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EspeciaciónSiempre que hablamos de evolución, parece que hablamos de un proceso que va a saltos. De hecho, muchos documentales, en su afán de simplificar, hablan de la “aparición” del ser humano en la Tierra como si de nuestro antecesor hubiese nacido directamente el primero de nosotros. No obstante, el sentido común nos advierte de algo: si fuese cierta esta “aparición repentina”, ¿cómo se habría reproducido aquel primer ser humano para dar lugar a toda la prole que pervive hasta nuestros días? Tendríamos que haber “corrido la suerte” de que justo a cuatro células sexuales de cuatro individuos diferentes hubiesen mutado de golpe a “ADN humano” y hubiesen dado como resultado dos seres humanos de sexo diferente. Una locura en términos naturales.

El proceso evolutivo es un proceso gradual basado en pequeños cambios en nuestro material genético que van acumulándose generación tras generación si se dan las condiciones para ello. Debido a esta “gradualidad”, es harto difícil determinar categóricamente los límites de una especie y otra. Muestra de ello es nuestra propia historia evolutiva: disponemos de fósiles que hacen discutir a los paleontólogos durante décadas sobre si deben ser ordenados en una especie del género Homo o en otra. ¿Unos dientes más grandes y un fémur ligeramente más largo nos permite hablar ya de una especie diferente? ¿Qué es necesario que “ocurra” para que podamos hablar de una especie diferente a otra? ¿Cómo ocurre este proceso de “convertirse” en otra especie? Vamos a tratar este tema examinando el concepto que lo envuelve: la especiación.

Las bases de la especiación: microevolución y macroevolución

La aparición de la especie humana en el planeta no fue una aparición. Para entender nuestra existencia, como la existencia de cualquier otra especie, hemos de comprender dos conceptos que subyacen al fenómeno de la evolución como la conocemos: los conceptos de microevolución y macroevolución.

Especiación

Ejemplo de microevolución son cambios espontáneos en el color del pelaje del tigre. Un evento macroevolutivo sería una época de muchas nevadas que beneficiase la supervivencia de los tigres de de pelo blanco (serían capaces de camuflarse y cazar mejor).

La microevolución la comprenden todos aquellos cambios genéticos que se producen en una población a pequeña escala debido a las mutaciones espontáneas del ADN de una especie y a la selección de las mismas en caso de que sean útiles para la supervivencia o la reproducción. En ella también interviene la deriva genética, que en la naturaleza puede entenderse como los sucesos espontáneos que inciden en el curso de una especie como, por ejemplo, la muerte accidental de individuos o su supervivencia sin valor adaptativo; y el cruce de poblaciones (flujo genético). Son los sucesos micro, que afectan a individuos, que poco a poco van configurando el cambio.

La macroevolución, por contra, comprende los cambios a gran escala, cambios que se pueden interpretar como drásticos y que no afectan a individuos tan solo sino a poblaciones enteras y a grupos de especies de un mismo ecosistema, como, por ejemplo, una dura sequía, el meteorito que extinguió a los dinosaurios, el aislamiento o la suma progresiva de sucesos microevolutivos que llevan a la conformación de una nueva especie. Son sucesos que suponen un cambio importante en la historia de la evolución.

Estos cambios a nivel macro y micro suceden de forma constante y afectan al curso de una especie.

Especiación: dejar de ser x para ser y

Pero, ¿desde qué momento una especie deja de ser una especie para considerarse una nueva y diferente? Para responder a esta pregunta, hemos de entender el concepto biológico de especie. Una especie es una población de individuos aislada reproductivamente, un conjunto de individuos que por sus características genéticas, físicas y de comportamiento sólo pueden reproducirse con sus iguales.

Para que de una especie-origen aparezca una o varias nuevas que tengan una serie de características comunes tiene que pasar lo siguiente: primero, que los individuos mutados espontáneamente hayan sido capaces de sobrevivir (es decir, que las mutaciones les hayan resultado beneficiosas en su medio); y segundo, que los individuos mutados hayan sido capaces de reproducirse y que su prole sea fructífera, sana y, a su vez, con capacidad de reproducirse.

EspeciaciónImaginemos algo simplista para entenderlo todo mejor. Imaginemos al hipotético primate cuya configuración genética mutada espontáneamente le “regaló” una capacidad craneal mayor y un encéfalo mejorado que le confiere, por ejemplo, una habilidad para comprender que una piedra puede ser utilizada como arma arrojadiza. Este primate, además, tiene la suerte de vivir en un entorno en donde las piedras abundan. Gracias a ambas cosas, consigue arrebatarle de una certera pedrada el puesto al primate dominante, consiguiendo con ello el acceso a un mayor número de hembras. Gracias a esta capacidad reproductiva aumentada, su genoma deja gran constancia en la siguiente generación de estos hipotéticos primates. Imaginemos que los genes que conciben la capacidad de concebir piedras como armas arrojadizas son dominantes, por lo que en esa generación nueva habrá más monos arroja-piedras.

