora estaba de alguna forma esperando ver a alguna extraña figura pasando por el fondo, así que esa enorme gallina que atravesó la escena no escapó a tu consciencia. Pero la gallina no nos interesa ahora. Lo que sí nos interesa es saber si eres capaz de responder a esto: ¿de qué color es el fondo del escenario en que ha ocurrido el ejercicio? ¡No vale mirar!

Tampoco te enfades ahora. Tu cerebro estaba atento a contar el número de saltos de las chicas de verde y a la vez registrando el fondo, quizás con la visión periférica, para vigilar una esperada figura similar al hombre vestido de oso, para que “no te la volvieran a dar con queso”. Es normal que, por ello, tu cerebro haya omitido pasar a la información sobre el fondo de la escena a la consciencia y hayas sido incapaz de ver que, en realidad, el color del fondo cambiaba continuamente.

Vamos con un último ejercicio. Seguro que ahora lo cazas todo a la primera. Esta vez no tienes que contar nada: simplemente tienes que seguir muy de cerca este truco de magia.

¿Qué? ¿Te han vuelto a pillar? No pasa nada. Es normal. Debido a los ejercicios anteriores, seguramente estabas esperando algo extraño en el fondo de la escena y no que el cambio fuese a ocurrir en los protagonistas de la escena, justo delante de tus propias narices y con cosas tan grandes como una persona completa. Es normal haber ignorado el color del pañuelo del mago, el cuello de la camisa del mago y los rasgos faciales del ayudante. Lo que importaban en el vídeo eran las manos habilidosas del mago (y estar ligeramente con la antena puesta en el fondo no fuese a pasar otra persona vestida de oso), ¿verdad?

Puede que a estas alturas hayas podido concluir algo acerca de la ceguera inatencional: no, tu cerebro no puede registrar todos y cada uno de los detalles de una escena. Tu cerebro sólo atiende a “lo importante”. 

Qué es la ceguera inatencional

Ceguera inatencionalUna vez que has experimentado la ceguera inatencional puede que la definición te sobre, pero era necesario invertir el “orden normal” de una exposición para conservar el efecto. Lo típico habría sido comenzar con la definición del fenómeno y luego plantear una serie de ejemplos, pero si hubieras encarado los ejercicios conociendo el quid de la cuestión te habrían resultado mucho más aburridos y mucho menos sorprendentes.

Podemos definir la ceguera inatencional como el fenómeno psicológico que emerge debido a que se están destinando recursos cerebrales a una tarea concreta y que limita el acceso a la consciencia de información sensorial no relevante para dicha tarea. Con acceso a la consciencia referimos a la conversión de una información percibida en algo enunciable y rememorable por el sujeto.

En la ceguera inatencional, por tanto, se relacionan dos conceptos abstractos de enorme calado para comprender las capacidades humanas: la atención y la consciencia.

Con el término atención tratamos de identificar a esa habilidad para enfocar recursos perceptivos y mentales (visuales, auditivos, táctiles, de cálculo, de razonamiento, etc.) en algo concreto de nuestra escena perceptiva (todo lo que vemos, oímos, tocamos, sentimos de nuestro propio cuerpo, etc.) o mental (todo eso que está “flotando” perpetuamente dentro de nuestras cabezas). Es “eso” que actúa a modo de embudo o tamiz que permite desechar aquello en lo que no estamos actualmente interesados, sea activa o pasivamente.

Quizás note el lector que para definir atención se están empleando términos poco precisos y muy metafóricos (embudo, tamiz…). Lo cierto es que la atención es un auténtico quebradero de cabeza para los neurocientíficos y psicólogos (y lo lleva siendo durante varias décadas), debido a que, a pesar de llevar muchos años ya tratando de comprender esta “habilidad, aún no sabemos muy bien cómo definirla.

Ceguera inatencional

La consciencia, por contra, podríamos definirla como “el cubo al que cae la información tamizada o que ha sido capaz de atravesar el embudo”. Es aquella información de la que somos capaces de informar y que podemos manejar mental y/o verbalmente, como el número de saltos que han dado las chicas de verde o el número de pases que se han dado los miembros del equipo blanco.

La ceguera inatencional es, por tanto, lo que adviene como consecuencia de ese proceso de tamizado/pase por un embudo. La ceguera inatencional refiere a todo aquello que no percibimos de la escena estimular externa (o interna), a todo aquello que queda fuera de lo que la atención “caza” para la consciencia.

