facebooktwittergoogle_pluspinterestlinkedintumblrmail

Sin títuloPara responder a esta pregunta hemos de recurrir a lo que se conoce como paradigma de la transferencia de excitación. Bajo este nombre complicado se esconde un hecho sencillo: una activación fisiológica elevada anterior a la activación de una emoción “amplifica” esa emoción. Vamos a explicarlo detenidamente.

Uno de los hechos que han arrojado los estudios sobre la emoción en los seres humanos es que pueden descomponerse en dos dimensiones: una primera, la activación o arousal, que hace referencia a la excitación física de una emoción (tasa cardiaca, tasa respiratoria, conductancia de la piel y otros correlatos fisiológicos), y una segunda, la valoración o apprasial, que es la interpretación que se hace de los hechos emocionantes que influyen en la emoción final. Aunque existe actualmente discusión sobre qué dimensión es condición sine qua non, parece ser que ambas caminan de la mano y que son las culpables de la enorme variabilidad emocional presente en el ser humano. Los hechos nos activan fisiológicamente y esa excitación forma parte de una emoción, la cual tendrá un tono más positivo o negativo en función de cómo interpretemos todo. A grandes rasgos, la activación indica la intensidad de la emoción y la valoración indica su tono (positivo o negativo).

paradigma de trnsferencia de excitación

El campo A muestra el nivel de activación alcanzado en una situación previa (en nuestro caso la sorpresa). El punto B la activación alcanzada en una situación posterior (en nuestro caso, la emoción de alegría)

La activación fisiológica no es patrimonio exclusivo de las emociones. Nos activamos en todas circunstancias: sea haciendo ejercicio o sintiendo miedo. Lo que está claro es que no todas las situaciones nos activan por igual. El paradigma de la transferencia de excitación expone un hecho interesante: la activación, además, no es algo que desaparezca en cuanto cesa el “hecho activante”, sino que al cuerpo le lleva un poco recuperar “la estabilidad”, la normalidad fisiológica.

Hacer un regalo a una persona cuando ella sabe que va a obtener un regalo da como resultado, por lo general, una emoción positiva denominada alegría (si es que el regalo ha gustado). Pero hacer un regalo por sorpresa, siguiendo los hallazgos de este paradigma, da como resultado una amplificación de la alegría. ¿Por qué? Simple y llanamente porque la sorpresa es una emoción básica que conlleva una gran activación: la del suceso inesperado y repentino. La sorpresa se trata de una activación súbita de nuestro sistema nervioso cuya función principal es hacernos atender a eso sorpresivo, omitir el resto de “informaciones” y preparar a nuestro sistema para responder a lo que sea ese hecho sorpresivo. Esa activación súbita “se contagia” a la activación de la alegría de recibir un regalo, y, en resumen, según sea el tamaño de la sorpresa será el tamaño de la alegría .

Y es que con una buena sorpresa se puede rozar el éxtasis. He aquí uno de los ejemplos de emoción de sorpresa sumada a la alegría más famosos de Internet:

La mayoría de los estudios sobre transferencia de la activación se han realizado sobre la emoción de ira, sobre cómo una activación previa (por deporte o por hostigamiento, por ejemplo) amplifica las reacciones airadas; y se considera una teoría consistentemente demostrada.

Podríamos obtener el mismo efecto de amplificación de la alegría por recibir un regalo haciendo al afortunado/a participar en alguna actividad competitiva, deporte, etc. antes de entregarle el presente, pero, para su comodidad, mejor es callarnos y ponerle el regalo delante cuando menos se lo espere.

La transferencia de excitación entre hechos y su impacto en las emociones es otro ejemplo de las múltiples variables que intervienen en la experiencia final de una emoción. Otra de estas variables ya la analizamos en este post: ¿Qué ocurre antes, la felicidad o la sonrisa? Ambas son muestra de la complejidad de las emociones del ser humano.

facebooktwittergoogle_pluspinterestlinkedintumblrmail