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alcoholEl alcohol es, junto a la cafeína, la sustancia psicoactiva más consumida en el mundo. Sus múltiples efectos sobre el ser humano han dado pie a ríos y ríos de tinta. Algunos de esos efectos son más catastróficos que otros en función de lo habitual que sea su consumo. Uno de ellos, de los más dramáticos, la Degeneración Cerebelosa, ya lo tratamos en antroporama cuando comparamos el cerebelo de una persona normal con el de una persona que había sido alcohólica en vida, cuyo resultado son movimientos tambaleantes, pérdida de equilibrio y de rapidez de reflejos de manera crónica. En este post nos vamos a centrar en un efecto a corto plazo cuyos resultados no son tan dramáticos ni de lejos, pero sí resulta un incordio que seguramente habréis experimentado este fin de semana si habéis bebido: el aumento de las ganas de hacer pis.

La respuesta hay que buscarla en las hormonas del ser humano, concretamente en la vasopresina. La vasopresina u hormona antidiurética (ADH) (su nombre ya nos da algunas claves) es una de las hormonas secretadas por nuestro sistema endocrino en estrecha relación con nuestro sistema nervioso. Concretamente, el punto de relación entre ambos sistemas hemos de buscarlo en el denominado eje hipotálamo-hipofisiario, el punto en donde el hipotálamo (sistema nervioso) y la hipófisis, o más conocida como glándula pituitaria, (sistema endocrino) conectan. Esta hormona, por así decirlo, empieza a ser sintetizada en el hipotálamo y durante su breve recorrido hasta el punto de la hipófisis por el que es secretado a la sangre: la neurohipófisis.

hipofisiscatala3es (1)Las funciones de esta hormona en el organismo del ser humano (y de los mamíferos en general), como se puede adivinar por su nombre, son las de regular la presión de los vasos sanguíneos y, por consiguiente, el nivel de líquidos. Su presencia obliga al cuerpo a retener líquidos (de ahí su denominación como antidiurética). Actúa en los riñones portando una orden de reabsorber moléculas de agua, retrasando la orina, es decir, evitando las “ganas de hacer pis”.

Como se puede deducir de lo anterior, el alcohol debe actuar de modo que impida la actuación de la vasopresina y, en efecto, de eso se trata. ¿Cómo consigue el alcohol este efecto? El etanol o alcohol etílico (el que nos bebemos) es un antagonista de la vasopresina. Se dice que una sustancia es antagonista de otra cuando su presencia evita la acción de otra. La presencia de etanol evita que la vasopresina pueda actuar en los túbulos colectores del riñón haciéndoles absorber agua. Literalmente, bloquea esos receptores. El resultado es que esos túbulos colectores no “reciben la orden” de absorber agua, por lo que se produce más orina y, con ella, aumentan las ganas de orinar. Por esta razón un vaso de agua nos dará menos ganas de hacer pis que un vaso de la misma cantidad que contenga alcohol.

Como nota, cabe decir que este efecto del etanol como bloqueador de los receptores de vasopresina del riñón es también el origen de otro incordio que notamos horas después: la falta de recuerdo y el dolor de cabeza de la resaca.

dolor-cabezaAunque el primer incordio mencionado no está corroborado por completo, parece ser que la vasopresina es un facilitador de la memoria en el ser humano. Su falta puede contribuir a esa carencia de retención de recuerdos. En cuanto al segundo incordio, al evitar que la vasopresina actúe y retengamos líquido, el resultado es una deshidratación significativa. Debido a esto, el encéfalo, para funcionar correctamente y puesto que en sangre no encuentra la hidratación necesaria, debe “tirar de reservas” y robarle el agua que almacenan las meninges, que son las tres capas de tejido que recubren nuestro cerebro para protegerlo. Las meninges deshidratadas son el origen de ese dolor. Una incómoda señal para que bebas agua de inmediato y para que el próximo fin de semana tengas menos ganas de pasarte bebiendo (aunque esta última advertencia es más veces ignorada que seguida).

 Una muestra fehaciente de cómo el comportamiento del ser humano está sometido a las reacciones químicas, desde procesos “simples” como es la eliminación de líquidos a procesos más complejos como la memoria.

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