Cabe hacer una puntualización: la ceguera inatencional no es un fenómeno que ocurra únicamente en ejercicios como los mostrados arriba, sino que es algo que nos acompaña durante nuestras vidas. Ahora mismo que te hallas leyendo estas líneas, estás siendo “ciego” para multitud de estímulos que están bombardeando tu organismo. Si estuvieses leyendo esto en un entorno desconocido en lugar de en tu casa o en tu trabajo o escuela y al salir del lugar alguien te preguntara sobre si la pared que se encontraba tras la pantalla del ordenador era lisa o tenía gotelé (quizás ahora hallas “enfocado” algo de atención hacia este accesorio detalle de la pared), seguramente fueses incapaz de responder: tu cerebro no registró esa información irrelevante a pesar de que tus ojos estuvieron “bañados” por esas paredes todo el rato que estuviste leyendo frente a la pantalla.

¿Por qué ocurre todo esto? Piensa que el cerebro es una máquina muy potente pero de capacidad limitada. Si no dispusiésemos de esta “habilidad para ignorar” acabaríamos probablemente agotados y con la cabeza llena de información inútil para nuestros propósitos.

Las reglas de la ceguera inatencional

La similitud del estímulo “intruso” y el estímulo al que se está atendiendo influye en el nivel de ceguera inatencional que éste es capaz de producir

Ceguera inatencional

Un ayudante disfrazado de esta guisa fue el estímulo que emplearon los experimentos pioneros de Christopher Chabris y Dan Simons sobre ceguera inatencional. ¿Cómo podía pasar desapercibido?

Eso sí, nuestro cerebro no es bobo, y el que quiera engañarlo con el “truco” de la ceguera inatencional debe seguir algunas reglas. Si eres un lector avispado, puede que hallas fruncido un poco el ceño ante el primer ejercicio que hemos hecho, el de contar cuántos pases dan las personas vestidas de blanco y el hombre vestido de oso, y planteado la siguiente duda: el oso era de un color oscuro, un color muy similar al del equipo cuyos pases debíamos ignorar. ¿Habrías sido “igual de ciego” si el oso hubiese ido de blanco?

En un estudio similar pero en donde el intruso era un hombre vestido de gorila*, los investigadores se dieron cuenta de que, si ordenaban a los participantes contar los pases del equipo vestido de negro, un 58% veía al gorila, mientras que si ordenaban que siguiesen al equipo blanco, sólo un 27% de sujetos veía al gorila. Es decir, el grado en que el estímulo “intruso” o sorprendente se parece al estímulo que nosotros estamos atendiendo determina parte de nuestra capacidad para detectarlo.

La saliencia del estímulo “intruso” influye en el nivel de ceguera inatencional

¿Y si el estímulo intruso no fuese ni parecido al estímulo que debemos seguir ni al que debemos ignorar? Es decir, si en el vídeo de los jugadores de baloncesto el hombre-oso no hubiese ido vestido con un disfraz oscuro sino con un disfraz de colores chillones, ¿lo habríamos visto? Esta cualidad del estímulo se denomina saliencia y sí tiene algo que decir en el fenómeno de ceguera inatencional. De hecho, hemos experimentado un ejemplo: en el vídeo de los chicos saltando a la cuerda, el intruso iba vestido de una gallina blanca y enorme que no se correspondía con la forma ni los colores de ninguno de los saltadores. Seguramente la habrías visto aún sin haber estado “alertado” por el resultado del ejercicio anterior y el hombre vestido de oso que te pusieron en preaviso de que, quizás, algo extraño iba a pasar por el fondo mientras tú estabas atendiendo a la tarea.

Ceguera inatencionalLa saliencia del estímulo sí determina parte de su capacidad para llamar la atención. Si el estímulo intruso resulta muy diferente al resto que pulula por la escena, es más probable que lo veamos. Esto, que parece de cajón, ha sido comprobado experimentalmente con un ejercicio en que se pidió a los participantes que siguiesen los movimientos de unas fichas estilo tetris de color de negro, gris o blanco. En mitad de la prueba, una cruz roja atravesaba la escena. Al término de la misma, los investigadores preguntaron a sus participantes si habían visto la cruz roja. Un 71% de ellos afirmó haberla visto. No obstante, esta cifra nos deja un resultado complementario que no deja de ser fascinante: casi un 30% de los sujetos no vio una brillante cruz roja que atravesaba la escena.

La ceguera inatencional no depende del lugar de fijación de la mirada sino del lugar de “fijación” de la atención.

Ceguera inatencionalPuede que otra duda que te haya surgido viendo los ejercicios es la siguiente: a lo mejor no viste al hombre vestido de oso o no te diste cuenta del resto de información omitida porque tus fóveas, es decir, la parte central de las retinas que solemos fijar en la información relevante porque nos permite ver con nitidez, estaban ocupadas siguiendo al balón o los saltos de las chicas de verde. Quizás has “sido ciego” al resto de estímulos porque no los estabas percibiendo con la fóvea sino con la visión periférica.

