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30001.th_maxSeguro que más de una vez alguien te ha dicho “qué bien hueles” y tú no percibes ese olor especial. O que algún invitado a casa ha halagado el olor del ambiente y tú ni siquiera sabrías describir cómo huele tu casa. También seguramente te ha pasado que, al volver a tu casa tras unas vacaciones más o menos prolongadas, has notado ese olor diferente. Incluso cuando has viajado fuera de tu país y vuelves a él al cabo de un tiempo, notas que tu país huele a algo. Pero en la vida cotidiana no percibes ninguno de esos olores. ¿A qué se debe esto?

La respuesta, por supuesto, debemos buscarla en el olfato. Concretamente en el tipo de receptores que los componen. En el ser humano existen de dos tipos.

Tenemos los denominados receptores tónicos, que son los que proporcionan una información continua y fidedigna de aquello que reciben. Por ejemplo, los receptores que informan sobre temperatura o dolor. Por así decirlo, podemos llamarlos receptores “activos”.

También tenemos receptores fásicos. Estos receptores no proporcionan información continua sino que informan sobre los cambios de información. Son receptores “vagos” que sólo se activan, sólo reaccionan, si se da un cambio. Como habréis adivinado, los receptores olfativos son receptores fásicos. No olemos a menos que no exista un cambio en ese olor general. Es decir, no es que el olfato “se apague”, lo que ocurre es que sus receptores (químicos en este caso) no envían información a menos que cambien las moléculas que lo estimulan.

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Esto es de una enorme importancia adaptativa. Si los receptores fásicos del ser humano fuesen tónicos, no podríamos olernos más que a nosotros mismos y, por tanto, el sentido nos serviría de poco. El sistema estaría continuamente activado por el mismo olor y estaría excitado constantemente por un olor que no supone peligro.

El olor es sencillamente un sector del sistema activado por química. Del mismo modo que el color y todo lo que vemos “no es más” que el sistema visual excitado por radiaciones electromagnéticas, es decir, que no existe fuera de nosotros, el olor actúa igual: no existe en el mundo. En el mundo sólo existen las moléculas que nos producen la sensación de olor. Es “triste” pero cierto. Y además sólo olemos eso a lo que no estamos acostumbrados.

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