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Los astrocitos son un tipo de células gliales, esto es, las células del sistema nervioso “sirvientes” de las neuronas. Las células gliales cumplen funciones, grosso modo, de soporte y mantenimiento para las “protagonistas” de la circulación de la información corporal. Las nutren, las mantienen limpias y en un entorno químico óptimo.

Cabe preguntarse, pues, si este tipo de células, los astrocitos, tiene algo que ver con nuestras capacidades superiores. La respuesta parece ser que sí. Aquí en la imagen vemos en rojo astrocitos de ratones. En verde, un astrocito humano.

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Los astrocitos humanos son más grandes y tienen mayor número de ramificaciones que hacen contacto con otras células cerebrales y vasos sanguíneos que los del ratón adulto. Pero, ¿qué diferencias puede suponer esto a la hora de ejecutar tareas? Para averiguarlo, un equipo de la University of Rochester Medical Center de Nueva York injertaron células progenitoras de astrocitos humanos en el cerebro de ratones adultos.

En el estudio Forebrain Engraftment by Human Glial Progenitor Cells Enhances Synaptic Plasticity and Learning in Adult Mice publicado Cell Stem Cell y reflejado en Science se publican los resultados. Las células gliales humanas que se desarrollaron en el cerebro de los ratones se conectaron a las glias “ratoniles” para formar redes de astrocitos, las cuales también transmiten señales eléctricas. Estas redes humanas y roedoras propagaron señales tres veces más rápido que las redes compuestas únicamente por astrocitos de ratón, según sugieren los investigadores, debido a la secreción de una proteína que los astrocitos de ratón secretan a niveles mucho más bajos.

La diferencia en la velocidad de transmisión intervino en que los ratones con astrocitos humanos tuviesen mejor rendimiento en tareas de memoria y aprendizaje.

No todo es cosa de las neuronas.

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