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March-Phenomenon-50-Shades-of-Gray-Matter-631.jpg__800x600_q85_cropEl índice de masculinidad, el ratio de masculinidad o el ratio de sexos expresa la razón de hombres frente a mujeres en un determinado territorio, sociedad o grupo cualquiera.

Imasc=100 x nº hombres/nº mujeres

Su resultado es un porcentaje. Pongamos un sencillo ejemplo: digamos que una clase está constituida por 13 niños y 20 niñas. El índice de masculinidad de esa clase sería: Imasc = 100 x 13/20 = 65%, y nos indica que hay “escasez de hombres” o “exceso de mujeres”

Este índice calculado en base a la población humana mundial parece mantenerse en un cierto equilibrio (aunque, como vimos, la naturaleza crea mujeres por defecto), cercano a una proporción 1:1, por razones que aún se tratan de concretar. No obstante, el índice de masculinidad varía en función de qué grupo tengamos bajo nuestra lupa y en función del momento en que hagamos esa observación. Por ejemplo, si observamos a la población mundial mayor de 80 años, el índice de masculinidad cae en picado (por el consabido tema de la mayor longevidad femenina), o si observamos a una población de entre 20-30 años en una país que participara en la Segunda Guerra Mundial, también veríamos un índice de masculinidad disminuido.

índice de masculinidad

Rosa: países con un índice de masculinidad menor que 1 (más mujeres que hombres). Azul: países con un índice de masculinidad mayor que 1 (más hombres que mujeres). Verde: países con un índice de 1. Gris: sin datos.

También, claro está, el índice de masculinidad varía según la especie que estemos observando. Este ratio se ha comprobado que afecta al comportamiento sexual de ciertas especies y que incluso influye en la viabilidad de su sistema reproductivo (conoce más sobre sistemas reproductivos en “Monogamia: ¿tiene sentido en el ser humano?“), y viceversa. Así, por ejemplo, encontramos que ciertas especies de aves practican la poliandria (una hembra selecciona a un grupo de machos con los que se aparea) o poliginia (un macho selecciona al grupo de hembras con que se aparea) según el índice de masculinidad sea bajo o alto.

El índice de masculinidad es, pues, variable, y depende de multitud de factores (naturales, coyunturales e incluso políticos o económicos). A su vez, el índice de masculinidad es capaz de incidir en el comportamiento exhibido por ciertas especies por diversos motivos (ya sea por factores “programados” genéticamente como por conductas propiciadas por la mayor abundancia de un género). La pregunta que lanzamos aquí es si este índice de masculinidad es capaz de influir también en nuestro comportamiento.

Un estudio clásico sobre el índice de masculinidad: “Las consecuencias económicas de demasiados hombres”

Que el índice de masculinidad se halle en un equilibrio x es algo deseable en la naturaleza. Cada especie y momento tiene su índice de masculinidad ideal. Cuando por alguna causa ese ideal se halla en desequilibrio parece como si la sociedad o la especie mediante sus “trucos biológicos” trabajase por recuperarlo, para situarse en un punto de viabilidad (esa fuerza de presión denominada “Selección Natural”). Demasiados machos o demasiadas hembras, alejarse del índice de masculinidad ideal en una sociedad o ecosistema puede ser negativo e incluso catastrófico. Es un tema que concierne a la viabilidad de la especie.

Existen estudios que constatan cómo el índice de masculinidad influye en nuestro comportamiento reproductivo (aunque ya sabemos que este comportamiento en el ser humano es muy complejo), por ejemplo, haciéndonos menos tendentes al matrimonio cuando el índice es bajo, es decir, cuando existe un exceso de mujeres, y viceversa.

Pero el índice de masculinidad no sólo parece afectar a nuestro comportamiento reproductivo o como especie en general, sino como individuos que ejercen actividades tan artificiales como las económicas (aunque estas puedan tener un eco reproductivo).

El estudio “The Financial Consequences of Too Many Men: Sex Ratio Effects on Saving, Borrowing, and Spending“ es un ejemplo de ello. En él, el equipo de investigación examinó la correlación entre el índice de masculinidad y el comportamiento económico de los estadounidenses pertenecientes a núcleos urbanos diferentes.

