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4139386-de-cerca-de-una-colilla-de-cigarrillo-encontrado-en-la-playa-rocosaVamos a hablar de estos reflejos peculiares porque en esta época de playas y piscinas, por andar descalzos, seguro que acabamos haciendo uso de ellos. Ahora sabremos identificarlo cuando ocurra.

En primer lugar recordemos qué son los reflejos. Como dijimos en “¿Tenemos memoria fuera de nuestro cerebro?“, los reflejos son respuestas que emitimos que no son procesadas por el cerebro sino por “circuítos locales” que forman nuestras neuronas y que podemos encontrar por todo el cuerpo. Estos circuítos locales reciben el estímulo y procesan la respuesta sin que el cerebro intervenga. Son, pues, una forma muy rápida de evitar daños y de proteger el cuerpo. El reflejo más básico sólo necesitan una neurona que reciba estimulación, una sinapsis y una neurona que estiule un músculo. En “Los reflejos del recién nacido: ¿por qué están y para qué sirven?” dijimos que son respuestas estereotipadas y que muchos de los reflejos con que el ser humano nace para protegerlo acaban desapareciendo al cabo de los meses.

El reflejo de retirada y de extensión cruzado van parejos y son dos que no desaparecen a pesar de que crezcamos. El primero activa al segundo. Vamos a ver cómo.

El reflejo de retirada es el que se activa cuando el ser humano nota algún daño o roce en alguna extremidad, es aquel por el que apartamos nuestros miembros cuando notamos algo extraño que nos roza o daña antes incluso de que sepamos qué es eso que provoca el malestar (sea insecto o pelusa, similar a lo que hablamos en “¿Por qué nos asustan las pelusas o las manchas?“).

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Esquema del reflejo de retirada o de flexión

No es el reflejo más básico, pues participan varias neuronas y no sólo dos, pero, al fin y al cabo, es sencillo. En él participan un receptor cutáneo, neuronas cuyos cuerpos se hallan en un ganglio espinal, neuronas intermedias que residen en nuestra médula espinal, neuronas que excitan los músculos de la extremidad y otras neuronas que inhiben la actividad de otros músculos de la extremidad para facilitar la acción de las neuronas excitadoras. La neurona que recibe la estimulación del receptor “pasa” esta estimulación a las neuronas excitadoras e inhibidoras, de modo que el resultado es que la expremidad se flexiona y se retira.

En el caso de andar por la playa o la piscina descalzo, el reflejo de retirada se pondría en marcha si, por ejemplo, notamos una colilla caliente, un cristal que nos pincha o una región del suelo excesivamente caliente para nuestra piel.

Ahora bien, ¿qué pasaría si el reflejo de retirada no se coordinase con el otro reflejo del que vamos a hablar, el reflejo de extensión cruzado? Pasaría que nos caeríamos por el desequilibrio de retirar una extremidad y a lo mejor el resultado de esto es peor que pincharse o quemarse con una colilla. El reflejo de extensión cruzado es el que hace que la extremidad contraria, en el caso de las piernas, se estire y tome apoyo. Las neuronas que se encargan de activar los músculos de la extremidad contralateral son igualmente activadas por las neuronas que residen en la médula espinal que han recibido el impulso de la neurona activada por el receptor cutáneo. Es decir, la información tampoco pasa por el cerebro. Las neuronas que activan a las que los músculos del reflejo de retirada también activan a las que activan el reflejo de extensión cruzado. Todo queda “en casa”.

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Esquema completo del reflejo de retirada y el reflejo de extensión cruzado actuando en conjunto.

Como vemos, estos reflejos “actúan en solitario” pero eso no significa que ninguna información llegue al cerebro. Como podemos ver en la imagen superior, existen neuronas en el circuíto que derivan el impulso nervioso hacia niveles superiores de procesamiento, que es donde aparece la sensación de dolor. Se trata de una muestra de que el dolor no es la causa de que retiremos la pierna. El estímulo activa el receptor, el receptor activa el reflejo y a su vez la información llega al cerebro y, entonces, notamos el dolor. Sucede todo tan rápido que es difícil separar la secuencia, pero el impulso llega antes al “circuíto cerrado” que es el reflejo, y antes de notar del dolor ya hemos retirado el miembro. El cerebro no ejecuta la acción motora, pero recibe esta señal como advertencia, por si la acción del reflejo no es suficiente y es necesario que nuestra consciencia se encargue del problema.

Cuando te pinches o te quemes un pie este verano (ojalá no te ocurra), ejecutarás este par de reflejos (si todo está bien en tu sistema nervioso). Cuando tomes consciencia de lo que acabas de hacer, ya sabrás qué ha ocurrido en tu sistema nervioso para actuar sin que “tú” se lo ordenaras. Otra muestra de la ingeniería natural que es el ser humano.

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