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donaldVicios hay de muchas clases en la cultura humana, pero si tuviésemos que indicar los que más colaboran en el concepto en nuestra cultura particular quizás elegiríamos como modelo la gula, la vagancia, la ira y la lujuria. Entregarnos a una vida “viciosa” suele ser una elección (y bien por el que así lo decida sin incordiar a los demás) pero, ¿qué ocurre cuando el ser vicioso no es una elección sino un trastorno de origen neurológico?

El conocido como síndrome de Kleine-Levin o románticamente llamado síndrome de la bella durmiente consiste en un conjunto de síntomas que, actuando en conjunto, convierte a la persona en esto, un supervicioso, sin poder controlarlo. Se caracteriza por periodos de hipersomnia o somnolencia exagerada, pudiendo el paciente llegar a dormir más de veinte horas. Esto le otorga la conexión con la chica del cuento clásico, pero estos “bellos durmientes” tienen un problema más complejo. Junto al exceso de sueño existe un hambre constante y voraz (megafagia), lo que se traduce en un gran aumento de peso. La irritabilidad de los que lo padecen es alta, y suelen reaccionar de manera airada y violenta y, además, también cuentan con unas ganas excesivas de mantener relaciones sexuales sin importar lugar, modo o sexo, sea cual sea la orientación sexual de la persona.

El síndrome de Kleine-Levin se manifiesta de manera espontánea en forma de episodios, esto es, de accesos que duran un periodo de tiempo más o menos considerable intercalados con periodos de normalidad, aunque estos pacientes suelen manifestar en ausencia del síndrome insomnio acompañados de manía o depresión, además de amnesia sobre lo ocurrido durante su peculiar ataque.

ilustraciones-justine-marques-de-sadeSu origen fisiológico parece estar en un trastorno en el funcionamiento del hipotálamo, núcleo del encéfalo de importancia principal en la homeostasis, esto es, en mantener el sistema (nuestro organismo) en niveles óptimos, en nuestro caso regulando y mediando en las ganas de comer, de reproducirnos, de beber, de dormir y en el mantenimiento de una temperatura correcta (termorregulación). Lo que ha puesto en la pista a los neurólogos para “echarle la culpa” al hipotálamo es la reducción de actividad dopaminérgica que se observa en este área de nuestro cerebro cuando los pacientes manifiestan el síndrome (quizás debido a alguna infección y posterior inflamación), además de por su importancia clave en los procesos mencionados, trastocados por el Kleine-Levin.

El síndrome de Kleine-Levin, por suerte, es una afección rara. Suele aparecer hacia los 15-20 años y afecta en mayor propoción a los hombres.

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