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el-gran-negocio-con-los-angeles-gordos1La obesidad es un grave problema en la actualidad. Somos perfectamente conscientes de ello y no hay más que echar un vistazo alrededor para comprobar que vivimos sobrealimentados. Conocemos también la diferencia entre soprebeso y obesidad, diferencia que supone la gravedad del problema, pero ambos fenómenos son, al fin y al cabo, problemas. Cerca del 70% de la población en la cuna de este mal de nuestro tiempo, Estados Unidos, padece algún tipo de sobrepeso.

Obesidad: naturaleza y cultura

El sobrepeso y obesidad (desde ahora englobaremos a ambos trastornos bajo el término “obesidad”) pueden tener muchas causas, causas que pueden escapar a nuestro control. Se sabe que existen ciertos genes que nos predisponen a ella, también sabemos que pueden causarla problemas endocrinos no congénitos, trastornos mentales como la ansiedad, problemas neurológicos que nos induzcan a sobrecomer, y un largo etcétera. Pero también podemos estar seguros de una cosa: en la mayoría de los casos se trata de un problema prácticamente cultural y de falta de educación alimentaria. Es este tipo de casos el que resulta paradójico.

Por desgracia (aunque resulta descarado ese “por desgracia” cuando en otras partes del mundo la alimentación sigue siendo una preocupación por su falta) nuestra dotación genética resulta adaptativa en ambientes de escasez por una simple y llana cuestión: el enemigo histórico del ser humano, y de la mayoría de las especies de la naturaleza,  ha sido la escasez. La industrialización nos ha permitido cambiar de enemigo, pero seguimos teniendo enemigo: ahora el “enemigo”, por paradójico que suene, es la abundancia. Pero no la abundancia a secas: es la abundancia en una época en la que nuestra dotación genética sigue siendo un aparato que nos previene de la escasez.

ObeseKidCartoon-1Nuestros antepasados sufrieron en muchas regiones del mundo de lo contrario. Sucesos históricos y la organización política y social de nuestros continentes en el pasado precisamente mantenían a la mayoría de la población humana en una especie de hambre constante, y si no hambre, de carencias nutricionales.

Parece como si la humanidad, siempre, por exceso o por defecto, tenga problemas con la alimentación.

El metabolismo, nuestra refinería personal

El metabolismo es un término que seguro hemos utilizado en más de una ocasión. Es ese conjunto de reacciones químicas que ocurren en nuestro cuerpo que transforman unas sustancias en otras. Existe metabolismo en todas nuestras células, pero normalmente cuando en nuestro día a día hablamos de ello aplicamos este término al metabolismo del alimento que ingerimos: a su transformación en sustancias útiles para nuestro organismo, entre ellas las temidas grasas. Seguro que en más de una ocasión hemos escuchado a alguien quejarse de su metabolismo o decir que una persona tiene un metabolismo mejor que otra normalmente alabando el de la persona más delgada.

El metabolismo es un proceso que no ocurre igual en unas personas y en otras, hecho que influye en la distribución de la obesidad en la población. A grandes rasgos, el metabolismo es nuestra “refinería personal” en la que creamos nuestro propio combustible. Como si metiéramos carbón en una locomotora, metemos alimento en nuestro estómago, en donde se inicia el proceso para la obtención de energía. El problema para muchos, la suerte de otros, es que ese proceso de obtención de energía es más eficiente en unas personas que en otras. Un proceso eficiente es que con menos combustible puede hacer más.

obesity_01Parece ser que el establecimiento de un metabolismo más eficiente o menos eficiente está relacionado con motivos tanto genéticos como epigenéticos, esto es, con nuestra dotación genética y con causas ambientales que rodean al momento previo al nacimiento y al posterior como la nutrición de la madre durante el embarazo o el ejercicio que practiquemos en los primeros años de vida.

El metabolismo de que disponemos determina el “provecho” energético que podemos sacarle a lo que ingerimos, por lo tanto influye en la cantidad de alimento que necesitamos para cubrir nuestras necesidades y no incurrir en excesos de grasa.

La paradoja: más eficientes, más problemáticos

La paradoja resulta clara: un metabolismo eficiente en nuestra sociedad actual es un problema. En un entorno de abundancia, que nuestro cuerpo saque “mayor partido energético” a lo que comemos es algo que no es deseable, porque nos introduce en el camino del sobrepeso y la obesidad cuando para nuestros ancestros podía resultar algo de enorme ayuda.

