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genes y personalidadHablar de genes y personalidad parece una mezcla extraña. Los genes nos suenan a la concreción más pura y exacta de nuestra biología, de que somos cuerpo, células, química y materia. En cambio, la personalidad parece eso que “está en nosotros”, algo más cercano al “espíritu” y la “esencia” de nuestro ser, algo que no es material ni concreto: es “eso que somos”, algo nada concreto. Si juntásemos ambos conceptos en un tarro mental, la mezcla resultante probablemente sería la del agua y el aceite. ¿Acaso hay genes que determinan “eso que soy”? ¿Cómo puede un código químico influir en mi personalidad?

No obstante, el hecho de que la vinculación de ambos conceptos nos pueda chirriar es resultado, quizás, de una concepción errónea más que de otra cosa. Si comenzamos a desgranar el concepto “personalidad”, pronto nos daremos cuenta de que está compuesto por cosas concretas, abarcables, verificables, concebibles y supeditada a hechos materiales (biológicos) que nos permitirán ver de una manera clara cómo la relación entre genes y personalidad es posible y, además, obligatoria.

Genes y personalidad: ¿cómo se relacionan?

genes y personalidadHemos dicho, pues, que el problema al contemplar la relación entre genes y personalidad está en el concepto “personalidad”. Sabemos de sobra qué son los genes (secuencias de nucleótidos en nuestras cadenas de ADN que codifican la “receta” de moléculas que soportan procesos necesarios para la vida). El problema está, al parecer, en que eso parece quedar bien lejos de la forma en que concebimos la personalidad: es algo que nos suena inmaterial, sin moléculas, sin células, sin química. Una mera percepción de nosotros mismos, de los demás.

A pesar de ello, podemos y debemos cambiar nuestra forma de concebir la personalidad, y veremos que es algo necesariamente vinculado a elementos biológicos como los genes (¡como todo en nosotros!). La personalidad, aunque su definición y operativización a veces resulta problemática para la investigación, es comportamiento.

Acudamos al Diccionario de la Asociación Americana de Psicología (APA). Este define la personalidad como el conjunto de diferencias individuales existente en los patrones característicos de pensamiento, sentimiento y comportamiento. Es decir, todos los seres humanos pensamos, sentimos y nos comportamos. La personalidad sería el concepto que engloba todas aquellas diferencias características de la persona en el modo en que piensa, siente y se comporta.

Por ejemplo, podemos considerar a una persona como extravertida, curiosa y divertida. Ese amalgama de adjetivos que consideraríamos como parte de su personalidad no es sino el resultado del examen de su comportamiento a lo largo del tiempo, comparativamente y dado en una frecuencia relativamente mayor a otras conductas. Ese amalgama de adjetivos se construye a partir del comportamiento del individuo cumpliendo algo así como unos criterios de consistencia temporal y entre situaciones. Es la personalidad, en definitiva, como la constante con que podemos percibir el comportamiento de un individuo, un leit motiv en la forma de comportarse que nos permite, además, hacer predicciones acerca de cómo se comportará en un futuro en determinadas situaciones.

genes y personalidadSi aceptamos, retomando la definición de la APA, que el pensamiento y el sentimiento son, al fin y al cabo, comportamientos (no explícitos, aunque pueden inferirse a través de variables que los operativizan) en su concepción más amplia, podemos decir, en resumen, que la personalidad es una forma característica de comportarse de la persona, en diferentes ámbitos, en diferentes situaciones, que aunque no implique comportarse siempre de la misma forma invariablemente (puesto que hay variables que intervienen y modulan un comportamiento concreto), sí parece establecer unos márgenes para la conducta “normal” y esperable del individuo. La personalidad es ese “saco” de comportamientos de la persona que nos permite establecer cómo suele comportarse (qué es lo normal en ella) y hacer inferencias de cómo va a comportarse (puesto que es lo normal en ella).

Si la personalidad es un “saco” de comportamientos que diferencian a unas personas de otras, entonces la relación entre genes y personalidad es la misma relación que existe entre los genes y cada una de las conductas concretas que nos permiten construir la personalidad de una persona. Es decir, la relación entre genes y personalidad existe porque la personalidad es un conjunto de comportamientos y los comportamientos, como sabemos y según nos ha enseñado la genética del comportamiento, dependen en parte de la expresión genética.

¿Cuánto “hay de genes” en nuestra personalidad?

