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oxitocina“Oxitocina” es uno de esos términos biológicos, en principio reservados para los laboratorios y los investigadores, que han terminado en boca de todos. Resulta relativamente sencillo encontrarnos con gente que al menos ha oído hablar de la oxitocina. Lo normal es que, además, si pedimos una definición rápida, muchas de estas personas digan que se trata de la Hormona del Amor.

No irían mal encaminados. La oxitocina ha cobrado fama gracias a un conjunto de investigaciones que le otorgan un importante papel en la monogamia, en la reproducción y en el establecimiento de lazos entre los miembros de nuestra especie. Esta fama es tal, que incluso hay laboratorios que tratan de explotarla comercializando sprays basados en oxitocina que prometen hacernos auténticos magos del amor.

No obstante, esta es una visión parcial de un neuropéptido tan poderoso de los que secreta nuestro cerebro. A continuación, vamos a conocer un poco más en profundidad los efectos que esta hormona produce en nuestro organismo.

Qué es la oxitocina

oxitocina

Si alguna vez te preguntan qué es el amor, esta puede ser una imagen biológicamente precisa. Aunque esta molécula “es amor” y mucho más.

La oxitocina es un neuropéptido generado en nuestro hipotálamo y secretado en el torrente sanguíneo por nuestra glándula hipófisis, siendo ambas estructuras parte de nuestro encéfalo. A pesar de que la gran fuente de oxitocina de nuestro cuerpo es nuestro encéfalo, existen tejidos y órganos fuera de él que también la generan, como la médula adrenal, los testículos en el caso de los hombres o el cuerpo lúteo femenino (ovarios).

Al ser secretada en el torrente sanguíneo, la oxitocina es potencialmente efectiva en todos aquellos órganos y tejidos diana que disponen de receptores para esta molécula. Uno de esos órganos diana, en efecto, es el cerebro, en concreto, ciertas estructuras cerebrales, contándose entre ellas la amígdala y el núcleo accumbens, estructuras estrechamente vinculadas con la emoción y el placer. Otros órganos diana son, como habrás adivinado, aquellos vinculados con la actividad sexual.

Presentada la oxitocina, es hora de meternos en harina: ¿por qué una molécula, algo tan pequeño e “insignificante”, ha recibido un nombre como la Hormona del Amor? ¿Acaso una de esas grandes capacidades humanas, el amor, que enseguida esgrimimos como argumento para tomar un poco de distancia con los otros animales y entendernos como “superiores”, está únicamente determinado por la presencia de esta hormona? ¿El amor es sinónimo de oxitocina?

Oxitocina: la hormona del amor

oxitocinaA la mayoría de nosotros nos resulta complicado definir el amor. Es un concepto abstracto. No obstante, como resultan ser la mayoría de conceptos abstractos que definen nuestras capacidades (la moral, el altruismo, etc.), podemos definirlo como un constructo que engloba a una serie de comportamientos. Es decir, el amor es una palabra con la que nos referimos a una serie de comportamientos concretos. En este sentido, el amor no se tiene sino que el amor se hace; y, por supuesto, no es algo que brote de nuestro corazón sino de nuestro cerebro. Tampoco es algo que “haga que queramos lo mejor para la persona amada” ni “desear estar con esa persona”, sino que el amor es propiamente el querer lo mejor para esa persona y el deseo de estar con esa persona.

¿Qué comportamientos concretos conforman el amor? Podemos señalar varios además de los ya mencionados: pensar más en esa persona, desear estar con esa persona, cuidar a esa persona y, lo más importante, desear y procurar el bien de esa persona por encima del bien de otras personas, incluso del propio*. Esta clase de comportamientos parecen reservados para figuras muy concretas. Así, en nuestra cultura, las mayores manifestaciones de amor se hacen hacia los propios hijos y la propia pareja. ¿La oxitocina tiene algo que decir en nuestra capacidad para establecer esta clase de relaciones? La respuesta es positiva.

