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1007-5841-brain1_coverAunque lo que vamos a comentar hoy no atañe directamente a la biología del ser humano, sí atañe a nuestra especie debido a que el tema se vincula a uno de nuestros grandes deseos: la cuestión sobre si existe la inmortalidad. ¿Quién no se ha hecho preguntas acerca de nuestra naturaleza mortal? Durante siglos, el miedo a la muerte y las dudas que nos suscita ha sido un motor para nuestros pensamientos, para nuestro afán de descubrimiento y conocimiento y para nuestra capacidad creativa. Si existe la inmortalidad o no y si podemos alcanzarla son las cuestiones que vamos a plantear.

En el plano teórico, la respuesta a la segunda cuestión es positiva. Conocemos las bases biológicas del envejecimiento, no en su totalidad, pero al menos estamos seguros de que el envejecimiento es fruto de procesos biológicos que podremos comprender en un futuro una vez descubiertas todas las claves.

Ahora bien, la inmortalidad es un concepto que engloba a demasiadas cosas y se abre hacia nuevas cuestiones. La inmortalidad atañe a muchos planos. Podemos hablar de inmortalidad como atemporalidad, esto es, el no envejecimiento. También podemos hablar de inmortalidad como la supervivencia de nuestro cuerpo, o como la supervivencia de nuestra mente. ¿Qué significa para nosotros ser inmortal? ¿Que sobreviva nuestra “persona” a pesar de que muera el cuerpo? ¿O cuerpo y “persona” deben permanecer unidos para estar vivos?

Estas cuestiones anteriores se adelantan en mucho a los avances científicos de que disponemos, si bien la mayoría de estos se encaminan a lograr la atemporalidad o a retrasar el envejecimiento y fallos orgánicos advenidos por enfermedades. Pero nos resulta difícil detener a nuestra mente frente a estas cuestiones. Si quieres enredarte en ellas, puedes darte una vuelta por el juego de dilemas del que hablamos en “Staying Alive: test sobre la identidad personal“.

¿Y qué hay de la primera pregunta que planteamos? ¿Qué hay sobre si existe la inmortalidad o no en la naturaleza? Aunque resulte sorprendente, la respuesta es sí.

existe la inmortalidadTurritopsis dohrnii: existe la inmortalidad

La naturaleza nunca dejará de sorprendernos; es un hecho que comprobamos a diario. Pero hay momentos en que parece que la naturaleza se propone dejarnos boquiabiertos de las maneras más inverosímiles. Una muestra más de ello es la turritopsis dohrnii o turritopsis nutricula, una especie de medusa que se ha descrito como inmortal.

Esta especie de medusa que habita en el Mar Mediterráneo y Japón es el único ser técnicamente inmortal en su acepción de atemporalidad documentado hasta la fecha: un único ser que es capaz de vivir para siempre. ¿Cómo lo hace? ¿Cuál es su truco? La inmortalidad de la turritopsis dohrnii se debe a que es capaz de volver a su estado de pólipo (algo así como un estado larvario) una vez que ha alcanzado la madurez sexual. ¿Cómo lo logra? Mediante un proceso biológico bastante original denominado transdiferenciación, por el que una célula madura es capaz de transformarse en una célula madura de otro tipo.

existe la inmortalidadAunque se cree que otras especies de medusas son capaces de mostrar este retorno a estado de pólipo, sólo en la turritopsis dohrnii ha sido sistemáticamente observado. La tabla adjunta pertenece a un estudio llevado a cabo por la Universidad de Kyoto. En ella podemos ver que las medusas “renacían” aproximadamente cada dos meses y que se logró mantener este proceso hasta diez ciclos de ida y vuelta.

¿Por qué la naturaleza ha ingeniado algo así? ¿Por qué existe la inmortalidad en esta especie? La respuesta a por qué existe la inmortalidad en esta especie puede entenderse como una estrategia de supervivencia más, aunque peculiar como ninguna. El alto índice de mortalidad de esta especie debido a enfermedades, a la “fragilidad de su salud” ante variaciones ambientales y al ser presa fácil de tantas especies son hechos que han operado a favor de la obtención evolutiva de esta sorprendente habilidad. ¿Quién no la quisiera para sí?

¿Puede la turritopsis dohrnii enseñarnos algo?

La pregunta que nos asalta ante tales sorprendentes hallazgos y al confirmar que sí existe la inmortalidad en la naturaleza, cómo no, es la siguiente: ¿podemos aplicar algo de la naturaleza de esta medusa a nosotros, los humanos?

existe la inmortalidad

El ciclo vital de la turritopsis dohrnii. En verde, el ciclo reproductivo “normal”. En rojo, el ciclo de transdiferenciación.

Aunque la transdiferenciación en la medusa es “fácil” porque la medusa es un ser infinitamente más simple que el ser humano (a pesar de la complejidad que entraña cualquier forma de vida, por simple que sea), lo cierto es que sí hemos logrado aprender algo de su naturaleza y aplicarlo con fines terapéuticos. Hemos logrado, por ejemplo, convertir células del hígado en células secretoras de insulina que pueden ayudarnos a tratar ciertos tipos de diabetes.

Lograr la transdiferenciación humana de modo que seamos capaces de devolver a un ser humano maduro a su estado de bebé es una idea atractivísima, pero quién sabe si  alcanzable. Y, de alcanzarla, cabe preguntarse cuál sería exactamente el logro. “Volver” a ser bebés implicaría perder nuestra experiencia, personalidad, memoria, etc. Sobreviviría nuestro cuerpo pero gran parte de nosotros no sería capaz de “salvarse”. Volveríamos a crecer y seríamos capaces de volver a ser sexualmente maduros y a tener nuevos hijos cada ciclo. Nuestra carga genética sería capaz de extenderse durante más generaciones y más tiempo, pero debido a nuestra resistencia y flexibilidad comportamental mayor, el impacto ambiental sería gigante.

Hay que tener en cuenta que probablemente existe la inmortalidad para esta medusa porque el hecho de que un individuo maduro sea capaz de tener descendencia, “rebobinar” y volver a tener desdendencia implica equilibrio más que desequilibrio ecológico debido a que su mortandad es tan grande que el “mecanismo corriente” de madurar-reproducirse-morir no es suficiente para mantener su población.

La transdiferenciación no implica grandes cuestiones para la turritopsis dohrnii pero para nosotros implicaría grandes interrogantes.

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