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El encéfalo humano es un órgano muy costoso de mantener, tanto, que es una muestra de lo útil que es para la supervivencia: de no ser capaces con él de obtener más energía de la que gasta, la Selección Natural no lo habría dejado crecer ni acomplejarse tanto.

Esquema de paso de la glucosa de la sangre a las neuronas.

Esquema de paso de la glucosa de la sangre a las neuronas.

Para hacernos a una idea de su utilidad selectiva podemos acudir a las proporciones. El cerebro humano supone aproximadamente el 2% de masa corporal (1,4 kg para un hombre de 70 kg) y un gasto energético de la dieta diaria en torno al 20%. Es decir, el 2% de nuestro cuerpo consume el 20% de lo que comemos mientras que en otras especies de primates superiores (orangutanes, bonobos, etc.) el cerebro sólo supone un gasto del 8% de energía diaria, y en torno al 3% en mamíferos grandes como el elefante o el caballo.

Este gasto varía a lo largo de la vida, siendo el valor más alto en la etapa postnatal: 60% de la energía total que necesita el bebé.

Un 60%-80% de esa energía se emplea “solo” en la distribución iónica, esto es, en mantener las neuronas activas, con capacidad de intercambiar impulsos nerviosos. Existía un debate sobre si el cerebro gasta más o menos en función de la actividad mental, pero las nuevas técnicas de observación del cerebro in vivo han permitido establecer que sólo un 1% de la energía consumida por el cerebro tiene como función responder a demandas del entorno.

Es decir, el cerebro emplea la energía principalmente para mantener su “estructura”, su “cableado”, y muy poca energía en la activación de estructuras en respuesta a estímulos del entorno.

Casi toda la energía que gasta el cerebro procede de la glucosa. De aquí su importancia en nuestra dieta. Aunque parezca que la palabra glucosa está asociada inherentemente a la grasa y debe tener mala fama por ello, no es así. La glucosa está presente en muchos alimentos vegetales, como la patata, la zanahoria, las frutas o los cereales; alimentos no grasos. El problema adviene cuando se toman alimentos que, además de glucosa, aportan grasa, como es el caso de los dulces o los vegetales cocinados con métodos “engrasantes”, por ejemplo, patatas fritas, o cuando se toma en exceso.

¿Hay que huir de todo lo que contenga glucosa? Nunca.

¿Hay que preferir alimentos que no contengan grasas “inútiles”? Sí.

¿Hay que apartar para siempre los dulces o alimentos grasos? No.

Pero no solo de glucosa vive el hombre, así que la mejor opción, como siempre, es el equilibrio. Una dieta variada como la que nos ofrece la mediterránea es más que suficiente para tener disponibles a pleno rendimiento nuestras capacidades cognitivas.

Fuentes: El Mundo, Hemeroteca El País

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