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roy_lichtenstein_girl_in_mirror_d5371730h¿Puede la alegría ser un problema para el ser humano? Para responder a esta pregunta, primero hemos de entender qué es la alegría. La alegría es otra de las denominadas emociones primarias. De dos de sus compañeras ya hemos hablado aquí (asco y tristeza). Y como ellas, la alegría es primaria porque es una emoción con utilidad adaptativa.

La alegría surge en las situaciones positivas, cuando nos procuramos o nos procuran algo que necesitamos o queremos por algún motivo. La alegría actúa, pues, como una “auto-recompensa” cuando ocurre algo positivo para nosotros, como un segundo aviso de “estoy bien”. Aunque interfieren en ella variables culturales y educacionales, evolutivamente tiene la utilidad de hacernos hacer lo que es bueno. Sólo hay que pensar que actuamos buscando siempre emociones positivas como la alegría y, a largo plazo, la felicidad. Cuando todo está bien o cuando algo está bien de repente, nos sentimos alegres. La alegría, como resultado, como estado positivo y placentero para nosotros, nos guía a tener relaciones sociales positivas, a cuidarnos, a evitar ciertas conductas. Su expresión también nos ayuda a comunicarnos con nuestros progenitores cuando no disponemos de lenguaje. Una sonrisa, fruto de la alegría del bebé, indica que está bien, a gusto. Imaginad qué ocurriría si las emociones no nos acompañaran desde tan pequeños. Sería imposible para los adultos saber qué nos pasa.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando esta alegría no ocurre cuando debe ocurrir y pierde tales valores adaptativos y de bienestar? Es a lo que se denomina alegría patológica, problemática o manía. La manía podemos entenderla como lo opuesto a la depresión. En la depresión, el afectado padece un humor negativo más o menos crónico que no lo desencadena nada en concreto, revisa su vida y su alrededor peor de lo que “objetivamente” están. En la manía ocurre todo lo contrario: el afectado entra en un humor positivo igualmente desencadenado por nada concreto de la experiencia.

¿Y qué puede tener esto de negativo? La manía refiere a los casos extremos, en donde la alegría, que suele ir acompañada o estar formada por una evaluación positiva de uno mismo, “se pasa de rosca”. En tales estados, el ser humano está exaltado, “acelerado”, hiperactivado. Esta excitación excesiva se traduce en imprudencia. La manía suele ir acompañada de una autopercepción poderosa y desprecio del otro, de una necesidad de sueño mermada y de otras conductas osadas que interfieren en las relaciones sociales y en la seguridad personal. En estos excesos de alegría, la capacidad de decisión y los juicios resultan trastocados. Es decir, la capacidad del ser humano de alegrarse se torna un gran problema por exceso. La alegría pierde esa utilidad para la persona y se vuelve en su contra.

cocaina-maldito-polvo-principal-550x314A modo de nota, cabe decir que determinadas sustancias persiguen la manía. Algunas, como el alcohol o el cannabis, no suelen desencadenar una alegría tan potente y extrema, aunque sí la favorecen. He ahí la “sonrisa estúpida” del que se ha tomado unas copas o del que ha fumado. Se ven estúpidas porque ocurren por algo que, en situación normal, no las desencadena. Otras, como la heroína, cocaína o el ácido lisérgico (LSD) tienen una capacidad de activación mayor y en función de la dosis puede transportar al ser humano a un estado maníaco.

Normalmente, los episodios maníacos son seguidos por estados depresivos. Este “baile” de estados emocionales es lo que encierran uno de los trastornos psicológicos graves del ser humano: los trastornos bipolares.

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