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existe el libre albedríoSi te has hecho la pregunta de si existe el libre albedrío y has realizado una búsqueda en Internet por ello, probablemente te motive una cierta inquietud interior. Tal inferencia deriva del hecho de que esta pregunta forma parte de una de las Grandes Preguntas del ser humano, similar a si existe la voluntad y comúnmente planteada junto a otras tan misteriosas como la de si hay vida más allá de la muerte o la de si hay un sentido para la vida.

La existencia del libre albedrío ha sido explorada típicamente desde la filosofía y la religión. El punto de vista que adoptaremos hoy será el científico, en concreto, el de la neurociencia.

¿Qué es el libre albedrío?

Decimos que la pregunta sobre si existe la voluntad y la pregunta sobre si existe el libre albedrío son similares porque voluntad y libre albedrío van de la mano. Una definición sencilla del libre albedrío es la de aquella condición que brota de la aplicación de la voluntad, es decir, es aquello que surge cuando la persona es capaz de hacer constantemente aquello que quiere.

La percepción común de lo que es el libre albedrío, por tanto, está estrechamente ligada a la percepción común de lo que es la voluntad: nuestra capacidad para decidir conscientemente en cada momento y en base a nuestras preferencias. La voluntad es ese constructo que permite que podamos orientar nuestra vida a nuestro gusto. Se conoce como la “facultad de decidir y ordenar la propia conducta”, según nuestro diccionario.

El problema de la voluntad y el libre albedrío

En la mente colectiva existe, pues, esta idea de la voluntad como algo, un procesamiento, un pensamiento, que ocurre previamente a la conducta y del libre albedrío como algo supeditado a esa conducta voluntariosa.

existe el libre albedríoEl problema surge cuando precisamos concebir la voluntad. Haz el siguiente ejercicio: trata de imaginar un acto cotidiano en el que participe la voluntad y, por tanto, el libre albedrío. Probablemente te vengan a la cabeza cosas como “hoy elegí voluntariamente comer macarrones” u “hoy decidí empezar a hacer ejercicio”. Ahora haz otro ejercicio: trata de explicar ese fenómeno. Probablemente recurras a frases como “comí macarrones porque me apetecían más que una ensalada” o “simplemente me dije: «hoy empiezas a hacer ejercicio»”.

Dentro de nuestro pensamiento occidental comúnmente se concibe la voluntad como una “chispa” que de pronto prende en nuestro interior, como una especie de punto de inflexión que nos lleva a tomar una dirección determinada. La voluntad, pensamos, puede basarse en nuestra experiencia del pasado pero, por así decirlo, se trata de un chispazo que salta en el aquí y el ahora. Esa decisión propia, consciente, que brota del yo pensamos que es el eslabón inicial de una cadena de acontecimientos que no depende de nada más que de nuestro “yo”. Ahora mismo podrías decidir levantarte y pegar un salto, y sentirás y pensarás que nada más que la misma voluntad de querer dar un salto ahora mismo ha motivado esa conducta. Sabemos que existe la voluntad y el libre albedrío porque, si quisiéramos, ahora mismo podríamos coger el ordenador y tirarlo por la ventana. Quizás tratarían de impedírnoslo nuestros familiares a modo de fuerzas externas, pero el mismo inicio de la conducta seguiría siendo posible, demostrando que ese libre albedrío existe.

¿Por qué se ha mencionado, entonces, un problema? Porque el estudio de la voluntad desde una perspectiva científica nos aleja cada vez más de esa idea de la voluntad como una chispa interior que prende una serie de acontecimientos, de esa idea de la voluntad como el origen de una cadena de conductas que, pensamos, constituye el libre albedrío.

El experimento clásico de Libet y el cambio de concepción

existe el libre albedrío

Esquema del paradigma experimental que ideó Benjamin Libet.

El que quizás sea el mayor golpe para la concepción cotidiana e intuitiva que tenemos sobre la voluntad y el libre albedrío se esconde tras un nombre difícil: El Bereitschaftspotential o potencial de preparado. Aunque ya lo definimos extensamente en “¿Existe la voluntad?”, merece la pena retomar una descripción sencilla del mismo.

