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Oestrus female cat, Dainty, in lordosis

Gata en lordosis, una conducta necesaria para la reproducción de muchos mamíferos.

Los documentales sobre naturaleza nos han acostumbrado a un término: la época de celo o estro, la época en que los mamíferos de repente parecen recordar que tienen sexualidad. Cualquiera que tenga animales en casa sabe que cada x tiempo estos entran en un comportamiento especial, sobretodo las hembras o los machos que viven en entornos con hembras de su misma especie. Dicen que se nota especialmente en los gatos: maullidos, frotes, ronroneo constante, movimientos extraños… En el caso de las hembras, estos comportamientos extraños son más marcados pues son una especie de “islas” particulares en su forma normal de estar, por eso se dice que las hembras tienen celo en épocas. Los machos, en cambio, parecen tener una sexualidad más constante.

¿A qué se deben las épocas de celo?

Las épocas de celo son algo que ocurren cada x tiempo dependiendo de las especies. Dentro de las mismas especies, también varían de animales domésticos a salvajes: los animales domésticos suelen entrar más veces en celo que los salvajes, al parecer, por la mayor disponibilidad de alimento y temperatura constante. Pero, claro, no se puede decir que la sexualidad de los mamíferos sea una decisión. La sexualidad, la época de celo y sus comportamientos están determinados, cómo no, biológicamente por las hormonas.

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Estradiol

Las hormonas que inducen a las hembras mamíferas a este tipo de comportamientos sexuales, las hormonas que les hacen buscar el sexo hasta quedarse preñadas son las producidas por los ovarios: el estradiol, la progesterona y, en menor medida, los andrógenos. Estas hormonas, además de influir en el dimorfismo sexual característica de muchas especies en su vida adulta (dimorfismos que tratamos en “La naturaleza tiende a crear mujeres“), operan en el cuerpo femenino haciendo desplegar los comportamientos reproductorios: buscar al macho, ser receptivas al macho, la característica lordosis (el arqueamiento del lomo que hace posible la penetración). Si la hembra carece de ovarios o de estas hormonas, no existirá la sexualidad para ella. Nunca será receptiva a los machos y estos nunca podrán montarla debido a la carencia de lordosis.

En los machos es la testosterona, la hormona producida en los testículos, la que les dota de sexualidad. Aunque el macho puede copular siempre que se cruce con una hembra en celo (es decir, no tiene épocas de celo sino celo), necesita disponer de testículos sanos que produzcan testosterona para poder generar espermatozoides y para tener potencia e interés sexual.

La disponibilidad de hormonas para estos mamíferos es algo así como condición sine qua non para su sexualidad. Sin estradiol y progesterona se vuelve físicamente imposible para los machos reproducirse con las hembras, y sin testosterona estos no sentirán la necesidad ni podrán.

Primates superiores, especies particulares

bonobosPero algo ocurrió en el curso de la evolución. En los primates superiores como los seres humanos la sexualidad dejó de estar estrictamente determinada por las hormonas. Esto no significa que los seres humanos no dispongamos de esas hormonas. De hecho, son las mismas: progesterona y estradiol para las mujeres, testosterona para los hombres. Lo que ocurre es que los humanos somos capaces de tener actividad sexual (que no reproductora) siempre que queramos, medien o no hormonas. En nosotros, las hormonas sexuales, más que un efecto determinante, tienen un efecto facilitador: cuando los niveles de hormonas sexuales crece, estamos, por así decirlo, más dispuestos, pero no son condición sine qua non.

Estudios han recabado estos efectos. El aumento de hormonas sexuales en los seres humanos significa una mayor búsqueda de sexo, mayor excitabilidad e incluso mayor pensamientos eróticos y despliegue más numeroso de conductas autoeróticas. Implica también cambios comportamentales de otro tipo, como mayor irritabilidad o agresividad en situaciones hostigantes. Pero la ausencia de estas hormonas, así mismo, no significa la supresión de la conducta sexual. La determinación biológica deja su parte a la determinación social y estimular. Podemos sentirnos excitados en cualquier momento del año por muy diversos motivos: por simple pensamiento, por la simple presencia de la pareja o persona que nos atraiga, por ver, sentir o escuchar algo erótico… E incluso podemos tener prácticas sexuales sin necesidad de excitación por negocio (caso de la prostitución) o por “favor” al otro.

La “superación” del control biológico del comportamiento (si es que se puede llamar a algo que hagamos no biológico) debido a nuestro mayor desarrollo cerebral no es exclusivo de nuestra especie. Nuestros “primos” los chimpancé o los bonobos, especialmente estos últimos, despliegan conductas sexuales no reproductivas. Los bonobos utilizan el sexo como una forma de regulación social, de marcaje de estatus social y como forma de resolver conflictos. Son todo un ejemplo de “haz el amor y no la guerra”.

65-HUELGAOK - copiaEsta flexibilidad en la conducta sexual también se demuestra ante la carencia total de hormonas. Los mismos chimpancés han demostrado, incluso después de haber sido castrados o “deshormonados” a través de la inyección de sustancias no dañinas que mantienen la conducta sexual, aunque no de cualquier manera: la experiencia en el sexo que tuvieran antes de la castración determina su capacidad para seguir practicándolo. Así, los machos dominantes son los que mostraban mayor capacidad para mantener su virilidad a pleno rendimiento a pesar de la carencia de hormonas.

La diferencia principal entre los primates superiores y el resto de mamíferos se puede resumir en que la época de celo en ellos marca el momento de sexualidad y reproducción mientras que en nosotros sólo la de reproducción (la mujer no es fértil durante todo el mes). El ser humano y nuestros “primos” hemos sido evolutivamente dotados con la capacidad de utilizar el sexo o de simplemente disfrutarlo sin utilidad reproductiva. No significa que por ello carezca de utilidad biológica. Es indudable el efecto que tiene la vida sexual en la consolidación de las relaciones, más allá de que se ejerza con o sin intención de tener hijos. El sexo ha adquirido significado social y biológico más allá del reproductorio.

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