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vomeronasal0862413bn9Los documentales nos han enseñado toda la vida que una gran parte de los mamíferos ejercen influencia sexual en los demás a través del “olor”. Los mamíferos son capaces de detectar que un miembro de su especie está en celo percibiendo las hormonas y sustancias químicas que influyen en el despliegue de estas conductas que secretó un compañero, haciendo verdad eso de que “el amor está en el aire”.

Aunque es verdad que estas sustancias cuentan con receptores en la nariz de parte de los vertebrados, la mayoría de ellos mamíferos (salvo ballenas y delfines), no es del todo correcto decir que sólo se perciben con el olfato o “que se huelen”. La detección de los olores y ciertas sustancias, en efecto, la logramos con el bulbo olfativo, situado en la nariz. No obstante, es otro órgano también situado en la nariz el encargado de recoger parte de estas sustancias estimulantes y excitar al organismo procesándolas: el órgano vomeronasal u órgano de Jacobson.

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Caballo en reflejo de Flehmen.

El órgano vomeronasal es un grupo de receptores sensitivos situados en una bolsa conectada a las fosas nasales que detectan sustancias químicas del ambiente como las feromonas. Estas suelen estar presentes en la orina, de ahí la insistente “obsesión” de los animales por olfatear orinas y traseros ajenos. El signo con que se puede identificar a un animal tratando de “oler” con el órgano vomeronasal es el conocido como reflejo de Flehmen. Las neuronas que conforman estos sensores proyectan sus axones primero al bulbo olfativo accesorio, luego a la amígdala y al hipotálamo, núcleos importantes en la elicitación de la conducta sexual. Gracias a estas conexiones, podemos entender uno de los mecanismos a través del cual la mayor parte de los mamíferos inician su excitación sexual y despliegan las conductas reproductoras.

Si se extirpa este órgano del animal, pierde su capacidad de reconocer el sexo de otros individuos de su especie y la época de celo en que se encuentre, por lo que comenzará a tratar de reproducirse “sin orden ni concierto”.

No obstante, como dijimos, este órgano no actúa solo. El sistema olfativo también detecta hormonas que ayudan a la identificación del sexo y el estado sexual. Si es este el que se extirpa, en cambio, el animal no se reproducirá “sin orden ni concierto” sino que dejará de mostrar conducta sexual alguna e interés por los otros individuos de su especie.

vomeronasalSegún avanzamos en la escala filogenética o nos adentramos en nichos ecológicos en donde no resultaría funcional (como el agua), vemos que el órgano vomeronasal pierde gran parte de su importancia, hasta el punto de volverse inútil como es en el caso de los seres humanos y los simios. Esto no significa que a nosotros no nos afecten las hormonas ambientales. Por ejemplo, se ha comprobado que la presencia de hormonas en estímulos que se dan a oler a sujetos humanos influyen en la percepción de aquel del que procede el olor. La presencia de ciertas hormonas pueden hacernos ser percibidos como “más sexys”. E incluso la presencia de hombres en el entorno de una mujer que menstrúa influye en la duración de su periodo, y la presencia de mujeres que también menstrúan inciden en la presentación de las menstruaciones (la famosa “sincronización femenina”). Son efectos reales aunque ciertamente imperceptibles medidados por sustancias químicas que se captan a través del sistema olfativo “normal” (recordemos que este sentido lo conforman quimiorreceptores).

feromonasNuestro órgano vomeronasal es un vestigio no funcional de nuestro pasado. Es un órgano atrofiado que carece de conexiones cerebrales y que, por tanto, es incapaz de influir en nuestra conducta. Pero es una pequeña parte de nosotros que nos recuerda el largo camino evolutivo que hemos recorrido hasta posicionarnos en un estadio en donde la conducta sexual es mucho más compleja, variable, controlable y disfrutable.

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