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Paradoja de EasterlinEstamos hartos de escuchar eso de “el dinero no da la felicidad” (y a los que no disponemos de ingresos extraordinarios nos reconforta pensar que es así), pero seríamos mentirosos si negáramos el hecho de que disponer de dinero ayuda a conseguir ciertas metas que en una sociedad como la nuestra y dada la educación recibida se vinculan estrechamente con el sentimiento de ser felices. La lógica subyacente es simple: si para alcanzar metas vinculadas a la felicidad y realización personal (por ejemplo, saber pilotar un avión) necesitamos recursos (clases de aviación, un avión personal, la licencia de piloto…) y, en un sistema como el nuestro, el dinero es intercambiable por la mayoría de esos recursos, dinero y felicidad encuentran pronto una vinculación evidente.

Pero, ¿cómo es esa relación? Examinando la simple lógica anterior, parece evidente que cuanto más dinero tengamos, más felices seremos (porque seremos capaces de procurarnos todos los recursos necesarios para nuestra realización personal y actividades y objetos vinculados a la felicidad) o más felices seremos capaces de ser. No obstante, la conocida como paradoja Easterlin viene a contarnos una realidad diferente introduciendo un matiz importante: debemos considerar en relatividad de nuestro nivel económico.

¿Qué describe la paradoja de Easterlin?

Paradoja de EasterlinLa paradoja de Easterlin es un fenómeno paradójico descrito por el economista Richard Easterlin, quien, examinando datos macroeconómicos de diferentes países, reveló lo siguiente: si consideramos únicamente los datos de felicidad y nivel de renta de un país, el nivel de renta sí se relaciona positivamente con el nivel de felicidad, pero, a escala mundial, los países (considerando que en ellos están las necesidades básicas cubiertas) con mayor renta no son aquellos que informan de mayores niveles de felicidad. Los países cuyos habitantes disponen de mayor nivel adquisitivo en este planeta no son necesariamente los países con habitantes más felices, ni los países con menor nivel adquisitivo son aquellos con habitantes más infelices.

Sí, en un país determinado y según los datos que manejó Easterlin, aquellos que disponen de mayores ingresos son los más tendentes a autodefinirse como felices; no obstante, si comparamos la población de mayores ingresos de un país, pongamos que con una media de renta de 2000€, con la población de otro país, pongamos que con una media de renta de 1000€, la diferencia en felicidad percibida se perdía, rompiendo esa relación lógicamente imaginada por la economía tradicional del “cuanto más dinero, más felices”.

Paradoja de EasterlinSegún los postulados tradicionales, la población del país con media 2000€ tendría que autocalificarse como más feliz que la población con media 1000€. ¡Al fin y al cabo hay 1000€ de diferencia y con 1000€ se pueden hacer muchas cosas! Pero los niveles de felicidad anunciados por sendas poblaciones sería similar. ¿Cómo podía ser esto posible?

Esta idea, la paradoja de Easterlin venía a desafiar la concepción tradicional de que el poder adquisitivo lógicamente mejora el bienestar de la persona y presentaba interesantes sugerencias tales como: llegado un punto de ingresos per cápita, ¿debe la política de un país trabajar por mejorar el nivel de ingresos de sus habitantes o trabajar más bien por su felicidad de otra manera? ¿Para qué se tratan de mejorar las condiciones económicas en los países si las personas en países con niveles de renta relativamente bajos se sienten igual de felices que aquellas en países con niveles de renta relativamente altos?

 

Paradoja easterlin

Tabla original del estudio de Easterlin en que se reflejan las medidas de felicidad de diferentes niveles de renta DENTRO DE UN MISMO PAÍS (EE.UU.). La columna (1) indica el porcentaje de personas que se autodefinieron como muy felices. La columna (3) indica el porcentaje de los que se autodefinieron como no muy felices. Cuanta más renta, mayor porcentaje de autodefinidos como felices.

tabla2

Tabla original del estudio de Easterlin en que se reflejan las medidas de felicidad de DIFERENTES PAÍSES con diferentes niveles de renta. La primera columna indica el país, la segunda indica el porcentaje de personas que se autodefinieron como muy felices. La columna cuarta indica el porcentaje de los que se autodefinieron como no muy felices. Vemos como en esta comparación se pierde la relación direnta “más renta, más felicidad”

Los datos parecen mostrar que existe una correlación entre renta y nivel de felicidad cuando comparamos diferentes niveles de renta dentro de un país pero esta correlación parece perderse o desdibujarse cuando comparamos grupos de diferentes países. La relación entre renta y felicidad se rompe y deja de ser directa: vemos que hay países con renta relativamente alta situados en la parte baja de la tabla, indicativa de menor nivel de felicidad, y vemos que hay países con rentas relativamente bajas situados en las partes medias y altas.

¿Qué factores pueden estar interviniendo en la paradoja de Easterlin?

Paradoja de EasterlinEasterlin se atrevió en su artículo a adelantar una explicación, y para expresar la principal idea de la misma recurre a una sentencia de Karl Marx:

Una casa puede ser grande o pequeña; en tanto las casas de alrededor sean igual de pequeñas, dicha casa cumplirá para sus habitantes todos los requisitos de una morada. Pero si se levanta un palacio tras la pequeña casa, de pronto la pequeña casa se encoge hasta la categoría de cabaña.