El potencial de preparado es una lectura que el encefalógrafo arroja momentos antes de que un sujeto declare que está realizando una acción de manera voluntaria. El tipo de experimento clásico bajo el que se obtiene, primeramente aplicado por Benjamin Libet, es un tanto enrevesado: un sujeto se sienta frente a una suerte de reloj en donde las manecillas no son líneas sino un punto de luz que se mueve siguiendo la circunferencia. Este sujeto cuenta con electrodos tanto craneales como musculares en su mano que miden la actividad electroencefálica de las áreas motoras y electromiográfica. Su tarea es sencilla: se le pide que pulse un botón con el dedo que tiene el electrodo cuando él lo quiera hacer. Sólo tendrá que señalar en qué posición se halla el punto de luz en el reloj cuando sintiese la voluntad de pulsar el botón.

El orden normal en que deberían suceder los acontecimientos, según la concepción cotidiana de la voluntad y el libre albedrío sería el siguiente:

  1. El sujeto siente la voluntad de pulsar el botón
  2. Se registra la actividad de las áreas motoras en el encefalógrafo
  3. Se registra la actividad muscular del dedo pulsando el botón en el electromiógrafo
  4. Se pulsa el botón.

No obstante, el orden de los factores no alteró el producto pero sí sacudió nuestra concepción de la voluntad. Los acontecimientos experimentales sucedieron de la siguiente manera:

  1. Se registra actividad en las áreas motoras correspondientes a la preparación del movimiento (lo que se bautizó como potencial de preparado) y su ejecución
  2. El sujeto siente la voluntad de pulsar el botón
  3. Se registra la actividad muscular del dedo pulsando el botón en el electromiógrafo
  4. Se pulsa el botón.

existe el libre albedríoEs decir, en esta tarea se interpretaron tales registros en el siguiente sentido: el cerebro del sujeto ya estaba preparando el movimiento antes de que éste sintiese la voluntad de ejecutarlo, por tanto, la voluntad no es el origen de la cadena de acontecimientos, sino un “simple” eslabón que ni siquiera pertenece a la cadena.

La nueva concepción de la voluntad y el libre albedrío que brota de los experimentos de Libet es la siguiente: la voluntad se trata de una sensación que emerge de la “traducción” a conceptos que sabemos manejar (en forma de lenguaje o imágenes) de eventos que están ocurriendo en nuestro organismo como respuesta a la complicada cadena de eventos anteriores (y que podemos decir que se inicia en el mismo momento en que somos concebidos). Esta sensación discurre de manera paralela a los comportamientos que efectuamos, no los origina. La voluntad no es, según el experimento de Libet, un comando precedente sino una traducción consciente de lo que está ocurriendo de manera inconsciente.

Por así decirlo, el experimento de Libet nos invita a concebir la voluntad como algo diferente: cuando uno piensa que va a comer macarrones, ese pensamiento o sentimiento no se trata del origen del hecho de que se termine comiendo macarrones. Esa sensación de voluntad de comer macarrones no es sino una “mera” traducción lingüística o a imágenes conscientes de procesos que están ocurriendo en el propio organismo y que nos están dirigiendo, invariablemente, a comer macarrones, como respuesta al complicado conjunto de estímulos precedentes.

Más allá de Libet: otros apoyos a la nueva concepción de la voluntad y el libre albedrío

Confiar el cambio de la concepción de algo tan importante para el ser humano como es la percepción de autodeterminación a un únicoexperimento no sería acertado. Debido a la repercusión de los resultados de Libet, nuevos grupos de investigación se lanzaron al estudio científico de la voluntad y el libre albedrío.

Relación entre la ocurrencia del potencial de preparado y la aparición de sensación de voluntad

Varios de estos grupos obtuvieron resultados que apoyaban las nuevas ideas de Libet. Por ejemplo, en “On the relation between brain potentials and the awareness of voluntary movements”, los autores exponen el hallazgo de la existencia de una relación entre el momento en que ocurre el potencial de preparado lateralizado (el potencial de preparado referente a la preparación del movimiento en una mano o en otra, no de cualquier movimiento) y el momento en que ocurre la percepción consciente de que se va a realizar ese movimiento de manera voluntaria: cuanto más se retrasaba esa toma de consciencia de la ejecución voluntaria, más se retrasaba el potencial de preparado, suponiendo esto una relación directa entre este potencial de preparado lateralizado y la ejecución consciente y voluntaria.

La pérdida de la “sensación de voluntad”

existe el libre albedríoOtro estudio reporta el impacto en la percepción de esta voluntariedad de una lesión en los lóbulos parietales. Los pacientes con lesiones en estas áreas cerebrales parecen tener dificultad en percibir esta “ilusión de voluntad” o esta “traducción consciente” de lo que ocurre inconscientemente en nuestro organismo.

