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Este brazo biónico supone un nuevo hito tanto para la robótica como para la neurociencia: por primera vez en la historia, una persona con un miembro amputado tiene capacidad táctil con su prótesis.

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Para recuperar la capacidad táctil del paciente, el equipo del Instituto Tecnológico Suizo en Lausana implantó microelectrodos dentro del nervio cubital y mediano del brazo izquierdo. Estos nervios reciben información sensitiva de las manos y dedos. Pero claro, el paciente, al haber perdido su mano, perdió también los sensores táctiles. Para solucionarlo, el equipo añadió sensores de presión a la mano biónica y los conectaron con los microelectrodos implantados en los nervios. Así, al tocar algo, los sensores de presión se activan, envían la señal eléctrica a través de los cables, activan los microelectrodos y estos, a su vez, activan los nervios del mismo modo que harían las neuronas perdidas. La información viaja a la corteza somatosensitiva cerebral, en donde se genera la sensación táctica. Una perfecta imitación tecnológica (con sus limitaciones) de la “máquina natural” que es nuestro cuerpo. Los sensores de la mano biónica están calibrados de modo que el paciente puede sentir un amplio rango de sensaciones, desde el ligero tacto a una presión fuerte.

¿Los retos? La durabilidad de los sensores, la búsqueda de microelectrodos que permitan estimular las fibras nerviosas individualmente (los que utilizaron estimulan varias fibras a la vez, lo que reduce la “fiabilidad” de la sensación) y, por supuesto, ampliar el tipo de receptores de modo que también pueda percibir la temperatura.

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