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personalidadEn “Genes y personalidad”  nos zambullimos en la complejidad de acotar el concepto de personalidad. Hablamos de que, a pesar de ser un concepto sumamente cotidiano, encontramos dificultades a la hora de definirlo. Partiendo de una idea de la personalidad como “eso que somos”, logramos desgranarla y averiguamos que eso que “nos define” no es más (tampoco es menos) que un conjunto de comportamientos, nuestro historial personal de experiencias y conductas categorizadas que nos permite describirnos como amables, valientes, tímidos, listos, amistosos y el larguísimo etcétera de los adjetivos que podemos adjudicarnos a nosotros mismos (según nos percibamos) o que nos pueden adjudicar (según nos perciban).

Debido a que la personalidad brota del conjunto de comportamientos (internos o mentales y externos) que exhibimos y hemos exhibido que a su vez nos permiten establecer como propio de uno unas ciertas tendencias de acción (debido a que una persona ha sido amable en repetidas ocasiones podemos decir de él que tiende a ser amable, dejando espacio siempre, claro, a la posibilidad de variaciones), podemos decir que todo aquello que se comporta puede ser dueño de una personalidad. Así, en “¿Tienen personalidad los animales?”, por ejemplo, describimos como algo nada descabellado hablar de que los animales cuentan con personalidad (aunque a algunos les chirríe ese término aplicado a especies no humanas) debido a que todas las especies animales cuentan con un comportamiento, ya sea con mayor o menor nivel de complejidad; comportamiento que nos permite establecer según avanzamos en la escala filogenética diferencias individuales más abundantes y complejas.

personalidadSi todo lo que se comporta es susceptible de ser descrito en términos de personalidad, ¿podemos hablar de que una sociedad humana cuenta con tal o cual personalidad? Siguiendo este razonamiento, la respuesta es clara: sí que podemos. Al fin y al cabo una sociedad está basada en un conjunto de humanos y podemos hablar de una “personalidad de la humanidad” si recogemos las tendencias mayoritarias de acción en la población.

Vamos a explorar la “personalidad de la humanidad” (al menos la “humanidad estadounidense” ya que es esta sociedad en la que se centran los estudios) a lo largo de las últimas décadas y lo más interesante, su cambio, de la mano de dos estudios de Jean M. Twenge sobre las diferencias en las variables de personalidad (Neuroticismo, ansiedad y narcisismo) existentes entre diferentes generaciones.

De los años 50 a los 90: ¿personalidad más ansiosa, más neurótica?

personalidadResulta paradójico que el paso del tiempo y la evolución tecnológica o eso que llamamos “avance social” pueda jugar en nuestra contra. ¿No se supone que todo progreso está “pensado” para mejorar nuestras vidas? ¿Y no es esa “mejora de nuestra vida” eso que llamamos “felicidad”? Aunque ya conocimos otro dato paradójico sobre la felicidad en “Paradoja Easterlin: felicidad y dinero“, el estudio de Twenge con atractivo nombre “¿La edad de la ansiedad? Cambios en ansiedad según cohorte (The Age of Anxiety? Birth Cohort Change in Anxiety and Neuroticism, 1952-1993)” viene a presentarnos otro: la medida de ansiedad en la población humana no ha hecho sino aumentar. ¿Acaso estamos avanzando para esto?

A pesar de las limitaciones del estudio de Twenge, basado en el meta-análisis (análisis estadístico de los resultados de un conjunto de análisis) de las medidas de ansiedad manifestadas en la población universitaria e infantil de Estados Unidos en diferentes estudios y a lo largo de diferentes décadas, y a pesar de que dicho estudio se centrase más en hacer explícita la fuerte correlación entre la medida de ansiedad y la generación o cohorte de nacimiento (defendiendo la generación como una variable importante para explicar la varianza del rasgo en la personalidad), la autora remarca la existencia del incremento lineal de la ansiedad a lo largo de las últimas décadas tanto en universitarios como en colegiales, aumento que resume en una única frase lapidaria: 

Los niños americanos en los años 80 reportaron mayores índices de ansiedad media que la población psiquiátrica infantil en los años 50.

personalidad¿A qué se debe dicho aumento? Siempre a partir del estudio de Twenge y teniendo en cuenta sus limitaciones, dicho aumento correlaciona con los cambios en Estados Unidos en una serie de variables socioeconómicas comúnmente consideradas como indicadores de ansiedad (puesto que suponen “amenazas modernas”): la tasa de criminalidad, tasa de suicidio, integración de la mujer en el mundo laboral, tasa de desempleo, porcentaje de niños en situación de pobreza, tasa de divorcio, porcentaje de personas viviendo solas, etc.

En resumen, Twenge sugiere que nacer en un determinado año tiene un impacto en nuestra personalidad, en concreto, en cuán ansiosos somos, impacto que se explica a través de una serie de variables socioeconómicas relacionadas con el año en que hemos nacido. Así pues, de su estudio se desprende que la personalidad que “caracteriza” a cada generación ha variado en tanto que ha aumentado la ansiedad que nos caracteriza. El ser humano (al menos el estadounidense) es hoy más ansioso que hace cuarenta años.

De 1980 a 2010: ¿somos más narcisistas?

personalidad¿Quién no ha oído a sus abuelos quejarse por la actitud de las “nuevas generaciones”? Si pidiéramos a los más ancianos definir a los jóvenes actuales, probablemente se quejarían de nuestro mayor hedonismo, vanidad, individualismo y otros atributos poco amables. Otro estudio de Twenge puso en el punto de mira el cambio en tales rasgos en la personalidad: “Incremento en los rasgos de la Personalidad Narcisista entre los estudiantes americanos según la cohorte de nacimiento, 1982-2009 (Birth Cohort Increases in Narcissistic Personality Traits Among American College Students, 1982–2009)

¿Somos más narcisistas hoy que antes? ¿Nos tenemos en mayor estima, nos creemos mejores frente a los demás en mayor medida que en anteriores generaciones? La respuesta según los datos del mencionado estudio es positiva, aunque nos pese y para gozo de nuestros abuelos.

Esta vez tales resultados brotan de las respuestas de diferentes muestras de estudiantes universitarios de distintos campus en distintas décadas al Inventario de Personalidad Narcisista (NPI) y lo más interesante por su posible valor orientativo, aunque no se deba extrapolar debido a que el dato parte del estudio en un único campus (South Alabama), es que el estudio logra establecer qué rasgos subyacentes al narcisismo soportan este incremento a lo largo de algunos años: el aumento en las medidas de Vanidad, Autosuficiencia y Sentimiento de Superioridad.

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Nota: los dos estudios en que se basa este artículo cuentan con problemas metodológicos señalados por los propios autores; entre ellos el más señalado es que el cambio en la personalidad de la población puede no deberse tanto a cambios reales en el rasgo como a una mayor aceptación de tales rasgos y un incremento en la sinceridad a la hora de responder a los inventarios de ansiedad y narcisismo. Puedes (¡y debes!) consultar tales limitaciones en los artículos originales.

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