Lo que la paradoja de Easterlin pretende explicar con esto es que las medidas de felicidad no se relacionan con la renta en términos absolutos sino relativos, que la felicidad de un individuo correlaciona con la renta de ese individuo en la medida en que este perciba su renta como “alta” al término de una comparación con aquellos que le rodean (en este caso, el resto de la población del país), de la misma manera que el habitante de la “pequeña casa” está a gusto con su morada en tanto sólo existan en su vecindario casas de igual tamaño y no palacios que la hagan palidecer.

Paradoja de EasterlinEsta relatividad en la consideración de la renta puede explicar por qué existe una relación directa dentro del país pero no entre países. En EE.UU., en donde el nivel de renta medio es X, aquel que tenga X+1 será más feliz que aquel que “sólo” tenga X y más que aquel que “sólo” tenga X-1. En, por ejemplo, Malasia, en donde la renta media es X-1000, aquel que tenga X-999 será más feliz que el que tenga X-1001 y debido a que dentro de su país el que tiene X-999 es “el afortunado”, comparativamente puede que se considere tan feliz como aquel que en EE.UU. tiene X+1 porque en sus respectivos países ambos son “los afortunados”, aunque el estadounidense cuente en términos absolutos con una renta mucho mayor. El resultado en felicidad disponiendo de X+1 que disponiendo de X-999 será el mismo. Llamativo, ¿verdad?

En definitiva, Easterlin argumenta que la felicidad acompaña al poder adquisitivo considerado este dentro de una sociedad concreta y en un momento concreto. La percepción de bienestar brotaría, en parte, de la comparación de nuestro estatus económico con el de nuestros vecinos.

Paradoja de EasterlinEl propio autor establece una buena analogía con la altura, que exponemos a continuación, para ilustrar esta interpretación de los datos. Los estadounidenses son hoy en día de media más altos que los estadounidenses de hace 200 años y que los habitantes de la India actuales. Si preguntáramos a un norteamericano que mide 165cm cuánto de alto se siente si la media en su país es de, digamos, 180cm, probablemente dirá que se siente bajo. Si le permitimos viajar al pasado y compararse con los norteamericanos de hace 200 años cuya media de altura era, pongamos, 165cm, el sujeto seguramente diría que se siente “de tamaño medio”. Si ahora llevamos a este sujeto a la India, en donde la altura media del hombre pongamos que es 160cm, nuestro estadounidense que en Estados Unidos se consideraba “bajo” dirá que se considera “alto”. Como vemos, lo que parece importar es la comparación de uno mismo con el resto. Debido a esto, tanto el estadounidense que mida 190 como el indio que mida 170 se sentirán altos (la percepción subjetiva de altura es la misma: alta).

De igual manera ocurriría con la renta. Dentro de un país se conserva la relación directa entre renta y felicidad porque el sujeto que responde a la encuesta sobre su nivel de felicidad se compara con aquellos que le rodean: los miembros de país  y la norma sobre lo que es “mejor”, “regular” o “peor” que deriva de esa comparación social. La relación se desdibuja y deja de ser directa cuando se comparan los niveles de felicidad de diferentes países y sus respectivas rentas habiéndose tomado las medidas dentro del país: los habitantes de los países con rentas bajas en comparación con otros países del mundo pueden informar de similares niveles de felicidad que esos países de mayores rentas porque sus habitantes no informan de su felicidad en relación con el nivel de vida de los habitantes de otros países.

Esto abre una interesante cuestión: ¿Qué pasaría si en las casas de los países de rentas bajas se abriesen ventanas a las casas de los países de rentas bajas y pudieran “asomarse” al nivel de vida de los “más ricos”? ¿Disminuiría su percepción de felicidad? ¿Y viceversa? ¿El hecho de disponer mayor información actualmente sobre el “estado del mundo” y de otros países que andan en peor situación económica que nosotros puede tener impacto sobre nuestra propia felicidad?

A tener en cuenta

Paradoja de EasterlinEn su artículo que dio pie a la denominada paradoja de Easterlin, Richard Easterlin no estableció una causalidad entre renta y felicidad. Es decir, no defiendió en ningún punto que la renta sea causa de la felicidad de las personas. Sí remarcó, en cambio, la existencia de una relación que es directa en comparaciones dentro del propio país y que deja de serlo cuando se comparan diferentes países. El autor teorizó y señaló a la comparación social y a la relatividad de la renta (no a su cifra absoluta) como posibles causas de esta existencia de una relación directa “intra país” y diferente “entre país”, no obstante no trata de probar si una comparación social deficiente en efecto desemboca en niveles bajos de felicidad y viceversa.

El trabajo tampoco tiene en cuenta posibles variables culturales o coyunturales que pueden influir en la percepción de felicidad.

Lee más en “Does economic growth improve human lot? Some empirical evidence

Críticas a la paradoja de Easterlin en “Can money buy happiness? A macroeconomic view of the Easterlin Paradox” y “Maybe Money Does Buy Happiness After All

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