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Esto se trata de una anécdota más de la naturaleza para entender cómo la Selección Natural ejerce su presión en el desarrollo del cerebro, tanto del ser humano como del resto de las especies que disponen de uno.

frutaLos primates que en estado natural mantienen una dieta a base de fruta (son frugívoros) tienen un encéfalo significativamente y proporcionalmente mayor que los primates que se alimentan a base de hojas (folívoros). Este hecho ha sido considerado por los estudiosos de la evolución como otra muestra más de la presión ejercida por esa fuerza invisible pero omnipresente denominada Selección Natural y sirve para entender que lo que selecciona un tamaño proporcional mayor de cerebro para una especie es la necesidad de manejar grandes cantidades de información. ¿Pero qué pasa concretamente con la fruta para que esto sea así? ¿Qué tiene que ver la fruta con nuestro cerebro?

Parece ser que la razón reside en que para los frugívoros procurarse alimento es más complejo que para los monos que comen hojas. Las frutas crecen en diferentes estaciones del año, hay que saber controlar cuándo está madura y es comestible para arrancarla del árbol sin desperdiciarla. También hay que saber sacarla de su cáscara, saber qué árboles dan qué fruta en qué estación, hay que recordar dónde están, etc. Aunque los folívoros también deben ejecutar algunas de estas tareas, para que la alimentación de un frugívoro sea exitosa es necesario controlar mayor volumen de información y tener unos circuitos más complejos para procesar la información sensorial.

Así, la Selección Natural empujó el desarrollo del encéfalo. Los monos frugívoros que no “tuvieron la suerte” de contar con este encéfalo evolucionado compitieron con una peor “herramienta” contra sus hermanos frugívoros evolucionados. Tuvieron peor y menor acceso a la fruta, y por ello seguramente perecieron poco a poco hasta que sólo quedaron monos frugívoros con encéfalo grande.

Un ejemplo es la diferencia en el tamaño cerebral entre los monos araña (frugívoros) y los monos aulladores (folívoros). En los primeros, a pesar de ser menos corpulentos, el tamaño del encéfalo es proporcionalmente mayor. Nótese la palabra proporcionalmente. Hay muchas especies con encéfalos mayores que el del ser humano, no obstante, lo que cuenta en cuanto a complejidad es el tamaño proporcional. El ser humano es la especie con el cerebro más grande del que le correspondería por tamaño total de cuerpo.

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La necesidad de controlar mayor volumen de información y procesarla de forma compleja seleccionó los cerebros más grandes. En el caso del ser humano, nuestra necesidad de utilizar herramientas para protegernos, gestionar grupos sociales grandes, formar estrategias para cazar y comunicarnos fue decisivo para que nuestro encéfalo fuese seleccionado para ser tan complejo como es.

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