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287776a22a28c9dfc48858f58d94e384_articleLlegó el fin de las vacaciones. Seguramente, te parecieron muy cortas. Seguramente, si ya eres un ser humano adulto que tiene una vida laboral, echas de menos aquellas vacaciones de niño en la que disfrutabas de tres meses o más de tiempo libre, entre curso y curso del colegio. Y puede que en estas fechas te hagas una pregunta y maldigas esa parte de tu naturaleza: ¿por qué he crecido? ¿por qué me he hecho mayor?

Hay muchas cosas que implica pasar de la vida de niño a la vida de adulto, muchas cosas cambian. Pero en este primer post tras las vacaciones vamos a centrarnos en una parte del cambio físico: ¿Por qué crecemos? ¿Por qué aumenta nuestra altura, nuestra corpulencia? ¿Cómo aumentan de tamaño los tejidos del cuerpo del ser humano? ¿Cómo pasamos de medir ese medio metro aproximado que mide el ser humano al nacer a medir más de metro cincuenta, metro sesenta, metro setenta…?

La culpa de nuestro crecimiento la tienen las hormonas. Aunque en el ser humano es difícil determinar la causa única de algo, pues al final todo acaba teniendo que ver con todo a grandes rasgos e interviniendo en todos los procesos (somos una máquina química), puede decirse que la principal culpable de ello es una hormona: la hormona del crecimiento, somatotropina o GH (del inglés Growth Hormone). Vamos a ver por qué es una hormona a la que podemos guardarle cierta manía.

hipofisisLa Hormona del Crecimiento es una hormona producida por la hipófisis o glándula pituitaria, un punto del tamaño de un garbanzo situado en la base de nuestro encéfalo que conecta con el famoso hipotálamo. El hipotálamo, a su vez, regula su secreción o no secreción a través de la Hormona Liberadora de la Hormona del Crecimiento o Growth Hormone’s Releasing Hormone (GHRH) y de la Hormona Inhibidora de la Hormona del Crecimiento o Growth Hormone’s Inhibiting Hormone (GHIH). Cuando el hipotálamo segrega GHRH, la hipófisis, concretamente en una parte suya denominada adenohipófisis, produce y segrega la Hormona del Cremiento.

Las principales dianas de esta hormona que participa en la merma de nuestras vacaciones son los huesos y el hígado. En los huesos, la GH se une al receptor de ciertas células del cartílago de los huesos del ser humano “obligándoles” a su multiplicación. En el hígado, la GH estimula la producción de otra hormona, la somatomedina C o factor de crecimiento insulínico tipo 1, que a su vez es secretada para estimular el crecimiento del resto de tejidos cuando se une a los receptores de las células de esos tejidos.

gigantismo-y-enanismo

Un ser humano afectado de enanismo y otro de gigantismo.

La época en la que esta hormona está presente en mayores cantidades en nuestra sangre es, por supuesto, la edad de los cambios: la pubertad. Su déficit en esta edad produce enanismo, mientras que su exceso produce gigantismo. Si el exceso ocurre en la edad adulta, en la cual la mayoría de los tejidos han dejado de ser sensibles a la presencia de esta hormona, se produce gigantismo sólo en las zonas que siguen siendo sensibles, como ciertas articulaciones y la mandíbula. Debido a sus efectos sobre los tejidos, esta hormona es empleada ilegalmente como anabolizante de uso deportivo y engorde de ganado.

Aunque crecer físicamente no es lo único que nos conduce a ser adultos, ahora ya sabemos que parte de nuestra vida tiene que ver con esta “dichosa” Hormona del Crecimiento. Y si ya se le puede tener manía con lo dicho, cabe decir que su “producto” en el hígado, la somatomedina C, tiene que ver con el envejecimiento biológico, es decir, con hacernos viejos. Estudios han comprobado que la mutación en el gen que la codifica desacelera el envejecimiento. De hecho, se consiguió duplicar la vida de una lombriz de tierra mutando esta región de su código genético.

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