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suicide_queenQue nuestra salud mental depende, entre otros factores estructurales y evolutivos, de un cierto equilibrio químico en el cerebro es algo comúnmente conocido. Los fármacos destinados a la curación o alivio de muchas psicopatologías trabajan precisamente alterando o estabilizando la química cerebral del paciente. Muchas drogas están diseñadas para alterar positivamente nuestro estado de ánimo. Es más, nuestra dieta diaria es capaz de influir en nuestro estado de ánimo. Se está haciendo poco a poco normal (sin falta de controversia) ver anunciados suplementos vitamínicos que van orientados precisamente a mejorar nuestro estado de ánimo. Pero no hace falta recurrir a los suplementos. Nuestra dieta normal debe cubrir las necesidades energéticas y químicas de nuestro cuerpo (¡por eso debe ser variada y equilibrada!), y nuestro cerebro forma parte de ese cuerpo y de esa receta de ingredientes. Si nuestro cerebro no obtiene lo que necesita en la dieta u obtiene cosas que no necesita, puede alterarse su funcionamiento.

Esto anterior abre multitud de preguntas. ¿Cómo podemos saber las consecuencias anímicas de cada cosa que ingerimos? ¿Y si tu alimento favorito resulta que te deprime? ¿Podrías ser una persona más alegre simplemente cambiando de dieta? No nos pongamos nerviosos antes de tiempo. Muchas empresas y marcas se aprovechan de este vínculo entre dieta y estado de ánimo para hacer promesas discutibles (“Coma este yogurt y se sentirá feliz cada día”), pero lo cierto es que el vínculo existe. Desgraciadamente (o por suerte) cada persona es un mundo y la química de cada cual es la química de cada cual. Por esto debemos huir de eslóganes absolutistas como el de algunos productos.

Empezamos a explorar este tema en “Fenilalanina: ¿la chispa de la felicidad?” en el que utilizamos la “feliz coincidencia” entre el eslogan de la marca Coca-Cola, “La chispa de la felicidad”, el hecho de que sus productos light (como muchos productos light) contengan una fuente de fenilalanina y el hecho de que el déficit de fenilalanina forme parte de una de las hipótesis que trata de explicar la depresión. Vimos que un defecto de fenilalanina en la dieta puede tener un efecto negativo en el humor y viceversa, pero que la relación está lejos de ser lineal. No podemos hablar de que un alimento nos hace feliz o tristes. Tampoco podemos decir que aumentar mediante complementos vitamínicos la dosis de cierta sustancia que nuestro cerebro necesita para su normal funcionamiento signifique un aumento proporcional del correcto funcionamiento cerebral. La química cerebral está lejos de ser una sencilla regla de tres.

Pero, repetimos, que la relación sea opaca y compleja no significa que no exista relación entre la ingesta de ciertas sustancias y nuestro estado de ánimo o en el reflejo de nuestro estado de ánimo. Aunque la psicofarmacología nos lo confirma a diario, hoy vamos a ver un ejemplo muy curioso de ello.

Hoy hablamos de la relación entre litio y tasa de suicidio, más concretamente de la relación entre el nivel de litio en el agua corriente y la tasa de suicidio en la población.

¿Qué es el litio?

El litio es un elemento químico natural que se encuentra en rocas, mar y también en seres vivos. Plantas, vertebrados e invertebrados contamos con niveles de litio en nuestro cuerpo, aunque todavía no se sabe muy bien qué hace ahí (parece demostrado que podemos vivir sin litio en nuestro cuerpo perfectamente).

litio y tasa de suicidioAunque no dispongamos de litio en grandes cantidades de manera natural, este elemento es un famoso del “maletín del psiquiatra” debido a los efectos estabilizadores del humor de su consumo que han resultado útiles en el tratamiento del trastorno bipolar, sobretodo para “amortiguar” los episodios maníacos (conoce más de ella en “¿Puede la alegría ser un problema?“, sobretodo para reducir el riesgo de suicidio en los enfermos, y para aumentar el efecto de otros medicamentos en las depresiones unipolares (lo que típicamente se conoce como depresión”).

Sus efectos, grosso modo, se deben a la capacidad del litio para disminuir la síntesis de norepinefrina y para aumentar la síntesis de serotonina en nuestro sistema nervioso.

Litio y tasa de suicidio: ¿menos suicidios por beber agua del grifo?

Si la ingesta de litio tiene efectos en nuestro humor y el litio está presente en la naturaleza, ¿el nivel de litio en el entorno puede influir en nuestro humor? La respuesta parece positiva. ¿Cómo puede ser esto?

litio y tasa de suicidioEl litio, como dijimos, es un elemento químico que puede encontrarse en rocas, en el agua y en otros seres vivos. Si ingerimos agua y otros seres vivos y además el agua de la lluvia es capaz de derivar parte del litio de las rocas al agua de los ríos o a suelos de cultivo, la relación se vuelve plausible.

Varios estudios han abordado la relación entre el contenido en las aguas de litio y tasa de suicidio. Uno de ellos realizado en Texas describió una relación negativa entre los niveles en los depósitos de agua municipales de litio y tasa de suicidio. Esto es, cuanta mayor cantidad de litio en los depósitos, menor era la tasa de suicidio local, y viceversa. Otro realizado en Japón también describió una correlación igualmente negativa entre la cantidad en el agua corriente de litio y tasa de suicidio en la prefectura de Oita.

Aunque los anteriores estudios fueron criticados por no controlar variables que pudieran estar interviniendo en esta aparente relación negativa entre litio y tasa de suicidio, otro estudio realizado en Austria aportó más luz a esta curiosa relación. Esta vez se controlaron variables que ya habían mostrado tener relación en la tasa de suicidio: la densidad de población, el nivel de servicios de salud mental existente, el nivel socioeconómico y, también, la propoción de cristianos católicos.

Para el estudio se tomaron más de 6000 muestras de agua de 99 distritos austriacos. Los resultados mostraron una correlación negativa elevada entre niveles de litio y tasa de suicidio local, es decir, mayores niveles de litio indicaban menores niveles de suicidio, esta vez sin interferencia de otras posibles relaciones como el nivel socioeconómico o el nivel de servicios de salud mental. Tras análisis estadísticos, aunque la relación no era total, se pudo establecer que los niveles de litio en el agua eran un buen predictor de la tasa de suicidio

litio y tasa de suicidio

Gráfico que muestra la relación negativa entre niveles de litio y tasa de suicidio. A menores niveles de litio (izquierda, eje x) mayor tasa de suicidio (arriba, eje y) Extraído del estudio de Kapusta et al.

Estos resultados resultan llamativos debido a que choca relacionar que un hecho tan cotidiano como beberse un vaso de agua pueda estar interfiriendo con nuestras “ganas” de suicidarnos, y constituyen una buena ilustración de cómo la química de nuestro cuerpo influye en (o, más bien, es) nuestro comportamiento, incluso en esos tan extremos como el suicidio.

A pesar de la correlación intensa encontrada, no podemos establecer con este tipo de estudios una relación causal entre nivel de litio y tasa de suicidio. No podemos afirmar que una población se “suicide menos”, invariablemente, porque haya más litio en sus aguas o en los alimentos que consume. Pero la relación entre litio y tasa de suicidio existe y es un predictor a tener en cuenta. Sobretodo dan pie y abren interesantes caminos para seguir explorando la siempre sorprendente química de nuestro cerebro.

Lee más en “Lithium in drinking water and suicide mortality“ 

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