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Nadie nos lo ha enseñado, pero en la naturaleza es un comportamiento que exhibimos muchas especies: cuando queremos oler algo, percibir mejor el olor de algo, oliscamos, hacemos breves y repetidas inspiraciones por la nariz. ¿A qué se debe esto?

SMO116FA (1)Toda sustancia que huele debe este hecho a que algunas de sus moleculas se hallan esparcidas por el aire. Estas moléculas acceden a nuestra cavidad nasal con el aire y nos producen la sensación de olor porque se adhieren a las neuronas receptoras olfatorias o receptores olfatorios.

El problema es que cuando respiramos normalmente tan sólo un 5% o 10% del aire que va a acceder a los pulmones pasa cerca de la mucosa olfatoria, que es donde se hallan estas neuronas dedicadas a la tarea de producir la sensación de olor. El objetivo de estas inspiraciones breves e intensas es hacer pasar mayor cantidad de aire y, por ende, mayor cantidad de “moléculas de olor” por la mucosa olfatoria, situada en la parte superior de la cavidad nasal.

Las moléculas de “la cosa que huele” interactúan con las dendritas (filamento neuronal dedicado a la captación de señales) de las neuronas receptoras olfatorias, las activan y estas envían su señal a través de sus axones (filamento neuronal dedicado al envío de señales) hasta el bulbo olfatorio, una conexión directa con el cerebro.

Nuestra mucosa olfatoria tiene una superficie aproximada de 2 cm cuadrados y sus neuronas receptoras olfativas (unas 30.000 por mm cuadrado) se renuevan aproximadamente cada 60 días. Este tamaño resulta paupérrimo en comparación con otras especies: 20 cm cuadrados para el gato, 200 cm cuadrados para las especies de perro más grandes.

Cabe destacar una cosa curiosa: el olfato es el único “sentido” (cotidianamente hablando) que lleva su información directamente a la corteza cerebral, en vez de seguir la ruta típica de los sentidos: receptor-médula espinal o tronco encefálico-diencéfalo-corteza.

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