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Tras este curioso título se esconde un hecho psicológico que relaciona el estado emocional y físico del individuo con la percepción, concretamente con la percepción del espacio. ¿Interactúan la cognición y la emoción? ¿”Corazón” y “cabeza” van por separado?

Everest-grafico

No es que el Everest crezca o decrezca, pero nuestra percepción lo “ve” más grande o más pequeño en función a cómo te sientas.

Proffitt, Stefanucci, Banton y Epstein, cuatro científicos de la Universidad de Virginia, quisieron poner a prueba si la emoción (la cognición caliente, subjetiva) “interfiere” de algún modo con la cognición objetiva a la hora de percibir una distancia; si existe lo que ellos denominaron distorsión geográfica (geographical-slant). Hasta la fecha, la la percepción del espacio geográfico se había estudiado manipulando variables ópticas pero no variables asociadas al estado fisiológico. En el estudio quisieron buscar la relación entre el esfuerzo necesario para recorrer una distancia y la percepción de distancia. ¿Existe, pues, la distorsión geográfica?

Para averiguarlo hicieron estimar a un conjunto de personas la pendiente de una serie de colinas desde la distancia. Algunas de esas personas eran de avanzada edad, otras estaban en bajo estado de forma, otras cargaban una pesada mochila… Llegaron a dos generalizaciones.

La primera es que tendemos a sobreestimar las pendientes. Así, los sujetos decían que las pendientes eran de 20º cuando en realidad eran de 5º o que las pendientes eran de 30º cuando en realidad eran de 10º.

La segunda es que percibimos la distancia en función a nuestro estado físico o capacidad. Las personas juzgaban las colinas como más empinadas cuando eran ancianas, cuando estaban en baja forma, estaban enfermos o cargaban un gran peso. La subjetividad, la percepción en base a cómo estamos, cómo nos sentimos, cómo percibimos nuestras capacidades, se lo presentaba más grande.

Este estudio es una muestra de que emoción y cognición interaccionan en nuestra mente, son procesamientos conectados y de que, por tanto, convertimos al mundo el algo plástico y cambiante. Lo vemos en función a cómo estamos.

9549Nuestra corteza visual (lóbulo occipital, sito en la parte caudal o trasera del cerebro) es la que se encarga de identificar los atributos de lo que vemos. Este área está conectada con otras muchas partes de nuestro encéfalo, con lo cual la información visual pasa “irremediablemente” a ser procesada por otras áreas de la corteza, como la orbitofrontal, prefrontal o cingulada, y otras estructuras subcorticales como la amígdala, todas ellas relacionadas con la información emocional y afectiva.

Cognición y emoción son, pues, dos procesos complementarios, a pesar de lo que tradicional y popularmente se piensa.

El hecho de que ambos sistemas se interconecten es un beneficio para la especie: “juntar” la información que refiere al miedo, al placer, al dolor, al amor, etc, con la información objetiva, ayuda a evitarse muchos males y procurarse muchos beneficios. Por ejemplo, “llamar” al miedo cada vez que vemos algo objetivo como una araña, nos hace desplegar conductas de evitación y no caer en situaciones desagradables o incluso la muerte. ¿Quizás esta percepción distorsionada de las colinas ayude a los débiles a evitarse un “acicuaque”?

 Estudio: The Role of Effort in Perceiving Distance

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