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Aunque esta afirmación no es cierta para el total del cuerpo del ser humano, sí que es cierto que podemos afirmar que buena parte de las funciones motoras están controladas por el lado opuesto de nuestro cerebro. Es decir, las funciones que implican, por ejemplo, mover la pierna derecha, las controla la corteza motora de nuestro hemisferio izquierdo. ¿A qué se debe este fenómeno?

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Vías motoras decusan (se cruzan) en el Bulbo Raquídeo

Para comenzar la explicación, hemos de recurrir al concepto de decusación o quiasma (del griego “equis”). La decusación o quiasma refiere al paso de un nervio originado en un lado al lado contrario del cuerpo. Es decir, varias neuronas (concretamente algunas de las localizadas en el córtex motor) extienden sus axones hacia la médula espinal, pero en determinado punto (en su mayoría en el bulbo raquídeo, en el punto llamado “decusación de las pirámides”) cruzan el eje central de nuestro cuerpo. Nuestro hemisferio izquierdo es capaz de ejercer el control motor del derecho y viceversa porque existen estos cruces de vías.

¿Pero por qué el cuerpo se “daría este capricho” de cruzar ciertas vías nerviosas? Como siempre, la naturaleza no se da caprichos, y la explicación hay que hallarla en términos evolutivos y de Selección Natural, es decir, de supervivencia. Y como de supervivencia se trata, hay que hablar de las respuestas de huída y de la rapidez para ejecutarlas, además del sentido a través del cual detectamos esencialmente los peligros: la vista.

Es bien sabido que nuestros ojos, debido a cuestiones de óptica, invierten la imagen y así la “proyectan” en la retina. Parte de los nervios que recogen esta información visual, por ser la nuestra de tipo binocular (en donde el campo de visión de un ojo se superpone en las regiones céntricas al del otro) deben decusar para que la corteza visual (lóbulo occipital, en la parte trasera de la cabeza) de ambos hemisferios recoja una imagen real del medio físico. Así, as fibras derechas de nuestros ojos recogen la información procedente de la región izquierda del campo visual total, y las fibras izquierdas recogen la información procedente de la región derecha del campo visual. La corteza visual derecha termina procesando la información izquierda del campo visual gracias a estas decusaciones, y viceversa.

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El lado derecho del campo visual “se proyecta” sobre el lado izquierdo de nuestras retinas. La información visual “derecha” la pasa a gestionar el lado izquierdo.

¿Y qué tiene que ver eso con la respuesta motora? Como hemos dicho, el diseño de nuestro cuerpo ha sido “moldeado” por una necesidad vital y constante de ser lo más eficaces posible. Ese control motor del lado opuesto que ejerce cada hemisferio es un diseño eficaz.

Pensemos en un caso de huida, en donde estamos sentados tranquilamente a los pies de un árbol y de repente percibimos que por nuestra derecha aparece una serpiente dispuesta a atacar nuestro brazo derecho. Esa percepción de la serpiente queda “procesada” por la corteza cerebral del hemisferio izquierdo. Para evitar el picotazo de la forma más eficaz necesitamos retirar el brazo derecho lo más rápidamente posible. Si no existiera esta decusación de las vías motoras, de los “cables” que portan la información de “¡muévete!”, la corteza visual izquierda debería enviar la información al córtex motor del hemisferio derecho para iniciar la respuesta motora de retirar el brazo derecho; no obstante, lo que hace es que envía la información a la corteza motora de su mismo hemisferio y esta inicia la respuesta de retirada del lado opuesto gracias a ese cruce de vías, siendo este camino significativamente más rápido, sobretodo si se trata de evitar ser envenenado.

Otra muestra más de la obra de ingeniería que es el ser humano y el resto de los seres vivos con que comparte estructuras.

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