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eugenesia¿Y si el ser humano obrase para perfeccionarse a sí mismo mediante cría selectiva, es decir, mediante el control del cruce genético y su posterior herencia? Del mismo modo que aplicamos la selección a especies que nos resultan útiles económicamente, como los caballos de carreras, ciertas especies de perro o de cultivos, en el pasado (aunque la idea sigue vigente en ciertas ideologías y sociedades) se planteó trasladar este ingenio a la especie humana para conseguir, con ello, un “mejor ser humano”.

La idea ha estado vigente y ha brotado en diferentes civilizaciones a su manera (podemos considerar “cría selectiva”, por ejemplo, a las barreras reproductivas que se han establecido entre clases durante gran parte de la historia de la humanidad en distintas civilizaciones), pero vivió una cierta época de oro y tuvo aceptación por parte de instituciones científicas o, al menos, de ánimo científico, a finales del siglo XIX y XX gracias en parte a la Teoría de la Evolución descrita por Darwin y a los descubrimientos sobre herencia genética de Gregor Johann Mendel. El término que se eligió para definir esta práctica es “eugenesia”.

¿Qué es eugenesia?

eugenesia

Sir Francis Galton fue un estudioso del ser humano. Destaca su contribución al establecimiento de la Psicología Diferencial, centrada en estudiar las diferencias entre individuos y sus causas más que en hallar nuestras generalidades.

Vamos a entender mejor la idea de eugenesia y su “espíritu clásico” de la mano de uno de sus principales protagonistas, Sir Francis Galton:

¿Qué se entiende por mejoría? ¿Qué se entiende como la sílaba “eu” (bueno) en “eugenesia? [...] Debemos dejar lo moral lejos de la discusión y no enredarnos en las dificultades que nacen de tildar un carácter como bueno o malo. Es más, la bondad o maldad de un carácter no es absoluta sino relativa a la civilización que se esté tratando.

Debido a que no se puede alcanzar un acuerdo absoluto sobre qué es moral y qué no, la esencia de la eugenesia debe ser descrita más fácilmente. Todas las criaturas estarían de acuerdo en afirmar que es mejor estar sano que enfermo, ser vigoroso que débil, estar en forma que estar en mala forma; en resumen, que es mejor ser un buen espécimen de la especie que sea que ser uno malo.

Lo mismo ocurre con los hombres.

Existe un gran número de ideales diferentes, caracteres y civilizaciones incompatibles, pero de todo ello se espera que den frutos positivos. La sociedad sería muy aburrida si todos los hombres se pareciesen a Marco Aurelio o a Adam Bede. Pero el ánimo de la eugenesia es que cada clase o sector sea representada por sus mejores especímenes, y hecho esto, dejar que mejoren su civilización común a su manera.

El ánimo de la eugenesia es disponer de tantas influencias como puedan ser utilizadas, hacer que todas las clases útiles de la sociedad contribuyan en mayor proporción a la generación siguiente.

Extracto del discurso de Sir Francis Galton en la Sociedad Sociológica, Universidad de Londres, 1904

La eugenesia, en resumen, es la idea de promover la reproducción de los rasgos positivos y la erradicación de los rasgos negativos de la especie mediante la reproducción de los miembros que contienen los positivos y la esterilidad de aquellos que contienen los negativos. Para ello, debían recolectarse datos y datos que permitiesen localizar a los individuos “más notables” desde un punto de vista genético.

eugenesia¿Cómo se “practica” la eugenesia?

La eugenesia se puede poner en práctica de muchas maneras, maneras más o menos éticas (dentro del ya complicado debate sobre lo ético de la idea de eugenesia). Aquí, algunos ejemplos:

  • Políticas sociales. Incentivos para la reproducción de las élites, educación sexual, permisión del aborto y esterilización, promoción el uso de métodos contraceptivos,  licencias de paternidad, incentivos económicos para tener hijos, incentivos para la emigración…
  • Control genético. Selección de embriones, emparejamiento selectivo, inseminación artificial, diagnóstico genético prenatal, ingeniería genética prenatal.
  • Sometimiento. Aborto obligatorio, esterilización obligatoria, política del “hijo único”, genocidio.

¿Puede el ser humano perfeccionarse a sí mismo?

eugenesia

La genética mendeliana desarrollada mediante estudios con guisantes fundamenta en parte la “fiebre eugenésica” de principios de siglo XX, pero los rasgos que exhibimos los humanos generados por la acción de un único gen (como los que controló Mendel con sus guisantes) son una excepción más que una regla.

La cuestión primera que surge al plantear esta pregunta es qué es un ser humano mejor. ¿Aquel que dispone de qué características? ¿Hablamos de algo físico o de alguna “dote mental”? Es la cuestión relativa de qué es bueno y qué es malo, a qué es una persona “notable”.

El conocimiento sobre nuestra herencia nos descubre, en época de Galton, que hay ciertos genes que parecen vinculados a ciertos rasgos diferenciales. La herencia mendeliana y la teoría de la evolución parecían poner unas interesantes cartas sobre la mesa: había algo en la semilla de los individuos que si se “mezclaba” con la receta correcta, daría lugar a un rasgo deseado, a un rasgo “mejor” de manera controlada.

Claro que los experimentos de Mendel tenían como sujetos a plantas del guisante y los rasgos seleccionados eran tales como el color de los mismos. ¿Seríamos capaces de aplicar este conocimiento al ser humano? ¿Seríamos capaces de hacer “crecer” mejores individuos como Mendel hacía crecer guisantes de determinado color? ¿Pero qué “cepas” habría que elegir como Mendel elegía a las generaciones parentales de sus guisantes para crear a individuos mejores? ¿Qué es un rasgo mejor o deseado para un ser humano?

