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Captura de pantalla 2013-07-07 a las 19.48.23La pregunta que da título al post nos puede parecer rarísima, pero seguro que es algo a lo que nos hemos enfrentado en muchísimas ocasiones a lo largo de nuestra vida. ¿Quién no se ha asustado alguna vez cuando ha visto una pelusa rodando por el suelo pensando que era un insecto? Y esto, claro, va más allá de las pelusas. ¿Quién no ha visto una mancha en la pared y se ha asustado porque pensaba que era un insecto? ¿Quién no ha notado el roce de su propia ropa en la pierna y la ha sacudido creyendo que algo corría por ella? ¿Quién no se ha agachado sobresaltado al notar una sombra sobrevolando, cuando luego resultó ser un simple gorrión? O, más aún, ¿quién no se ha propinado a sí mismo un manotazo en el brazo creyendo que eso que iba a aplastar era un bicho cuando en realidad era un propio lunar? ¿Por qué “caemos” en estos comportamientos tan “tontos”?

Tratamos ya la existencia de ciertos miedos que parecen imprimidos en nuestros genes en este post. Dijimos que parecemos predispuestos a establecer relaciones de dolor con estímulos como expresiones agresivas, arañas, serpientes… Parece como si naciéramos teniendo miedo a ciertas cosas a pesar de que la experiencia no nos haya contado nada acerca de ello, aunque no hayamos tenido experiencias negativas con caras agresivas, arañas o serpientes. Pero también tenemos miedo que hemos ganado con la experiencia. Y cuando notamos algo similar a eso que nos provoca miedo, reaccionamos con miedo. ¿Por qué? ¿A qué se deben estos errores?

Brain_limbicsystemEn primer lugar, cabe decir que estas reacciones que a menudo llamamos “instintivas” están presentes en multitud de especies. No son patrimonio exclusivo del ser humano estas reacciones “tontas”. Y es que se trata de un útil mecanismo de supervivencia que la Selección Natural ha hecho valer hasta nuestros días. Estas reacciones “se sitúan” en el “sótano” de nuestro cerebro. Están presentes en especies con cerebros muy simples hasta en el más complejo, que es el nuestro. Concretamente las procesamos en una parte filogenéticamente muy antigua de este órgano: el sistema límbico.

El sistema límbico se encuentra en su forma más primitiva en los peces. A grandes rasgos, podemos definirlo como una red neuronal que es la base fisiológica de las emociones primarias, como el miedo o la ira, y de otros procesos como la memoria. Se trata de una red neuronal que alberga esta especie de sistema de defensa. Trabajando en conjunto con los sistemas sensoriales, es capaz de hacer desencadenar al ser humano y resto de especies que disponen de uno reacciones rápidas y útiles. Básicamente trabajar de una forma similar a la siguiente: “si veo una mancha negra con muchas patas entonces me aparto” o “si veo algo más grande que yo viniendo hacia mi entonces huyo” o “si algo me sobrevuela entonces agacho la cabeza”. Por supuesto, no se trata de una mediación hecha por el lenguaje, sino que las neuronas de los sistemas sensoriales en conexión con las neuronas del sistema límbico desatan las reacciones corporales y de comportamiento que nosotros llamamos miedo, ira, sobresalto, etc.

Este sistema, como hemos dicho, es de “acción rápida”. Debido a que es lo primero que “se pone en marcha” cuando vemos ciertos estímulos clave (arañas, serpientes, cosas grandes viniendo hacia nosotros, cosas sobrevolándonos) o cosas que se le parecen, caemos en estos comportamientos que a ojos de la razón parecen ridículos, como acelerársenos el pulso por culpa de una pelusa con cierta forma. Se trata de un sistema rápido que tiene escasos filtros y actúa ante todo lo que se parece a un peligro, sea luego bicho o pelusa. Podría decirse que es un sistema por defecto. Por así decirlo, el sistema límbico primero nos pone a salvo. Luego ya podemos revisar el estímulo para cerciorarnos de si se trataba de una amenaza real, pero primero nos pone a salvo. Piensa en la utilidad para la supervivencia de esto.

mancha-inicioCabe comentar que el ser humano y otras especies con cerebros más complejos somos capaces de “detener” esas reacciones gracias a regiones más modernas del cerebro, como la corteza. Estas regiones que rodean el sistema límbico funcionan, entre otros modos, como una especie de segundo sistema de seguridad para el organismo que evita que reaccionemos de forma desproporcionada o poco adaptativa a determinada situación. Aunque le dedicaremos posts exclusivos, diremos que gracias a las cortezas el ser humano es capaz de no llevar al extremo esas reacciones “ridículas” ante pelusas o cosas que se parecen a cosas, como huyendo despavoridos de ellas o atacarlas como quien ataca a algo que pone en peligro su vida.

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