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efecto oveja negraVivimos de manera cotidiana los efectos de la pertenencia a un grupo sólo porque “somos como somos”: somos una especie grupal, somos una especie que tiende a formar grupos de manera explícita o implícita. Los generamos para realizar acciones o para emitir juicios, para divertirnos o para luchar, para un larguísimo etcétera. Los grupos y las variables que intervienen en su formación son importantes en nuestro día a día hasta tal nivel que los grupos a los que pertenecemos forman parte de nuestra personalidad e influyen de manera directa o indirecta en nuestras experiencias.

Hoy vamos a comentar el efecto oveja negra, que puede decirse que forma una díada con otro que ya conocemos: el favoritismo endogrupal, el cual conocimos por medio del experimento realizado por la profesora Jane Elliot. Si recordamos aquel post, vemos que el favoritismo endogrupal refiere a una tendencia que manifestamos los seres humanos a procurar mayor beneficio a aquellos que consideramos que pertenecen al propio grupo, sea cual sea la variable diferenciadora. La profesora Jane Elliot nos mostró (aunque ese experimento no se pueda considerar metodológicamente perfecto) que bastaba establecer una mínima diferencia entre un conjunto de personas y otro para que esta tendencia se manifestase.

El efecto oveja negra que comentamos hoy parece mostrar una tendencia contraria, pero más que contraria debemos considerarla como “la otra cara de la moneda”. El efecto oveja negra expresa la tendencia que manifiestan los grupos o, más bien, los individuos que pertenecen a un grupo concreto a juzgar como más negativas las acciones malas realizadas por un miembro de ese mismo grupo que la misma acción realizada por un individuo de otro grupo. Así, mientras que el favoritismo endogrupal parece que implica la promoción de los buenos miembros, el efecto oveja negra parece que implica la censura de los malos.

Efecto oveja negra: uno de los nuestros

Pongamos un ejemplo asequible del efecto oveja negra y que seguramente has experimentado durante tu edad escolar. Pongamos que llegas a casa y le comentas a tus padres que has sacado un 10 en el último examen de matemáticas. Tus padres observan tu nota como un gran mérito y te felicitan. Tú, por modestia, comentas también que muchos otros compañeros han sacado un 10, pero parece ser que les da igual: tú eres el mejor de todos los niños de la clase. A la semana siguiente llegas a casa y les confiesas que has sacado un 3 en el último examen de lengua. Ellos te reprenden y se entristecen porque has fallado y empiezan a señalar comportamientos que has tenido: no estudiaste lo suficiente, el día anterior estuviste jugando a la consola, etc. Tú, por defenderte, dices que muchos otros niños han suspendido como tú, pero a ellos parece darles igual: tú eres el peor de los niños de la clase.

Aunque el ejemplo es un tanto artificial y aunque en un caso como este intervengan otras muchas variables además del efecto oveja negra, sirve para ilustrarlo.

El estudio clásico de Marques e Yzerbyt fue uno de los que dio a conocer el efecto oveja negra. En él defendían que los conocidos efectos de diferenciación intergrupal y favoritismo endogrupal coexistía con el efecto de la diferenciación intragrupal, esto es, que aunque un conjunto de gente pertenezca al mismo grupo de manera consciente y explícita, grupo que contiene una serie de variables que lo separa conceptual, física o mentalmente de otros grupos, dentro del grupo también hay variables capaces de establecer diferencias que determinan el comportamiento entre los miembros de ese grupo. 

La variable que ellos investigaron y que sostiene este efecto oveja negra es la ejemplaridad de los miembros.

efecto oveja negra

La magnitud y contenido de los juicios dependerá en parte de la pertenencia o no de a quien se juzga al propio grupo.

En su primer experimento para identificar el efecto oveja negra “enfrentaron” a un grupo de estudiantes de derecho con uno de estudiantes de filosofía. Los miembros de cada grupo debían escuchar una serie de discursos grabados en cinta, de los cuales algunos eran muy buenos y otros muy malos. En cada sesión se le informaba al sujeto correspondiente si lo que estaba escuchando salía de la boca de un estudiante de derecho o salía de la de un estudiante de filosofía. Existió un grupo de control que no pertenecía a ningún grupo concreto ni era informado de la carrera que estaba cursando el que daba el discurso.

En este y otros experimentos se cumplieron los pronósticos del efecto oveja negra en conjunción con el efecto del favoritismo endogrupal: cuando a los sujetos les tocaba juzgar el discurso de un miembro de su grupo (estudiante de filosofía o de derecho) los juicios se volvían más extremos. Si un estudiante de derecho escuchaba el discurso malo de un estudiante de derecho, este lo calificaba como peor en comparación con la calificación emitida por estudiantes de filosofía que escuchaban el discurso malo de un estudiante de derecho, y viceversa.

Si tenemos que imaginar gráficamente estos resultados en que se aúnan el efecto oveja negra y el favoritismo endogrupal, podemos imaginar la magnitud de los juicios que emitieron sobre un eje de abscisas. Si tomamos como punto medio el cero en un juicio elaborado por un estudiante de derecho acerca del discurso horrible de un estudiante de derecho, la puntuación llegará, pongamos, a -10. Este mismo discurso evaluado por un miembro del grupo de futuros filósofos alcanzará una puntuación de -6. Si en cambio lo que juzgamos es el excelente discurso de un estudiante de derecho, el estudiante de derecho que emite el juicio le otorgará un 10, mientras que el estudiante de filosofía que lo juzga le otorgará sólo un 6.

Otro ejemplo asequible podemos vivirlo, por ejemplo, con el próximo partido de fútbol que veamos. Si un equipo juega muy mal (pongamos el Real Madrid), sus forofos lo calificarán de pena, en cambio si juega muy bien, lo tildarán de maravilloso. En cambio, los forofos del equipo contrario (pongamos el Atlético de Madrid) no emitirán sobre la actuación del otro equipo (el Real Madrid) unos juicios tan extremos como los de sus propios seguidores.

El problema principal para identificar este efecto es lograr concretar qué es un buen comportamiento o un mal comportamiento, una buena actuación o una mala actuación para los miembros de un grupo. Qué es lo que constituye la ejemplaridad para ellos.

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