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autoestimaCada una de las cosas que constutuyen nuestro bagage de capacidades y comportamientos podemos (y debemos) examinarlas bajo el prisma de las fuerzas selectivas que son la Selección Natural y la Selección Sexual. Debemos preguntarnos el porqué de cada rasgo y buscar su porqué evolutivo.

Sobre el autoestima existen ríos y ríos de tinta (la mayoría bastante dudosos y de escasa utilidad) sobre cómo conseguir aumentarla, pero nosotros no vamos a centrarnos hoy en eso. Hoy vamos a descubrir una de las hipótesis que tratan de explicar el origen evolutivo del autoestima. ¿Por qué el ser humano siente esa necesidad de estar a gusto consigo mismo? 

El autoestima nos resulta familiar a todos. Algunos psicólogos de la corriente humanista (fundamentalmente descriptiva) la abrazan como una de las metas hacia las que el ser humano se siente orientado. El autoestima necesita el autoconcepto, que es lo que sabemos que somos. Este autoconcepto es un conjunto de definiciones que mantenemos nosotros mismos sobre lo que somos. También es algo en cuya formación intervienen los demás. Difícilmente el ser humano es capaz de crearse un concepto sobre sí mismo si no toma como referente al resto de un grupo. Podemos saber que somos guapos, podemos saber que somos listos, podemos saber que somos fuertes, etc; pero en esa medida de lo que somos intervendrán las percepciones del resto y las comparaciones con el resto.

Algunos psicólogos sociales sitúan, precisamente, en esos otros el origen del autoestima. Pero para lograr comprenderlo debemos viajar al pasado, al momento en que nuestra supervivencia dependía en gran medida en la capacidad de pertenecer a un grupo (ahora podemos ser “lobos solitarios” y no morir en el intento). El grupo era protección, abastecimiento, procreación… No pertenecer a uno podría tener para el hombre solitario consecuencias catastróficas.

homo-sapiensEl hecho de que el autoestima dependa tanto de la pertenencia a un grupo y de la aceptación social pone en pista de su utilidad: se trata de un inestimable “pegamento” entre la persona y el grupo en la cada vez más compleja vida social y jerárquica del ser humano. Como nuestra capacidad de sentir hambre cuando nos falta comida, que es la que nos recuerda en primer lugar que debemos comer, la capacidad de sentir alta o baja autoestima parece una estrategia eficaz para desearnos la aceptación grupal y amoldarnos a la vida en grupo. Teníamos (y tenemos) esa necesidad de medirnos, y medíamos (y medimos) lo buenos que somos en buena parte fijándonos en el rechazo o la aceptación de los demás.

Es sabido y está comprobado que una de las variables que más influye en nuestro autoestima es vernos aceptados o rechazados por determinados grupos. Sentirse bien consigo mismo es una motivación poderosa para el ser humano para permanecer en grupo y aceptar los costes de amoldarse a unas normas sociales (igual que paliar ese dolor de estómago que es el hambre es una motivación poderosa para comer, aunque paliar el dolor no sea el fin último de la alimentación, sino nutrirnos y permanecer vivos), y una útil vara de medir si estamos o no haciendo bien las cosas. Un nivel bajo de autoestima en las sociedades primitivas sería sinónimo del rechazo grupal (como, de nuevo, el hambre que nos avisa de que nos acordemos de comer) por lo que el individuo se sentiría motivado para cambiar su situación y modificar su comportamiento hasta lograr la aceptación grupal y, por tanto, un autoestima más elevado. Funcionaría algo así como: Si el grupo me acepta me siento bien, entonces voy a comportarme como los demás desean y a amoldarme a las reglas sociales.

Image13585Aunque hoy en día, en la “sociedad occidental” el autoestima del ser humano se ve comprometido constantemente por mensajes serviles al sistema económico, sospechamos que el cariño y aceptación del grupo hacia nosotros gracias a un comportamiento socialmente positivo sería más que suficiente para sentirnos a gusto con nosotros mismos. Puede que la próxima vez que sientas desprecio o rechazo hacia ti mismo por no comulgar con ciertos artificios, te sientas mejor sabiendo que no hay nada erróneo en tu naturaleza sino en la forma y medida en que el sistema económico la pone a su servicio.

Como apunte al margen, el autoestima también puede ser una estrategia evolutivamente seleccionada para “obligarnos” a ser creativos y útiles para la comunidad, además de pertenecer a ella. Una forma natural de hacernos querer mejorar nuestro entorno con tal de conseguir el afecto social.

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