Aunque sabemos de sobra que no existen genes que codifican por sí mismos comportamientos complejos (no existe ni mucho menos el gen de “Ser Amable” o el gen de “Ser Arisco”), sí sabemos que nuestros comportamientos dependen en parte de la existencia de un determinado genotipo cuya expresión da lugar a un sustrato fisiológico que permite química y físicamente el comportamiento. 

genes y personalidadSi podemos dar una patada a una lata cuando caminamos por la calle es porque disponemos de huesos, músculos y procesos metabólicos que nos permiten obtener energía para mover esos huesos y músculos y de un cerebro para coordinar el movimiento así como para tener el deseo y la motivación de atizarle a la lata; y ello, en parte, depende de que se hayan expresado genes para disponer de esos músculos y huesos y de un metabolismo que determine la fuerza con que podemos dar esa patada. Del mismo modo, si los seres humanos podemos ser amables, simpáticos, extravertidos, etc. es porque disponemos de una serie de estructuras biológicas que nos permiten serlo, aunque estas estructuras biológicas puedan ser menos evidentes que, por ejemplo, una pierna.

¿Qué estructuras biológicas basan los comportamientos que nos permiten definir una personalidad? Hablamos, por ejemplo, de circuitos neuronales que registran la experiencia pasada (memoria y aprendizaje), de circuítos corticales prefrontales que modulan procesos de ajuste social y de planificación a largo plazo, de las sustancias químicas que modulan esos procesos, de su disponibilidad en el organismo, de la amígdala y su vinculación a la expresión de ira o miedo, y un larguísimo etcétera. Las diferencias en estos sistemas biológicos dan lugar, en parte, a las diferencias de nuestras personalidades.

Es decir, por ejemplo, que aunque no existe el “gen de la amabilidad”, sí que disponemos de un conjunto de genes que codifican el conjunto de estructuras biológicas (químicas y físicas) que permiten a la persona comportarse amablemente (por ejemplo, un conjunto de musculatura que le permite sonreír), así como desear comportarse amablemente (por ejemplo, las estructuras neuronales que codifican la información de la experiencia en forma de recuerdos que permiten a la persona “guardar” recuerdos agradables sobre el mundo y el resto de personas), así como experimentar emociones que le hagan más tendente a ser amable (por ejemplo, las estructuras cerebrales que vinculan emoción y recuerdo); y, por tanto, ser considerada como “de personalidad amable”).

genes y personalidadDe esas estructuras fisiológicas pueden brotar diferencias individuales en función a cómo se hayan “configurado” debido a la expresión genética. Siguiendo con el ejemplo, la mayoría de los seres humanos podemos dar una patada a una lata, pero no daremos la misma patada. Unos lo haremos con más o menos fuerza en función de nuestra potencia muscular y de la naturaleza de nuestros músculos, cosas que dependen, en parte, de la expresión genética. Asimismo, todos los seres humanos tenemos personalidad, pero no la misma personalidad.

La obtención de ese sustrato fisiológico que nos permite comportarnos de un modo concreto o ser más tendentes a “ser” de una determinada manera (el fenotipo) y, por tanto, ser “dueños” de una determinada personalidad depende de nuestro genotipo, al igual que ocurre, aunque de manera un poco más simple, con nuestros rasgos físicos.

La obtención de ese fenotipo, no obstante, no depende unilateralmente de nuestro genotipo, sino que está supeditada a otros elementos. Bien sea porque en la expresión genética que configura sus bases fisiológicas intervienen influencias ambientales (por ejemplo, nutrición o exposición a patógenos), o bien sea porque este fenotipo (el modo de comportarnos y “ser”) se hallará modulado por influencias culturales, educativas y por el rico conjunto de experiencias que componen nuestra vida.

Entonces, ¿se hereda la personalidad?

genes y personalidad

Las tres primeras columnas indican el porcentaje de varianza (la cantidad de “cambio” entre un individuo y otro que podemos atribuir a un factor concreto) que explican los efectos aditivos de los genes (a), el ambiente común (c) y el no común (e).

Habiendo entendido que la relación entre genes y personalidad existe pero que está lejos de ser determinante, la pregunta ahora es qué nos ha enseñado la investigación acerca de “cuánta” personalidad está codificada en nuestros genes. ¿Cuánto hay de genes en la personalidad y cuánto hay de ambiente y cultura? ¿Cuánta “natura” y cuánta “nurtura” hay en la personalidad? ¿Con cuánta personalidad se nace y cuánta se hace? Es decir, al fin y al cabo, la pregunta es qué parte o cuánta de nuestra personalidad será “mero” resultado de la herencia de nuestros padres

Como buena parte de la investigación en genética de comportamiento, el estudio de la genética de la personalidad se ha llevado a cabo con gemelos tanto monocigóticos (100% del genoma compartido) como dicigóticos para conocer cómo influye la cantidad de genes compartidos con la “cantidad” de personalidad compartida, y con gemelos adoptados por familias diferentes o criados en la misma familia para conocer cómo influye el ambiente compartido en la “cantidad” de personalidad compartida en personas con un genoma tan similar.

