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sistema-inmuneDía a día el organismo del ser humano se expone a sustancias que no harían ningún bien a nuestro cuerpo si nada les impidiese estar ahí. Por suerte, hace aproximadamente 300 millones de años apareció en los organismos una especie de protector universal: el Complejo Mayor de Histocompatibilidad, que en el ser humano recibe el nombre de Antigénico Leucocitario Humano, aunque está presente en especies tan dispares como la perca amarilla, delfines, jirafas…

125px-Chromosome_6.svgEl CMH es un conjunto de unos 100 genes localizados en el cromosoma 6. Su función es codificar (generar a partir de la información de estos fragmentos de ADN) las proteínas CMH. Estas proteínas tienen una función importantísima: nada más y nada menos que “marcar” las células de nuestro cuerpo para definirlas como del propio cuerpo. La presencia de estas proteínas en nuestras células, simplificando mucho, hace que nuestro sistema inmunitario no actúe contra ellas y actúe contra los agentes extraños, esto es, las células que no están marcadas.

El CMH es un conjunto de genes del ser humano que se expresa de forma codominante. ¿Esto qué quiere decir? Quiere decir que estas proteínas que codificamos a partir de estos genes dependen tanto de la herencia paterna como materna. Nuestras proteínas CMH, al contrario que otros rasgos determinados por los genes de un único progenitor (estos genes se expresan de forma dominante-recesiva), dependen de la información recibida de nuestro padre y de nuestra madre. En términos de combinatoria, esto significa que un ser humano puede tener unas proteínas CMH muy diferentes a las de su vecino. Depende de cómo los 100 genes adquiridos de su padre se hayan combinado con los 100 genes adquiridos de su madre.

mhc-bEsta enorme variabilidad de resultados que codifica el Complejo Mayor de Histocompatibilidad lo convierte en una forma de protección mucho más segura, pero también es la pesadilla de la medicina moderna: esta diferencia de un ser humano a otro en las proteínas CMH es la raíz de los problemas de incompatibilidad de donantes, de rechazo de miembros implantados y un problema para el desarrollo de terapias con células madre.

Este protector milenario, aunque parece limitado al plano biológico, por supuesto, dado que la mente es biológica, también afecta a nuestra cognición. Piensa en las enfermedades mentales que tienen origen autoinmune, como se sospecha en la esquizofrenia o en el trastorno bipolar. También ocurre en dirección contraria, como comentamos en “¿Por qué el buen humor ayuda a los enfermos?“.

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