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El número de marzo 2013 de la revista National Geographic trae un artículo muy interesante sobre los homínidos más similares al hombre.

El hombre pertenece a la orden de mamíferos primates, a la familia de los homínidos, a la que también pertenecen orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos, siendo estos dos últimos los que más parecido genético tienen con nosotros, presentando sólo una diferencia en el 1’2% de los pares de bases de su ADN.

El artículo está centrado en las poblaciones de estos simios a ambos lados del río Congo, los chimpancés a la derecha, los bonobos a la izquierda, concretamente en las diferencias de comportamiento que presentan cuando son filogenéticamente tan próximos. Bien puede ser considerado como una muestra de la plasticidad del comportamiento que otorga el desarrollo del encéfalo y de que la violencia no es la forma de solucionar problemas que nos viene dada por naturaleza, como siempre adjudicamos al ser humano, sino que esta depende mucho del entorno en que la especie deba sobrevivir.

El artículo llama a los bonobos los chimpancés pacifistas.

A grandes rasgos, lo que los investigadores observaron en esas poblaciones fueron las diferencias sociales: los chimpancés establecen una sociedad jerarquizada gobernada por un macho alfa que adquiere su posición y la impone por medio de la violencia y la intimidación, los machos construyen fuertes coaliciones para defender “sus intereses”, someten a las hembras y resuelven sus conflictos de manera violenta. Los bonobos, por contra, son pacíficos, resuelven sus conflictos mediante relaciones sexuales y las hembras comparten el poder, el cual consiguen afianzando relaciones sociales. Y todo esto sólo con una diferencia geográfica impuesta por el ancho del río Congo.

Pero fue precisamente esta diferencia geográfica relativamente mínima la clave para generar dos comportamientos tan diferentes. En anteriores épocas, las tierras colindantes del Congo eran territorio de gorilas además de bonobos y chimpancés. Una sequía en África Central (datada en 2’5 millones de años atrás) acabó con las plantas que servían de alimento para los gorilas, por lo que tuvieron que migrar a la orilla derecha del río. Desde entonces han competido con los chimpancés de ese área por la comida, mientras que los bonobos han “tenido la suerte” de no convivir con ninguna especie que reduzca la cantidad de alimento que tienen disponible.

Esto provocó que los bonobos, en su abundancia, no tuvieran que competir por el acceso y el control de los recursos. La Selección Natural, en cambio, favoreció la supervivencia de los chimpancés con comportamientos violentos y defensivos en la orilla derecha, y así se han mantenido en esa región hasta nuestros días.

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Los bonobos, además de por el comportamiento social, se diferencian de los chimpancés por el tamaño de su cráneo (ligeramente menor) y la longitud de sus extremidades.

Así pues, la sociedad de los bonobos puede ser considerada un ejemplo de supervivencia eficaz en abundancia y en ausencia de violencia. ¿Podríamos nosotros aprender algo de ellos? Porque los humanos, a pesar de vivir sin amenazas naturales constantes y sin carencia de recursos de primera necesidad (véanse las toneladas de alimentos que cualquier ciudad desecha cada año), presentamos un comportamiento más parecido al del chimpancé cuando nuestras condiciones son muy diferentes y mucho más fáciles a ojos de la supervivencia.

 

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