Monogamia y oxitocina

oxitocinaEl estudio clásico sobre oxitocina tiene como protagonistas a unos roedores: Microtus ochrogaster. Estos roedores conforman una de las poquísimas especies en el reino animal (3% del total de mamíferos) que presentan monogamia en el medio natural. Su ecosistema, vastas extensiones de pradera, influyó para que las fuerzas de la Selección Natural favoreciesen un modo de reproducción que evitase a estos pequeños roedores recorrer ingentes distancias para encontrar nuevas parejas reproductivas. En lenguaje llano: a esta especie le sale energéticamente más barato quedarse con una pareja toda su vida que recorrer enormes distancias para darse a la poligamia. En cambio, una especie vecina, Microtus montanus, cuyo ecosistema es la montaña, en donde abundan parejas reproductivas en distancias relativamente cortas, no se presenta tal comportamiento monógamo.

El lector ya habrá podido deducir que la diferencia entre estos roedores de montaña y estos roedores de pradera reside en la secreción de oxitocina y, en concreto, en la existencia de receptores de oxitocina en ciertos núcleos cerebrales relacionados con el refuerzo y la recompensa de la especie de pradera, como el núcleo accumbens.

Tal deducción es afirmativa: Microtus ochrogaster secreta oxitocina durante la cópula, Microtus montanus no lo hace. La inyección de oxitocina en Microtus ochrogaster “genera” comportamientos monogámicos aún sin cópula mediante, en el Microtus montanus no lo hace. Además, los antagonistas de la oxitocina en el Microtus ochrogaster reduce o elimina los comportamientos monógamos en la especie.

Las diferencias en la expresión de receptores de oxitocina y de oxitocina entre especies monógamas y no monógamas de Microtus está determinada por diferencias genéticas, las cuales suponen un mecanismo evolutivo que favorece la monogamia.

oxitocina¿Y qué hay de los humanos?

Lo cierto es que no disponemos de investigación tan completa como la que tenemos con estos roedores de la pradera debido a que resultaría poco ético congregar a un conjunto de personas fieles a sus parejas y otro de personas infieles a sus parejas, perfundirles, extraer su encéfalo y estudiar la expresión de los receptores de oxitocina en sus encéfalos (aunque, quizás, las parejas de los infieles pensarían de forma distinta). En cambio, conocemos algunos datos de la relación entre monogamia y oxitocina en el ser humano.

Así, sabemos que tanto mujeres como hombres secretan oxitocina durante el coito. También sabemos que la inhalación de oxitocina incrementa el atractivo de la pareja en hombres heterosexuales, pero no el atractivo de otras mujeres desconocidas o de otras mujeres familiares pero que no son la pareja. Este sesgo hacia la pareja estaba mediado por un incremento de la respuesta del núcleo accumbens y otras áreas dopaminérgicas, como el área tegmental ventral, por lo que se deduce que la oxitocina se relaciona con la atracción hacia la pareja al “aumentar” la recompensa biológica (dopamina) relacionada con ella. Por así decirlo, parece que queremos a una persona porque su “valor dopaminérgico” es mayor frente a la de otras, y en este aumento del valor dopaminérgico interviene la oxitocina. Cosas del amor.

Oxitocina y conducta maternal

Si hay un amor “más fuerte” que aquel que se profesan dos enamorados es aquel que profesa una madre por sus hijos. Esta “forma de amor” está mucho más extendida en la naturaleza que la monogamia: es difícil encontrar especies que se queden con una pareja sexual de por vida, pero más difícil aún es encontrar una especie en donde no exista el, digamos, instinto maternal.

oxitocinaAunque la conducta maternal es un comportamiento harto complejo, la oxitocina tiene cierta importancia. Parte de los cambios hormonales que induce el parto promueven la secreción de oxitocina y la síntesis de receptores de oxitocina en varios núcleos cerebrales. También se trata de una hormona secretada durante el parto (de hecho, es responsable de las contracciones uterinas que permiten la salida del neonato) y por la estimulación de los pezones de la mujer, estando, por tanto, muy relacionada con el amamantamiento de las crías.

Diversos hallazgos en animales han confirmado su importancia en el desarrollo de la conducta maternal. Aunque la síntesis y secreción de oxitocina precisa la presencia de otras hormonas femeninas (es decir, forma parte de una cadena de acciones hormonales que promueven el comportamiento maternal), el bloqueo de los receptores de oxitocina “bloquea” en las hembras de algunas especies de mamíferos el comportamiento maternal tras el parto, mientras que su inyección en hembras que no han sido madres aún pero están rodeadas por la cría de alguna otra hembra, genera en ellas el comportamiento maternal.