Galton sortea gran parte de la cuestión dejando fuera de su discurso la bondad o maldad de los rasgos del carácter para centrarse en cuestiones que parecen atañer más al plano de la capacidad (inteligencia, salud, fuerza, vigor, etc.) que a otros planos más farragosos, como el de las ideologías o el de las motivaciones. No obstante, aquí Galton se muestra bastante optimista en cuanto al poder de los genes para establecer esas capacidades. El conocimiento científico sobre nuestros genes estaba en su amanecer y existía cierto ánimo “pro-genes” entre los doctos de la época, lo que les hacía subestimar su capacidad de determinar a la persona y subestimaban cuestiones de enorme importancia en la constitución de un individuo y el establecimiento de sus capacidades, como lo son la educación recibida, la nutrición, la cultura en que está inmerso, etc.

Gracias a los avances científicos actuales sabemos que los genes determinan parte de lo que somos, que hay genes capaces por sí mismos de determinar ciertos rasgos (como el color del pelo) pero también sabemos que la cosa se complica: la mayoría de lo que Galton señalaba como rasgos deseables (como la inteligencia o el vigor) no son fruto de un único gen sino más bien son algo a lo que nos predispone un x conjunto de genes que además necesita x condiciones para desarrollarse “en todo su esplendor”, condiciones que implican tantas variables que se hacen casi imposibles de acotar como para escribir la receta del “buen hombre”.

eugenesia

Reducir la incidencia de enfermedades mentales y el nacimiento de disminuídos psíquicos era uno de los objetivos de la eugenesia. Tal propósito dio lugar a panfletos que hoy consideraríamos carentes de sensibilidad.

¿Podría el ser humano, pues, perfeccionarse a sí mismo al menos en las capacidades o en la salud? ¿Podríamos hacer una colección de todos los “buenos genes” y de los “malos genes” y promocionar a los primeros en detrimento de los segundos? En el plano teórico, la respuesta es positiva, pero en el plano práctico aún estamos a unos cuantos miles de pasos de conseguirlo. Se precisa todavía multitud de investigación genética, no ya solo para identificar todas las diferentes variantes de los genes y las consecuencias de su expresión sino para conocer las interrelaciones entre los distintos componentes de nuestra carga genética. Las combinaciones y sus posibles expresiones se complican de manera exponencial. Y eso sólo si no contamos con el impacto biológico futuro de aplicar estos conocimientos.

¿Debe el ser humano perfeccionarse a sí mismo?

Aquí es cuando nos zambullimos de lleno en el plano moral de la cuestión de la eugenesia y por tanto la cuestión se vuelve subjetiva. Si en algún momento de la historia llegamos a describir genéticamente a un “individuo perfecto” (en términos galtonianos, a un individuo inteligente, vigoroso, que goce de buena salud), ¿debemos crearlo y permitir que se convierta en lo corriente dentro de nuestra especie? ¿Seríamos capaces de prevenir el impacto biológico de un hecho semejante? ¿Por qué este individuo sí debería existir frente a uno menos inteligente o vigoroso?

¿Ha puesto en práctica la eugenesia el ser humano en algún momento?

eugenesia

Hubo una “fiebre eugenésica” a finales del siglo XIX y principios del XX.

La respuesta es positiva si con eugenesia no referimos tanto a la idea galtoniana como a una eugenesia servil a ciertas ideologías, y si nos referimos a una eugenesia “a sabiendas de eugenesia” (es decir, con conocimiento de sus bases científicas) como a una eugenesia “ignorante” (desconociendo sus bases científicas).

Como hemos aludido anteriormente, las barreras reproductivas entre clases que han existido y existen en multitud de civilizaciones podemos considerarlas una suerte de eugenesia un tanto ideológica: las clases altas se reproducían entre sí y las clases bajas se reproducían entre sí porque el linaje de las primeras era “más puro” o “de sangre azul”. El cruce entre los diferentes tipos de clases queda prohibido. Aunque muchas veces se ejercía esta eugenesia como una especie de manera de proteger el “linaje”, el motivo principal solía ser la protección de las relaciones económicas y políticas.

Otro ejemplo, quizás el más tristemente famoso, lo podemos encontrar dentro de la ideología nazi. De hecho, la existencia de esta ideología y del “uso indebido” que hizo de la idea de eugenesia, y al vincularla al genocidio, logró que la palabra adquiriera connotaciones negativas y cayera poco a poco en desuso. La ideología nazi, la parte relacionada con la idea de pureza de raza y la exterminación del otro por mera “higiene racial” puede considerarse un plan eugenético a gran escala. La idea de eugenesia quedó vinculada a aspectos inmorales por parecer que “sugería” que los seres humanos no hemos nacido iguales o que desde nacimiento podíamos ser clasificados como mejores o peores.

Y un caso reciente que cabe dentro de lo que se puede considerar eugenesia (aunque se desconoce todavía el motivo oficial): “Casi 40 mujeres fueron esterilizadas ilegalmente en cárceles de California entre 2005 y 2011“. Estas reclusas fueron sometidas a una ligadura de trompas sin conocimiento pleno de las consecuencias o consentimiento previo. En este caso, los doctores encargados de practicarlas no proveyeron a las pacientes de información suficiente ni de los periodos de tiempo establecidos para dar el consentimiento o retractarse, impidiendo que se reprodujeran en un futuro.

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