El estudio parte de la idea de que debido a que la especie humana es mayoritariamente monogámica, al menos en Occidente, y de que por tanto el equilibrio ideal se hallará en un índice de masculinidad de 1:1 aproximadamente, y añadiendo el hecho de que el coste de supervivencia de nuestra descendencia es elevado (necesitamos mucho tiempo y esfuerzo para sacar adelante a nuestras “crías”, están lejos de salirnos gratis biológica y económicamente) el desequilibrio en el índice de masculinidad debe tener un impacto considerable en nuestro comportamiento. Una escasez de hembras o una escasez de machos debería recrudecer la lucha por acceder a una pareja reproductiva.

En la mayoría de los mamíferos, el éxito reproductivo masculino está más afectado que el de las hembras por la cantidad de machos disponibles. Por así decirlo, una hembra sólo puede ser fecundada una vez cada x tiempo. Su reproductividad tiene fijo ese límite debido a que durante la gestación no puede volver a ser fecundada. En cambio, un macho puede fecundar hembras sin más límite que su energía física. Por esto, se espera que el efecto de un índice de masculinidad elevado (exceso de machos) sea más prominente que el de un exceso de hembras.

La lucha por el acceso a la reproductividad, por así decirlo, se espera más “cruda” cuando los índices de masculinidad son altos (exceso de machos). Cuando el índice de masculinidad es bajo, por contra, se espera una lucha menos encarnizada debido a que los machos tienen una menor presión por acceder a las hembras.

Pero esas palabras están muy bien para un documental sobre naturaleza. ¿Cómo se desarrolla esa lucha en un entorno regulado por leyes y moral como el nuestro, en donde la violencia frente al prójimo es castigada? Parte de la respuesta, según este estudio, está en el ámbito de lo económico, por lo que esa “lucha recrudecida” debería reflejarse en la manera en que gastamos o ahorramos.

¿Gastamos según el índice de masculinidad?

The Financial Consequences of Too Many Men: Sex Ratio Effects on Saving, Borrowing, and Spending” y los subestudios que lo componen afirman que existe correlación positiva entre el índice de masculinidad y variables tales como:

  • La cantidad de deuda. A mayor índice de masculinidad en una ciudad (exceso de hombres frente a mujeres),  mayor nivel de deuda individual.
  • Número de tarjetas de crédito. A mayor índice de masculinidad en una ciudad (exceso de hombres frente a mujeres),  mayor número de tarjetas de crédito.
  • Recompensa inmediata pequeña vs. recompensa grande demorada. A mayor índice de masculinidad percibido (exceso de hombres frente a mujeres),  mayor elección de recompensas inmediatas por parte de los hombres.
  • Cantidad de ahorro. A mayor índice de masculinidad percibido (exceso de hombres frente a mujeres),  los hombres ahorraron un 40% que en situaciones de “menor masculinidad”.
  • Préstamos solicitados. A mayor índice de masculinidad percibido (exceso de hombres frente a mujeres),  los hombres solicitaron préstamos un 80% mayores que en situaciones de “menor masculinidad”.
  • Expectativas de gasto. A mayor índice de masculinidad percibido (exceso de hombres frente a mujeres),  más gasto se espera de los hombres en situaciones relacionadas con el acceso a una pareja (por ejemplo, cena en un restaurante romántico, regalo de San Valentín, etc.)

El estudio empleó estas medidas como operadores de las variables “impulsividad económica” y “deseo de acceso a recursos económicos“. Cuanto mayor es el número de hombres frente al número de mujeres, el comportamiento económico se vuelve más impulsivo. Los autores sostienen que esta impulsividad puede considerarse una competitividad incrementada entre los hombres para aumentar sus posibilidades de acceso a una pareja reproductiva.

Una cuestión interesante que brota de estos estudios es cómo el índice de masculinidad llega a influir en estos comportamientos. En la ciudad no tenemos aparatos que nos indiquen el índice de masculinidad con que hemos amanecido así como hay termómetros que nos indican la temperatura. Es difícil que el índice de masculinidad nos afecte per sé¿Cómo “nos damos cuenta” del ratio como para que pueda influir en nuestro comportamiento? ¿Con qué variables podemos operativizar la percepción del índice de masculinidad?

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