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prejuicioLa lógica parece decirnos una cosa: cierto tipo de prejuicios como los que encierra el racismo aversivo o el sexismo benevolente (tratados en antroporama en “Racismo Aversivo, el nuevo racismo” y en ” Microexperimento: sexismo benevolente“) tienen componentes ciertamente positivos para aquel que recibe esa clase de tratos. Dijimos, entre otras cosas, que los racistas aversivos muchas veces tratan de manera especialmente cuidadosa con personas de otra raza por temor a mostrarse racistas; o que los sexistas benevolentes observan a la mujer (o al sexo opuesto) como algo que proteger y cuidar. La protección y el trato amable son algo positivo para cualquiera, no obstante, la existencia de este tipo de racismo o de sexismo es igualmente perjudicial para el desarrollo de los individuos aunque este perjuicio sea sutil.

¿Por qué? La respuesta hay que buscarla a nivel de expectativas. Las expectativas acerca de un grupo de personas forman parte de los prejuicios. Las expectativas que tenemos de cómo se comporta un determinado grupo, cómo es, cómo debe comportarse, etc, son ideas que manejamos a diario y que tenemos prácticamente acerca de todo. Estas ideas forman parte del día a día y, por tanto, de la educación.

El problema de algunas expectativas que mantenemos hacia ciertos grupos es que pueden encorsetar y delimitar el comportamiento de estos grupos y sus roles, disminuyendo su libertad de elección de forma implícita. Así, por ejemplo, a una mujer educada en un ambiente en donde los hombres practiquen el sexismo benevolente, por ejemplo, no se le “pasará por la cabeza” dedicarse a la fontanería porque ella “es débil, delicada o puede hacerse daño”. Este tipo de pensamientos y expetativas pone límites a las elecciones que pudiera hacer.

fontaneriaEs decir, las expectativas que otros tienen hacia nosotros, expectativas que aprendemos e interiorizamos acaban siendo vehículos de ideas que pueden limitar el desarrollo de un ser humano. Comportamientos positivos como proteger a alguien o tratarlo amablemente deben practicarse hacia todo tipo de personas, pero si se practican con sólo un determinado grupo porque pertenece al grupo en sí y no porque de verdad se vea necesitado se hace debido a que se tienen unas determinadas expectativas sobre ese grupo, expectativas que pueden influir en la percepción que un ser humano tiene de sí mismo y de sus capacidades. Cuidar a la mujer por el hecho de ser mujer y no porque se trate de una persona que necesita ayuda, implícitamente se expresa la idea de que es éste un sexo débil e incapaz.

Estas expectativas perjudiciales puede ser de muy distinta naturaleza y están presentes en nuestra sociedad en muchos ámbitos. Son expectativas del tipo “a las chicas se le dan mal las matemáticas” o “a los negros se les da bien el deporte pero no las ciencias” o “los chicos no tienen sensibilidad para la danza”. Encorsetan a prácticamente todos los grupos de seres humanos aunque en este post estemos limitándolo a cómo actúan contra mujeres por ser objetos del nombrado fenómeno de sexismo, con ideas como “las chicas deben ser protegidas” o “las chicas son delicadas princesas” o, como diría Rubén Darío, “sin la mujer, la vida es pura prosa”.

Algunos psicólogos denominan al fenómeno “amenaza del estereotipo” y se han comprobado sus efectos tanto en laboratorio como en situaciones reales. En diversos estudios en donde, por ejemplo, a una mujer negra se le hace saliente (presentándole antes un falso artículo de una revista) que las mujeres y los negros son malos en matemáticas, su rendimiento disminuye significativamente frente a mujeres de igual condición a las que no se les ha hecho saliente nada. El perjuicio parece que no se produce por una reducción del esfuerzo empleado, sino por un descenso en la motivación frente a la tarea ya que “sabe de antemano que va a fracasar”.

El problema es que en muchas sociedades y ámbitos ese artículo ficticio que se presenta a la mujer no es un artículo ficticio sino ideas presentes en nuestra sociabilización, ideas que “se retienen” desde pequeño. El grupo que recibe expectativas de otro grupo cambia su ejecución, rendimiento, expectativas sobre sí mismo, ideas y, en general, comportamientos. A veces porque las tiene interiorizadas desde niño porque han acompañado a su socialización, a veces por encontrarse en cierta situación o entorno, etc.

Debemos saber que manteniendo ciertas expectativas hacia ciertos grupos y no revisando las que recibimos como grupo (sobretodo esto último) estamos limitando nuestro desarrollo y el de otros seres humanos.

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