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Desayuno de campeones. Cereales 010La alimentación es algo vital para cualquier ser vivo, la haga de cualquier manera. Disponer de nutrientes y combustible en nuestro cuerpo es tan necesario que hasta la evolución ha favorecido formas de almacenaje, permitiéndonos por ello, aunque sea paradójico, poder estar días y días sin comer. Uno de esos almacenes es de sobra conocido porque no nos suele caer muy bien: el tejido adiposo, la grasa, esos michelines y esas lorzas que atormentan a algunos cuando uno se pasa comiendo. Este almacén, por así decirlo, es a largo plazo, es aquel del que “tira” el cuerpo cuando no se le está supliendo como necesita. El otro almacén, el más activo y también menos conocido (aunque no por ello desconocido), es el que nos suple a corto plazo, y es el que vamos a tratar hoy por su forma un tanto “clasista” de comportarse.

Glucosa, glucógeno y los depósitos a corto plazo

No nos detendremos en hablar de la famosa glucosa, el que se puede llamar combustible de la vida. Se trata del compuesto orgánico más abundante de la naturaleza y fuente principal de energía para todos los procesos del ser humano y resto de seres vivos. Nosotros la encontramos a diario de manera muy abundante en los cereales, la base de la pirámide alimenticia. La glucosa se distribuye en la sangre para suplir a todos los órganos y células.

como-cuidar-el-higado_0El glucógeno es la forma en que la glucosa se guarda en los almacenes a corto plazo. Es, por así decirlo, un “pegote” de glucosa.

Uno de estos almacenes son los músculos estriados o esqueléticos, en donde están disponibles para surtir en las ocasiones de emergencia, de huída explosiva o situaciones en que utilizamos la fuerza muscular de manera instantánea. Otro de estos almacenes es el hígado, en donde las reservas de glucógeno llegan a formar el 10% de su masa. ¿Para qué sirve este almacén?

El hígado, el “mayordomo” del cerebro

Cuando hay presencia de glucosa en sangre, la hormona insulina es secretada por el páncreas para que el hígado almacene parte en forma de glucógeno. Este sistema es un sistema que se autoregula, así, cuando hay bastante glucosa en sangre, el páncreas lo detecta y secreta insulina; cuando hay suficiente insulina en sangre el páncreas lo detecta y se detiene la secreción de insulina; y cuando no hay suficiente glucosa en sangre, el páncreas secreta glucagón, otra hormona que ejerce el efecto contrario de la insulina: es la orden para que el hígado transforme ese glucógeno en glucosa y lo vuelva a verter en la sangre.

NestorPero no para cualquiera. Las reservas de glucógeno hepático que se transforma en glucosa están dedicadas en gran parte a la “alimentación” de las células del sistema nervioso y, por ende, del cerebro y las neuronas. El hígado actúa como una especie de mayordomo. ¿Cómo puede ser esto? Porque las células cerebrales y del resto del sistema nervioso disponen de una ventaja sobre el resto de la mayoría de células del cuerpo: no necesitan que haya insulina en la sangre para “absorber” la glucosa en sangre.

La insulina promueve el transporte de la glucosa al interior de las células para su uso o almacenaje, pero sólo lo hace en las células del ya citado hígado, el tejido adiposo, músculos y corazón. Esto no significa que sólo si hay insulina en sangre el resto de células pueden ser alimentadas, sino que, ante un exceso de glucosa en sangre, la insulina “echa estos restos” al interior de esas células musculares, cardiacas, hepáticas y adiposas. En cambio, las células del sistema nervioso no necesitan esta ayuda extra. Simplemente toman lo que necesitan, que es mucho.

cerebro-comida-1Debido a esta capacidad de consumir sin necesidad de insulina, el cerebro es uno de los principales consumidores de glucosa sanguínea cuando estamos en ayuno, en ausencia de insulina, por ejemplo, cuando nos acabamos de levantar.

Podría decirse que en este buffet que sirve la sangre a nuestro cuerpo, dispuesto y presentado por el hígado, el cerebro sería el que primero llega al comedor, el que acapara casi toda la mesa mientras otros picotean a su alrededor y otros ni siquiera han podido acceder al comedor porque no tienen la llave (insulina) que necesitan para abrir la puerta.

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