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child HeadNuestra memoria es importante. De algún modo sabemos que sin memoria perderíamos buena parte de lo que somos. Tenemos esa idea de la memoria como si se tratase del almacén de nuestras experiencias, “el bagaje de nuestra vida”. Sabemos, también, que la memoria es un concepto bastante abstracto. Hemos hablado en “Potenciación a Largo Plazo: ¿Qué hay tras la memoria y el aprendizaje?” de que a nivel neurológico memoria y aprendizaje parecen tratarse del mismo proceso. Pero la memoria, como concepto que manejamos a diario, tiene sus acotaciones. Sin duda disponemos de memorias, recuerdos, y somos capaces de “alcanzarlos” y de “revivirlos”. También sabemos que es “eso” que nos hace la puñeta cuando tratamos de recordar un número de teléfono o “eso” que a veces falla en los exámenes. Cuando hablamos de memoria parece que sabemos a qué nos referimos.
¿Qué cosas de la memoria conoces y desconoces? ¿Cómo funciona? ¿La memoria es un lugar de nuestro cerebro? ¿Dónde está la memoria?

Vamos a conocer un poco más a este proceso tan necesario para el ser humano (aunque aún tan desconocido).

cambio_en_la_empresa¿Qué es memoria?

Hemos hablado de que, si nos preguntan, somos capaces de dar una respuesta sobre lo que es la memoria. El problema es que el concepto de memoria abarca mucho más que lo que abarca eso a lo que nos referimos en el lenguaje cotidiano. La memoria, para cualquier persona, son sus recuerdos, sus vivencias. Solemos desconocer que estas memorias de las que hablamos son tan sólo una parte de lo que se considera memoria en Psicología, Neurociencia y otras ramas dedicadas del saber.

La consideración más extendida de la memoria divide al proceso en dos grandes áreas: la memoria explícita y la memoria implícita. La memoria explícita hace referencia a toda la memoria a la que podemos acceder de manera consciente y por voluntad. A esta pertenecen, por ejemplo, los recuerdos de nuestra vida o las capitales de los países de Europa. Accedemos a ella de manera relativamente lenta (cuesta un cierto esfuerzo mental recordar en dependencia de lo que deseemos recordar), pero somos capaces de acceder a ella de manera adaptativa y flexible.

133bicicleta31Por otro lado tenemos la memoria implícita. Esta es la memoria que hace referencia más bien a nuestra capacidad de proceder (y es la que, quizás, en el lenguaje cotidiano se confunde más con el aprendizaje), a nuestra habilidad poniendo en práctica algo. Por ejemplo, a esta memoria pertenece nuestra capacidad para montar en bicicleta o jugar al fútbol con cierta habilidad. No podemos acceder de manera consciente a ella. No podemos, por ejemplo, acceder a nuestro recuerdo explícito de “saber montar en bici”. Podemos acercarnos a él de manera indirecta a través del recuerdo explícito de experiencias asociadas a la tarea: sabemos que sabemos montar en bicicleta porque podemos recordar tardes que hayamos pasado montando en bicicleta o recordar cómo aprendimos a montar en bicicleta, pero sólo podemos acceder a esa “sabiduría procedimental” subiéndonos a una bicicleta y poniéndola en práctica una vez más. Esta memoria cabe entenderla más bien como una “facilitación” (priming) que ocurrre por la simple práctica (volutiva o no volutiva) o percepción de una actividad o estímulo. Un ejemplo de esta forma de memoria la examinamos en “¿Tenemos memoria fuera de nuestro cerebro?

La memoria puede entenderse, pues, como cualquier cambio que ocurre en el individuo debido a la experiencia y que permanece con el conocimiento implícito o explícito del individuo mediando actuaciones posteriores ante el mismo o diferente estímulo o situación.

Núcleo caudado (en verde) e hipocampo (en amarillo)¿Dónde está la memoria?

Aunque se reconocer diversas estructuras cerebrales de importancia básica para la memoria, no es del todo acertado hablar de la memoria como un almacén, no al menos como la concepción que tenemos de almacén de lugar (espacio limitado) donde se van metiendo cosas en cierto orden y van quedando allí hasta que son requeridos y devueltos a su lugar. Sabemos que hay estructuras importantes pero también sabemos que la importancia de estas estructuras en el proceso de memorización y recuperación depende del momento. Por ejemplo, sabemos que a la hora de aprender a hacer algo (esto es, memorizar de manera implícita un proceso) en un primer momento interviene de manera activa la corteza prefrontal hasta que, a medida que vamos aprendiendo a hacer esa tarea, el procesamiento se desplaza a los ganglios basales y cerebelo, “liberando” así a la corteza prefrontal del procesamiento. En este “cambio de procesador” parece que reside nuestra ganancia de habilidad: por ejemplo, cuando aprendemos a escribir con un teclado necesitamos concentrarnos en el proceso, pero una vez que sabemos hacerlo podemos escribir mientras miramos a otra pantalla o mientras escuchamos música o cantamos sin grandes complicaciones.

También disponemos de este tipo de memoria, si acaso en su forma más sencilla, más similar a una “facilitación simple” fuera de nuestro cerebro como ya vimos.

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Ganglios basales

Pero esto que acabamos de decir parece que atañe sobretodo a la memoria implícita. ¿Dónde “está” la memoria explícita? ¿Dónde “guardamos” nuestros recuerdos o los conceptos del lenguaje? Aunque todavía tratamos de comprender la totalidad de las bases neurológicas de la memoria, sabemos que el hipocampo y buena parte de la corteza temporal del cerebro intervienen tanto en la formación como en la recuperación de la información. Sabemos que la falta de estas estructuras o su malfuncionamiento está detrás de la temida amnesia, tanto de la que nos impide recordar sucesos pasados (amnesia retrógrada) como la que nos impide formar nuevas memorias (amnesia anterógrada) . Sabemos, también, que este área es especialmente activa en la potenciación a largo plazo, cosa que, además, la hace especialmente vulnerable a la apoptosis por intoxicación de calcio. Es decir, que la propia capacidad para “formar memoria” hace vulnerables a nuestras memorias.

Como hemos señalado, sólo hemos empezado a arañar la superficie del estudio neurológico de la memoria, pero parece ser que el hipocampo ejerce como una especie de “índice” durante la formación y recuperación de las memorias. También las investigaciones parecen sugerir que no existen asambleas neuronales o neuronas dedicadas a un recuerdo (un lugar, un recuerdo) sino que asambleas neuronales codifican una variedad de información relacionada de algún modo, como la categoría o el tipo, y que su recuperación depende de la elicitación de secuencias de potenciales de acción concretas (un lugar, varios recuerdos). Evidencia de este “almacén multidimensional” en nuestras neuronas la encontramos en un trastornos del lenguaje denominado anomia de tipo selectivo en el que la persona, debido a un daño cerebral en regiones concretas, generalmente por ictus, pierde la capacidad de nombrar ciertos tipos de cosas específicas, por ejemplo, animales.

 

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