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PFCEn más de una ocasión hemos hablado en antroporama de la corteza prefrontal. Nos hemos referido a esta sección del cerebro sita en nuestra frente como la región característicamente desarrollada del cerebro humano, e incluso hemos hablado en “Caso: Phineas Gage, las emociones extirpadas” de un caso histórico en donde esta región del cerebro resultó dañada. Ya tardábamos en dedicarle un post exclusivo a este área de nuestro cerebro.

Corteza prefrontal, área de asociación

La mayoría de la corteza prefrontal puede describirse como un área de asociación, esto es, esas áreas cerebrales que reciben aferencias de otras áreas para, a grandes rasgos, procesarlas en conjunto. Este área, a diferencias de las sensitivas y motoras, no reciben la mayor parte de la información que manejan del medio ni sirven para mover partes del cuerpo. Reciben la información de otros sistemas para resolver problemas de una índole muy concreta que nos interesa aquí: los problemas de índole social.

Este centro, como puede intuirse, funciona como una especie de mediador adaptativo que nos permite ajustar nuestras actuaciones a diversas variables en las que no “piensan” los sistemas que recogen y procesan la información en un primer momento, variables como el largo plazo, los planes, los costes-beneficios y las reglas del grupo.

decisionLa corteza prefrontal asocia información sensitiva, motora, de memoria y emocional, permitiéndonos una toma de decisiones más adaptativa que si no dispusiéramos de este centro mediador. Piensa en las consecuencias de la falta de una “puesta de acuerdo” de estas informaciones y el impacto que tendría. El comportamiento que puedes adivinar se parecerá probablemente al de un animal que, por ejemplo, responde con un mordisco a un descuidado pisotón de su dueño o al del famoso Phineas Gage: impulsividad y falta de perspectiva. Este centro es también el que nos permite acciones cotidianas de decisión, como terminar de llevar el plato que nos quema los dedos a la mesa antes de soltarlo y dejar que se estrelle en el suelo: un rápido procesamiento nos indica que sin duda es mejor quemarse un poquito que tener que recoger el estropicio del suelo y perder la comida preparada. Así mismo, cuando a nosotros nos pisa otra persona, actuamos muy diferente a como hace un perro: no ponemos en marcha una respuesta de defensa (aunque en lo profundo de nuestro ser de verdad nos apetezca devolverle el daño) porque sabemos que probablemente el tipo desconocido no nos haya pisado adrede (nos acogemos a las reglas del juego social aprendido, “por regla general las personas no van haciendo daño por ahí sin motivo”) y porque probablemente una respuesta violenta nos generaría un conflicto mayor que el que nos supone “tragarnos nuestra ira” y seguir nuestro camino (ponemos en perspectiva una cadena causal y pensamos contrafactualmente).

Juicio y moralidad

Pillars-of-MoralityRevisando lo anterior, la conclusión es clara: la capacidad de juicio y moralidad del ser humano parece radicar en este área que pone de acuerdo informaciones de diversa índole y resuelve conflictos. Este área es la que nos permite vivir en sociedad de una manera armónica (unos más que otros), nos permite, por ejemplo, no “dejarnos llevar” por las hormonas y asaltar al individuo que nos resulte atractivo por la calle, aceptar normas cívicas y confiar en el otro.

Parece que el argumento principal es este: la corteza prefrontal nos permite controlar los impulsos que nos “asaltan” permitiéndonos darle “una segunda vuelta”, entendiendo impulsos como las reacciones rápidas que nos causan estímulos. Esta área, no obstante, a menudo es descrita como el área de control de las emociones. Históricamente eso ha parecido ser lo deseable en el ser humano: el individuo cabal, frío que domina sus pasiones. No obstante, religiones o sistemas morales que promueven el rechazo de las emociones no podrían estar más equivocados: en este área participan de manera importante las emociones. Muestra primera de ello son las importantes conexiones que mantiene con uno de los centros más vinculados con la elicitación de emociones que ya te sonará: la amígdala. Y muestra segunda son las consecuencias que tienen las lesiones de este área en la toma de decisiones. Recordaremos por “Las bases neurofisiológicas de Juan Sin Miedo” que las lesiones de amígdala provocaban una carencia de memoria emocional, esto es, la incapacidad de vincular emociones a eventos que nos ocurren.

La falta de conexiones con la fisiología de la emoción en estos procesamientos nos convertiría precisamente, según se ha comprobado experimentalmente, en seres poco juiciosos y morales. Seríamos incapaces de incorporar una variable como el malestar o el bienestar personal que nos provoca una determinada acción, teniendo esto consecuencias un tanto amargas, eliminándose, por ejemplo, la empatía (la capacidad de sentir lo que siente el otro), cuando uno de los considerados pilares de la moralidad es precisamente ese, la empatía. Seríamos poco capaces de actuar bajo ese “no quieras para el otro lo que no quieras para ti” básicamente porque no sabríamos por qué no lo querríamos para nosotros, ya que los sentimientos negativos de tristeza, ansiedad, miedo o ira que podrían provocarse en el otro no estarían presentes en este proceso de decisión. No “computarían”.

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La corteza prerontal ventromedial recibe múltiples aferencias de la amígdala.

Debe quedar claro lo siguiente: la carencia funcional de la corteza prefrontal que pone en común memorias, emociones, sensaciones, etc; no significa que los individuos que la padezcan no tengan memoria, sensaciones o emociones. Si la deficiencia funcional no viene de nacimiento sino que se debe a lesiones posteriores a la socialización, el individuo conocerá perfectamente las reglas sociales y lo que es moral y no lo es; tendrá emociones positivas y negativas como cualquier individuo normal y recuerdos de su vida. El problema viene a la hora de poner esta información en juego para una toma de decisiones sea de índole social como acabamos de examinar o de índole, por ejemplo, económica. La carencia o mal funcionamiento de estos circuitos que unen emociones negativas con, por ejemplo, una decisión económica de alto riesgo unida, además, a una falta de consideración de las consecuencias que puede tener para él y su familia, hará que el individuo se comporte de manera impulsiva y desmesurada. Tal fue el caso de Phineas Gage que acabó muriendo en la ruina.

Ventaja evolutiva

Si disponemos de un área dedicada a estos temas tan desarrollada se debe a que ha supuesto una ventaja evolutiva. Su utilidad para conformarnos como seres societales es indudable. Podría decirse que sin el desarrollo de la corteza prefrontal seríamos poco capaces de mantener una sociedad sin constantes conflictos. Los individuos que careciesen de este rasgo probablemente acabaron paulatinamente aislados.

evolutioncompareA pesar de que este área presenta su mayor desarrollo en seres humanos, esto no significa que otros animales carezcan de ella. Estudios con primates han demostrado que disponen de un procesamiento similar, aunque más simple, que les hacen incurrir en comportamientos similares aunque a “menor nivel”. Los citados pilares de la moralidad de reprocidad y empatía se reconocen en ciertos mamíferos, aunque sean sustentados únicamente por procesos filogenéticamente tan antiguos como la memoria emocional. Se puede decir que ciertos animales tienen un principio de eso que nosotros llamamos moral, aunque son incapaces de declararla o entenderla.

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