También diversos hallazgos en humanos han desvelado el papel de la oxitocina en la conducta maternal desplegda por nuestra especie. Por ejemplo, los niveles de oxitocina plasmática, en orina y saliva correlacionan con la conducta maternal desplegada por una mujer. Se ha constatado que hay una relación entre el incremento de oxitocina en sangre durante el embarazo y la “fuerza” de los lazos maternales desplegados tras el parto. Esta relación entre cantidad de oxitocina-cantidad de afecto se sigue manteniendo meses tras el parto. Se ha constatado que el incremento de la presencia orgánica de oxitocina mediante infusión nasal incrementa la activación de áreas cerebrales vinculadas con la capacidad de empatía (córtex insular) ante el llanto de un bebé y reduce la activación de otras áreas vinculadas con la ansiedad y las emociones aversivas. Este incremento/decremento de responsividad mediada por oxitocina también se presenta ante la risa del bebé.

El “lado oscuro” de la oxitocina

Conocido el papel de la oxitocina en las conductas que materializan el amor más potente en el ser humano (hacia los hijos y la pareja), cabe preguntarse si esta hormona media sólo comportamientos positivos. ¿Acaso no es el amor una forma de rechazo? Al fin y al cabo, el amor promueve conductas que benefician a una persona frente al resto. Amor e injusticia parecen la misma cara de una moneda. Nosotros, los humanos, tratamos de procurar el bien especialmente a aquellas personas a las que amamos. ¿La oxitocina tiene algún papel que jugar en esta división que marcamos entre ellos, los amados, y los otros, los que no son tan amados? La respuesta, de nuevo, parece positiva.

oxitocinaEste “lado oscuro” de la oxitocina lo muestra el famoso estudio del grupo de De Drea que ya desde el título afirma que la oxitocina promueve el etnocentrismo en humanos. ¿Qué es el etnocentrismo? Es un fenómeno de carácter grupal y social que consiste en la tendencia de otorgar al propio grupo una importancia central y superior frente a la de otros grupos. El etnocentrismo está, pues, detrás de las ideologías que desfavorecen a grupos frente a otros, la exclusión y la injusticia social y se manifiesta objetivamente mediante conductas que favorecen al propio grupo y conductas que, por tanto, desfavorecen al resto.

Los resultados de dicho estudio establecen que el incremento de oxitocina por vía nasal se relacionó significativamente con el incremento de conductas de favoritismo endogrupal y, en menor medida, con conductas de denigración hacia los que no pertenecían al propio grupo. Los investigadores sugieren que estos resultados hablan sobre el papel de la oxitocina, no sólo en el amor, sino también en la emergencia de comportamientos violentos y de conflicto.

Oxitocina más allá de la función social

oxitocinaComo suele ocurrir con las sustancias biológicas que trabajan en nuestro organismo, resulta reduccionista reservar para ellas una exclusiva función. Cuando uno lea titulares como “Oxitocina: la hormona del amor” debe, por lo general, pensar que ese titular está refiriendo a sólo una faceta de esa sustancia. Puesto que la naturaleza tiende a ser ahorrativa, es difícil encontrar moléculas en nuestro organismo que cumplan una única y exclusiva función. Lo mismo ocurre con la oxitocina. Este neuropéptido media multitud de comportamientos en el ser humano y otros animales. El lector que desee una lista completa, complementaria a la de las funciones que se han citado aquí, puede acudir al artículo Nonsocial Functions of Hypothalamic Oxytocin.

*Nota: a lo largo del artículo referimos al amor hacia otras personas, pero el amor puede ser profesado hacia otros seres e incluso cosas.

Fuentes:

The orgasmic history of oxytocin: Love, lust, and labor

Oxytocin receptor density is associated with male mating tactics and social monogamy

Neuroendocrine bases of monogamy

Oxytocin enhances brain reward system responses in men viewing the face of their female partner

Neuroendocrine control of maternal behavior in non-human and human mammals

Oxytocin promotes human ethnocentrism

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