Pues no. No importa si el estímulo al que somos ciegos está en la fóvea o en la periferia de la retina. Un equipo de investigadores logró discernir esto ordenando a sus sujetos que mirasen fijamente a una cruz en las pantallas de test pero que atendiesen a un estímulo que estaba en su rango de visión periférica. Aproximadamente un 75% de los participantes no fue consciente de que sobre la cruz en la que estaban fijas sus fóveas había aparecido un estímulo nuevo.

Los peligros de la ceguera inatencional

Una pregunta que deriva de conocer este curioso fenómeno psicológico es la siguiente: ¿puede conllevar algún peligro esta falta de percepción de aquello a lo que nuestro cerebro no está atendiendo? Un curioso estudio, The Invisible Gorilla Strikes Again: Sustained Inattentional Blindness in Expert Observers, se llevó esta pregunta al ámbito de la salud y testó si la silueta de un gorila* insertada en una radiografía de tórax pasaría inadvertida a ojos de expertos radiólogos. La respuesta es que el 83% de los radiólogos no vio el “cuerpo extraño” en la radiografía al estar absortos en una tarea de identificar nódulos pulmonares.

Ceguera inatencional

El gorila insertado en las radiografías del estudio.

Los resultados de estudio, como bien advierten sus autores, no pretenden tachar de negligente a este grupo de expertos. El ánimo es hacer notar que incluso los que son expertos en una tarea “no están inmunizados contra las limitaciones inherentes de la atención y percepción humana”. También piden a los investigadores que ayuden a mejorar la comprensión de estos límites para evitar que aquellos profesionales de cuya habilidad atencional y perceptiva dependan las vidas de muchos caigan en estos errores más que humanos.

Qué nos puede enseñar la ceguera inatencional

Este pequeño “fallo” de nuestra naturaleza es aprovechado por psicólogos y neurocientíficos para estudiar, entre otras cosas, precisamente esos dos constructos de difícil aprehensión que hemos mencionado: la atención, la consciencia y cómo se relacionan. Existen multitud de modelos teóricos sobre la atención y la consciencia, pero actualmente prosigue un complicado debate acerca de si la atención es condición sine qua non para la consciencia. Es decir, ¿podemos ser conscientes de algo que no hemos atendido pero que hemos tenido delante de nuestras narices?

Ceguera inatencional

Diversos estudios utilizan ejercicios en donde se “pone a prueba” la ceguera inatencional de los participantes para testar si, a pesar de que “no saben” que un cierto estímulo ha estado en su escena visual por estar atendiendo a otros puntos, esta “mera presencia” es capaz de permitir el acceso del estímulo a la consciencia de estos “ignorantes” sujetos. La evidencia sigue siendo confusa: algunos resultados defienden que la atención es necesaria para la existencia de consciencia, al menos de ese tipo de consciencia que nos permite informar sobre lo que hemos experimentado (consciencia de acceso) y que se halla aparte de la consciencia fenomenológica (o la consciencia de que hemos experimentado algo, por ejemplo, que algo ha estado frente a nuestras retinas, aunque no sepamos informar sobre qué ha sido eso). No obstante, otros investigadores defienden con sus resultados que esto no es así.

La ceguera inatencional es un fenómeno que nos ayuda también a investigar esa “oscura barrera” entre lo consciente y lo inconsciente y cómo información a la que somos atencionalmente ciegos puede interferir en el procesamiento consciente. Muestra de ello, por ejemplo, son los experimentos llevados a cabo por Robert Schnuerch y sus colegas de la Universidad de Bonn y Colonia. Encontraron que, en una tarea de clasificación de estímulos, los sujetos tardaban más tiempo en clasificar un estímulo atendido si en la parte no atendida de la escena visual se mostraban estímulos de naturaleza contraria al objetivo. Estos resultados van en consonancia con otros muchos hallados empleando ejercicios diferentes y que muestran que el procesamiento inconsciente de información existe y que este “salpica” al consciente de manera sostenida.

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*El estímulo tuvo forma de gorila a modo de homenaje al estudio pionero sobre ceguera inatencional realizado por Christopher Chabris y Dan Simons en el cual emplearon como “intruso” a un hombre disfrazado de gorila. Sus hallazgos adquirieron fama y la atención del público, materializándose posteriormente en el libro divulgativo “The Invisible Gorilla“.

Fuentes:

No iconic memory without attention

Not quite so blind: Semantic processing despite inattentional blindness.

How not to be seen: the contribution of similarity and selective ignoring to sustained inattentional blindness.

The Invisible Gorilla Strikes Again: Sustained Inattentional Blindness in Expert Observers

 

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