Ahora imaginemos lo mismo en un entorno desértico en donde en vez de piedras hay arena. La habilidad del primate mutado de poco le serviría ahí, por lo que su mutación no es adaptativa al no disponer de ese medio para arrebatarle su “poder” al primate dominante su genoma no habría tenido la suerte de acceder a mayores cotas de reproducción.

EspeciaciónAhora bien, las mutaciones espontáneas no suelen tener la suerte de ser tan decisivas a nivel reproductivo como la mencionada en el ejemplo. Si el primate hipotético en vez de mutar hacia la habilidad arroja-piedras al macho dominante hubiese mutado hacia la habilidad de utilizar piedras para derribar manzanas de un árbol y conseguir por ello mejor alimentación no es algo que tiene por qué incidir en la capacidad reproductiva del mono hipotético. El mono se reproduciría como los demás monos, no más que ellos, por lo que su mutación genética podría terminar “diluyéndose” en un mar de genes normales. Las mutaciones suelen necesitar de ciertas “ayudas ambientales” para convertirse en más frecuentes y, por tanto, en capaces de determinar el curso de una “nueva especie”.

Aislamiento y segmentación, las manos derechas de la especiación

Para que una nueva configuración genética marque una diferencia de la que resulte una nueva especie, suele ser necesario que esa mutación se de en una población aislada y de escaso tamaño. ¿Por qué? Porque cuanto menor es el número de individuos, mayor es la probabilidad de que las nuevas mutaciones genéticas viables pasen a la siguiente generación y den lugar a una población en donde la frecuencia de esa nueva configuración genética sea dominante. Por esto, la especiación en la naturaleza suele estar muy vinculada a fenómenos naturales que obligan a las poblaciones a aislarse por un largo periodo de tiempo (especiación alopátrica), como la deriva de continentes, los accidentes geográficos o las épocas de lluvia-sequía.

Debido al aislamiento, los “nuevos genes” tienen mayor capacidad para marcar la diferencia porque se encontrará con “menos genes” con los que “mezclarse” y se “encontrará consigo mismo” más fácilmente, por lo que las probabilidades de convertirse en la “regla general” de los individuos en vez de ser una minoría serán mucho más altas.

La especiación también se ve impulsada por segmentaciones que ocurren sin que sea necesario el aislamiento geográfico como, por ejemplo, especiaciones beneficiadas por la explotación de nichos ecológicos diferentes por parte de dos grupos geográficamente cercanos dentro de una misma especie, o porque esa especie se de a un sistema reproductivo que incentiva el aislamiento de grupos, como algunos que pudimos conocer en “¿Tiene sentido la monogamia en el ser humano?“.

Especiación

La figura 1 representa la anagénesis (una especie “deja paso” a su evolución). La figura 2 representa la cladogénesis (de una especie parten nuevas especies, pudiendo coexistir todas).

Cabe añadir que en la naturaleza lo que parece más típico es la especiación por aislamiento geográfico, lo que suele provocar que las especiaciones se produzcan en forma de cladogénesis, es decir, especiaciones que sólo implican a una parte (la aislada del resto) de la población total de la especie, sobreviviendo ambas, “nueva y vieja”, cada cual en su espacio. También puede ocurrir que la población total de la especie (porque sea esta bastante reducida) sea la que esté involucrada en la evolución, por lo que la especie predecesora desaparecerá, denominándose esto anagénesis.

Poniendo en común las pequeñas y grandes variables, las variables genéticas, ambientales, reproductivas, etc; poco a poco (muy poco a poco) se van sucediendo cambios en el genoma de una especie de modo que parte de ella o toda ella se va progresivamente convirtiendo en una nueva que será incapaz de reproducirse viablemente (los híbridos suelen ser productos estériles) con su predecesora, evento clave que marca la especiación.

Que seamos como somos es todo un ejemplo fácilmente increíble del azar. Da incluso vértido pensar en cómo podríamos ser ahora si cualquier evento del pasado hubiese transcurrido de manera diferente.

Lee más en Del Abril Alonso, A. (2009) “Fundamentos de la psicobiología”. Madrid: Sanz y Torres.

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