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15181778-illustration-3d-art-du-systeme-nerveux-de-vue-de-l-39-arriere-femininEl sistema nervioso del ser humano es uno de sus rasgos característicos por ser el más complejo de la naturaleza. Nuestro encéfalo, parte fundamental del sistema nervioso, es el más desarrollado del mundo animal. Pero, por supuesto, ese sistema nervioso no surgió de la nada. Ha sido fruto de un proceso de evolución por el que podemos desplazarnos hasta su principio, hasta donde empezó todo: a los seres unicelulares. ¿Podían (y pueden, puesto que todavía conviven con nosotros) aquellos seres procesar información a pesar de contar con una única célula? ¿Pueden, con su escasa dotación, cumplir una función similar a la que cumple el sistema nervioso del ser humano?

Ya hablamos en el post “¿Tenemos memoria fuera de nuestro cerebro?” de que el sistema nervioso cotidianamente procesa información sin que intervenga el cerebro para nada, aunque este órgano exponente del ser humano lo definamos normalmente como “el que procesa información”. En el post de hoy vamos a dar un paso más allá y comprobar si se puede procesar información sin sistema ni neuronas.

imagesComo decíamos, vamos a por las bacterias. Las bacterias son microorganismos, esto es, seres vivos. Son seres vivos muy simples, tan simples que los compone una única célula. Para más inri, son células procariotas, es decir, que carecen del núcleo que sí tienen nuestras células. No forman parte del reino animal, pero son seres vivos; y son seres vivos que llevan sobreviviendo durante milenios y milenios en este planeta. Su actuación es adaptativa, es decir, en resumen, buscan sobrevivir y evitan la muerte. Como en el resto de seres vivos, se comporta para sobrevivir. Y no les va nada mal: son los organismos más abundantes. Están por todas partes y, de hecho, son clave en la supervivencia de todo el resto de seres vivo. Aproximadamente tenemos diez veces más bacterias en nuestro cuerpo que células propias.

Son seres simplísimos pero seres que actúan adaptativamente. De algún modo son capaces de percibir su ambiente, investigarlo y memorizarlo para alimentarse y reproducirse. Es decir, sí, se puede procesar información sin sistema nervioso. Las bacterias lo llevan haciendo desde hace millones de años.

¿Cómo puede ser?

bacteria-EcoliLas bacterias tienen receptores, que suelen ser cadenas de proteínas. Estas cadenas de proteínas son capaces de detectar eso que necesitan para alimentarse, como la glucosa. Las proteínas “cazan” esos nutrientes y se metabolizan en el cuerpo celular. