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Portada de TIME Magazine del 30 de Noviembre de 1970.

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los profesionales de los trastornos mentales, los psiquiatras, es la naturaleza misma del campo que investigan. Aunque resultaría impropio decir que los fenómenos mentales no tienen un correlato fisiológico concreto y que estos profesionales se enfrentan a algo invisible y subjetivo, sí es acertado decir que todavía no disponemos de técnicas ni herramientas que nos permitan hacer diagnósticos a partir de observaciones y análisis fructíferos para todos los trastornos.

Los problemas de la psiquiatría y psicología

Así, por ejemplo, podemos averiguar gracias a un análisis de sangre que un cuerpo se encuentra enfermo, pero no existe un método similar para muchas “enfermedades de la mente”. Aunque la mente sea un producto de la biología, se trata de un producto demasiado complejo y en el que intervienen demasiadas variables para los métodos de exploración de que disponemos en la actualidad (de momento). Podemos averiguar si tales o cuales sustancias que intervienen en la experiencia subjetiva, como las hormonas o los neurotransmisores, están dentro de los parámetros normales para tal o cual experiencia subjetiva (tal es el caso de las depresiones), pero todo se complica si hablamos de trastornos más complejos como, por ejemplo, la esquizofrenia o el autismo.

serotonina

Niveles deficientes de serotonina son síntoma de depresión, pero ¿qué “marca biológica” dejan las alucinaciones, delirios, obsesiones, trastornos de personalidad…?

Poco a poco vamos encontrando claves biológicas que correlacionan con diversos trastornos de la mente: genes cuya presencia aumenta las probabilidades de padecer x, la carencia de y sustancia que correlaciona con el padecimiento de z, la activación superior de el área a se relaciona con la aparición de b, la lectura eléctrica del cerebro c se relaciona con el padecimiento de d… Pero por el momento el testimonio de los pacientes sigue resultando clave en muchos trastornos (la cosa se complica si el trastorno cursa con problemas de habla o lenguaje). ¿Cómo si no puede averiguar un profesional de la psiquiatría si su paciente tiene, por ejemplo, un problema de ansiedad con alucinaciones y delirios? Conocemos correlatos fisiológicos para la ansiedad, pero sin el testimonio del paciente es muy complicado averiguar si el problema se limita a la ansiedad o si esta es un síntoma de un trastorno de mayor problemática. Y el problema es que esta ausencia de correlatos fisiológicos, de datos observables para el diagnóstico de ciertos trastornos mentales, se suple con la interpretación del doctor de los datos subjetivos que le proporciona el paciente.

La historia nos ha dejado una curiosa (y triste) anécdota para tener en cuenta estos problemas, historia que además ha dejado huella como efecto: el efecto Martha Mitchell.

a999marthamitchell_2050081722-20562El efecto Martha Mitchell

Si eres seguidor de la política americana seguramente te resulte un nombre familiar. Martha Mitchell fue una figura importante en el famoso escándalo de escuchas secretas Watergate (1972-1974). Martha era la mujer de uno de los abogados de Nixon, John N. Mitchell, el cual estuvo implicado en el escándalo.

Al parecer, Martha era una mujer problemática, nerviosa y una mujer que se sentía atraída por la vida delante de las cámaras. A pesar de volverse en la fecha bastante famosa, habitual en las portadas de revistas de corazón, Martha no recibió su mayor fama por posar y sonreir en ellas: Martha, debido a su inestablidad emocional, era habitual de las consultas de psiquiatría, y una de sus obsesiones favoritas era que varios miembros de la Casa Blanca estaban involucrados en actividades ilegales de espionaje a la oposición.

Nixon resignsTodo esto ocurría antes de que el Watergate cobrara la dimensión que cobró, por lo que el doctor estableció que su paciente Martha cursaba delirios, síntomas de un probable trastorno mental, por lo que la puso en tratamiento. La historia terminó por mostrar que Martha estaba en lo cierto, que no eran delirios sino deducciones que hizo a partir, se supone, de conversaciones que escuchara de su marido o datos que probablemente obtuviera en algunas de sus reuniones sociales. Algunas de sus confesiones no han sido corroboradas, pero el escándalo Watergate estaba en sus palabras. Martha Mitchell seguramente sufriera algún trastorno, pero los delirios no formaban parte de él.

Testimonio IIIDebido a esta anécdota, el efecto Martha Mitchell bautiza a los diagnósticos erróneos por parte de los clínicos, especialmente en los casos, como el de Martha Mitchell, en donde una confesión bastante increíble o improbable del paciente llega a ser considerada un delirio porque el doctor no dispone de medios para comprobar la verdad o falsedad del testimonio o por mala praxis (vagancia o falta de interés).

Como dijo el psicoterapeuta Joseph Berke: “incluso los paranoides tienen enemigos”.

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