Estamos en un punto social y económico en donde las tornas han cambiado. Antes, esos que comiendo lo mismo eran capaces de sacarle mayor provecho eran los “envidiados”: sufrían menos enfermedades y eran más resistentes a las hambrunas. Ahora es al contrario: ¿quién no ha mirado con envidia a aquel osado u osada que haya confesado en alguna ocasión que para él o ella es muy difícil engordar, a aquel que come sin cargo alguno de conciencia dulces y otros “manjares prohibidos” sin subir de peso?

Y no contentos con este cambio de tornas, con los problemas de salud que en un entorno de abundancia puede causar disponer de un metabolismo más eficiente que el de otras personas, hay que sumar la influencia que la cultura y esos temidos y odiados cánones de belleza ejercen sobre la selección sexual, esto es, la capacidad de reproducción en función a nuestro fenotipo. Dicho a las claras, las personas obesas tienen mayor dificultad para encontrar pareja y lograr reproducirse debido a una “doble fuerza”: por un lado muchas sufren complejos, vergüenza y evitan situaciones sociales o ni siquiera lo intentan por no verse “encajar” en esos ideales de belleza y de atracción sexual; por otro, muchos de nosotros, por esas influencias culturales y educativas, no nos sentimos atraídos físicamente por personas con sobrepeso.

obesidad1Es decir, las personas que disponen de un metabolismo eficiente, hoy por hoy tienen más “papeletas” para sucumbir ante la selección natural y sexual: tendrán problemas de salud más fácilmente que les impidan llegar a la edad de reproducción y encontrarán más dificultades para acceder a una pareja si no controlan especialmente lo que comen.

Lo que antes era una ayuda, ahora es un estorbo a pesar de que bajo cualquier concepción lógica un sistema eficiente es un sistema mejor.

Un problema de gran envergadura

Muchos de los tratamientos que van destinados a “curar” la obesidad tratan de seducir de la siguiente manera: “coma usted lo mismo que los delgados, pero adelgace”. El problema al que se enfrenta el obeso es tener que procurarse una escasez en un entorno de abundancia, tener que “contenerse” en un entorno que constantemente le está invitando a derrochar y a abusar porque en el derroche y el abuso se fundamentan la mayoría de las cuestiones económicas que nos incumben. Nuestro sistema económico necesita el derroche y el abuso para su correcto funcionamiento y así, por ende, lo necesita la industria alimentaria. A la vez, este mismo sistema, por esa necesidad de derroche y abuso en otras industrias como la tecnológica, nos proporciona cada vez menor necesidad de actividad física para conseguir alimento y cubrir nuestras necesidades. Es decir, cada vez necesitamos menos energía pero cada vez somos invitados más y más a abusar de ella y cada vez aparecen nuevos y saturados productos.

obesidad-sobrepeso-dieta-getty_MUJIMA20121024_0017_31Es difícil en un entorno como este detenerse y pensar. A nadie se le ocurriría echar gasolina a su coche aún cuando su depósito está tan lleno que la gasolina chorrea por la abertura, no admitiendo más. En cambio es eso exactamente lo que hacemos con nuestro cuerpo cuando día a día comemos más de lo que necesitamos. No es un tema fácil detener este ritmo. Como hemos dicho, nos cruzamos a cada minuto con invitaciones a “pasarnos de rosca” y, además, nuestra naturaleza todavía no ha logrado resultar adaptativa en un ambiente de abundancia por lo dicho: esta abundancia es un grano de arena en la historia de la escasez en la que hemos vivido casi perpetuamente, desde que éramos cazadores que vivíamos en cuevas hasta que llegamos a la explosión industrial. Nuestra naturaleza está, pues, preparada para hacernos almacenar más que para comedirnos, por lo que día a día, además de a la sociedad, nos tenemos que enfrentar a ella: tenemos que parar de comer aunque sintamos hambre, tenemos que optar por productos menos energéticos a pesar de que los productos grasientos y azucarados nos atraigan especialmente (porque estamos evolutivamente dotados para ello), y un largo etcétera.

obesidad-infantil-hipertensionLa única solución, que no fácil solución, pasa por conocer a nuestro cuerpo, comer teniendo en cuenta cuánto ejercicio físico vamos a hacer en este día y lo más variado posible y, por supuesto, no obsesionarse tanto con el tema como para incurrir en trastornos alimentarios que pecan por defecto, como la anorexia nerviosa.

Nunca la abundancia pudo resultar tan tremendamente problemática, a pesar de que somos la especie más inteligente. Lo cual aumenta la paradoja más todavía.

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