Aunque la investigación aún incurre en ciertos problemas metodológicos, existen ciertos patrones en los resultados. Ésta se ha centrado mayoritariamente en el estudio de las denominadas Cinco Grandes, las cinco variables en torno a las que existe cierto acuerdo como componentes definitorios de una personalidad, siendo estas Extraversión, Afabilidad, Tesón, Neuroticismo y Apertura a la Experiencia..

Estudios que establecen la correlación de las medidas de estas variables en gemelos monocigóticos y dicigóticos indican que estas son aproximadamente el doble en monocigóticos que en dicigóticos. Es decir, según estos estudios, cuando un gemelo monocigótico es extravertido, es más fácil encontrar que su gemelo sea también extravertido que si esta pareja fuese dicigótica o si los hermanos no fuesen gemelos o que si fuesen hermanos adoptivos, lo cual es un indicio de que en la personalidad importa la herencia genética.

¿Cuál es la heredabilidad de estos factores de la personalidad?

La heredabilidad de un rasgo indica en qué proporción los genes están dando lugar a las diferencias entre individuos. Indica qué porcentaje de la variación en los rasgos de dos individuos (en este caso de la personalidad) se debe a causas genéticas*. Un porcentaje alto de heredabilidad indica que en la variación del rasgo (por ejemplo, la distancia en el rasgo entre un individuo extravertido a uno introvertido) tienen protagonismo los genes mientras que un porcentaje bajo de heredabilidad indica que en ella interviene principalmente el ambiente. En las diferencias en los rasgos de personalidad, ¿qué explica más porcentaje de esas diferencias? ¿Los genes o el ambiente?

genes y personalidad

No debe confundirse la heredabilidad con la determinación genética. Al considerar la variación entre la altura de dos tallos del tiesto de la izquierda, la variación depende totalmente de los genes (heredabilidad 100%) porque el ambiente es el mismo (uniform nutrient solution: normal). En cambio, si consideramos la variación de la altura entre un tallo del tiesto izquierdo y uno del derecho, el porcentaje de heredabilidad disminuirá debido a que las variables ambientales (nivel normal de nutrientes vs. nivel deficiente de nutrientes) pasan a explicar parte de la varianza. Lo que indica la heredabilidad es la cantidad de variación de la cual tiene “culpa” los genes.

La heredabilidad* de los rasgos de personalidad se sitúa en torno al 40%-50% (una muestra de estos resultados está en la tabla adjunta). Este porcentaje indica que el 40-50% de la variación entre la personalidad de dos individuos (la mayor parte de esta) se puede atribuir a factores genéticos (que no es lo mismo que decir que el 40-50% de la personalidad de un individuo se debe a factores genéticos). Los factores ambientales no compartidos explicarían en torno al 30% y los compartidos en torno al 20% o menos.

Este porcentaje NO nos está indicando que existe un 50% de posibilidades de heredar la personalidad o que compartiremos el 50% de nuestra personalidad con nuestros padres. Este dato de la heredabilidad nos indica que, cuando vemos que una persona es extravertida y otra es introvertida, la mayoría de ese cambio se debe a cuestiones genéticas y la minoría por cuestiones del ambiente compartido o no compartido.

*Nota: Hay que tener especial cuidado al comprender el concepto de heredabilidad y saberlo diferenciar del de determinación genética. La determinación genética se refiere a que los genes determinan un rasgo. La heredabilidad, en cambio, se refiere a la causa de la variación en una característica. Una h alta indica que esa variación es explicada en gran parte por los genes, mientras que una baja indica que la principal importancia la tiene el ambiente. Es el ratio de variación por causas genéticas que existe en la variación total, y puede ser de 0% a 100%.

Por ejemplo, el número de dedos en nuestras manos está genéticamente determinado: nuestros genes codifican cinco dedos en la mayoría de las personas. Eso no quiere decir que su heredabilidad sea alta. De hecho, la heredabilidad del número de dedos es más bien baja. ¿Por qué? Porque cuando nos encontramos con individuos con 6 dedos, la razón suele haber sido una variable ambiental extraña (por ejemplo, exposición a alguna sustancia química perjudicial durante el desarrollo) La heredabilidad es 0, indicando que toda la “culpa” en la variación del número de dedos la tiene el ambiente.

Ejemplo tomado de “How Heritability Misleads about Race

Lee más en “Genetic and environmental influences on observed personality: evidence from the German Observational Study of Adult Twins“ y “Genes, Environment and Personality

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