En concreto, los pacientes con determinadas lesiones parietales pierden la capacidad de informar de la voluntariedad de ir a ejecutar un movimiento, pudiendo sólo informar de esta cuando el movimiento ya se está empezando a ejecutar.

Por así decirlo, no pueden enunciar lo siguiente antes de ejecutar el movimiento: “Voy a coger el tenedor para comerme estos macarrones”. Dentro de la nueva concepción de la voluntad, estos pacientes carecerían de ese “traductor a consciencia”, habrían perdido ese “puente” entre lo que está ocurriendo en su organismo en respuesta al complejo estimular interno y externo anterior y su consciencia. En cambio, sí pueden enunciar lo siguiente una vez cogido el tenedor: “He cogido el tenedor para comerme los macarrones”.

Según el modelo que defienden los autores de este estudio, los lóbulos parietales serían la base de representaciones motoras internas en la elaboración de movimientos. Una lesión en estas áreas impediría la elaboración de esas representaciones y, por tanto, el acceso a la consciencia de estar en proceso de ejecutar esas acciones. Este estudio resulta de importancia ya que parece introducir una diferenciación experimental entre lo que podríamos llamar voluntad biológica, esto es, la capacidad real del organismo para determinar una acción,y la voluntad psicológica o la capacidad para percibir conscientemente el constructo anterior. Los pacientes parietales tendrían reducida la esta última capacidad.

Esta reducción, como dato adicional, se relacionó en el mismo estudio con una disminución en la potencia registrada con EEG del potencial de preparado en los pacientes parietales. Aunque los autores son precavidos a la hora de interpretar este dato, sí que apuntan a la existencia de una posible relación.

Prediciendo la voluntad y el libre albedrío

existe el libre albedríoOtro interesante estudio fue más allá y se planteó probar la relación entre potencial de preparado como condición previa para la sensación de voluntad a través de la capacidad predictiva del mismo. Es decir, los investigadores se propusieron ser capaces de predecir cuándo un sujeto iba a enunciar tener sensación de voluntad para ejecutar un movimiento basándose en la aparición del famoso potencial de preparado en la lectura de su EEG.

El grupo establece que una población de 256 neuronas de la corteza motora suplementaria es suficiente para predecir, en determinadas pruebas, el inminente movimiento del dedo del sujeto experimental con una precisión mayor al 80% y unos 700 milisegundos antes de que el sujeto mismo enuncie que es consciente de que quiere mover su dedo.

Si una lectura bioeléctrica es capaz de anunciarnos que un sujeto va a sentir la voluntad de realizar una acción antes de que este mismo sujeto sea consciente de ello, elimina la posibilidad de que esa “sensación de voluntad” del sujeto sea el origen de todo el proceso de voluntad, al menos tal y como lo concebíamos hasta ahora.

¿Un resquicio de luz para la concepción clásica de voluntad y libre albedrío?

Aunque la nueva concepción que brota de los resultados de Libet parece más plausible en términos neurocientíficos que la intuitiva concepción de la voluntad como un etéreo evento, la chispa que origina nuestras acciones, esta visión o, al menos, el paradigma experimental en que se basa no está exenta de críticas razonables.

existe el libre albedríoEl primer talón de Aquiles del experimento de Libet y de los experimentos posteriores que bebieron del paradigma que éste estableció (problema que quizás hayas señalado tú mismo leyendo todo lo anterior) se halla en la dificultad misma de prender el constructo de la voluntad. ¿Cómo puede nadie saber cuándo tiene voluntad real de hacer algo? ¿Cómo puede determinar que “ahora sí” y “antes no” tal y como se solicita que distingan los sujetos experimentales en el paradigma de Libet? Según revisiones de este paradigma, por ejemplo, “When timing the mind one should also mind the timing: biases in the measurement of voluntary actions”, los participantes incurren en sesgos constantemente a la hora de juzgar el momento en que ocurren eventos concretos.

La comunidad científica no ha quedado ajena a ello, así que han surgido nuevos paradigmas experimentales para el estudio científico de la voluntad y el libre albedrío. En estos nuevos paradigmas no se recurre a la enunciación del sujeto experimental de su “sentimiento de voluntad” sino que se recurre a registros objetivos. Una amplia revisión de estos nuevos paradigmas puede hallarse en “Free Will and Neuroscience: From Explaining Freedom Away to New Ways of Operationalizing and Measuring It”.

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