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misteriosoEl ser humano se divide en grupos. Cada persona pertenece a uno o varios grupos y una parte de su personalidad se construye gracias a ellos. Si nos piden que nos definamos, probablemente varios atributos de los que marquemos signifiquen que pertenecemos a un grupo, ya sea nuestra familia, nuestro nivel cultural, socioeconómico, etc. Una de las cosas que estudia la Psicología Social es cómo la pertenencia a un grupo introduce sesgos en nuestra percepción del resto. Así quedan definidos los conceptos de endogrupo, el grupo al que pertenecemos, y el concepto de exogrupo, el grupo al que no pertenecemos, esto es, el resto.

Un comportamiento grupal general que parece imprimido en nuestro ADN por algún mecanismo evolutivo es el siguiente: tendemos a beneficiar al endogrupo frente al exogrupo cuando tenemos oportunidad de ello. Ya sea porque se pone en juego nuestra propia personalidad, nuestra pertenencia a ese grupo o la imagen que tenemos de nosotros mismos y la que tiene el resto de nosotros, existe una tendencia a beneficiar a esos que tenemos etiquetados como nosotros y a supeditarlos a los que no consideramos iguales. Y esta discriminación aparece desde niveles mínimos, incluso cuando la diferenciación entre endogrupo y exogrupo es completamente trivial.

Este favoritismo endogrupal se denomina Paradigma del Grupo Mínimo y se pone en marcha a la mínima que se logra hacer que un individuo se etiquete como perteneciente a un grupo.

Te invito a que veas el siguiente vídeo para comprobar por ojos propios la rapidez con que funciona este mecanismo favorecedor/desfavorecedor y descubras la facilidad  con que iniciamos conductas discriminatorias. Se trata de un experimento que Jane Elliot, una profesora de un colegio de Iowa llevó a cabo en su aula. Impactante.

Aunque el sentimiento de pertenencia a un grupo del ser humano no siempre va ligado a conductas violentas hacia el exogrupo como hemos podido ver en el vídeo, sí que va ligado muy estrechamente a la discriminación de los otros y al favoritismo de los propios. En otro experimento llevado a cabo en un instituto de enseñanza secundaria, se logró despertar sentimientos grupales a partir de una simple preferencia estética de un cuadro de Klee o de Kandinsky. Luego se pidió a los alumnos que repartieran una cantidad de dinero entre sus compañeros. Se comprobó que los que habían preferido el cuadro de Kandinsky favorecieron en el reparto a los que habían tenido el mismo gusto y viceversa.

Sabemos que estas conductas “nos salen” a la mínima que se despierta o despiertan en nosotros un sentimiento de grupo. ¿Podemos ser capaces de dominar estas tendencias?

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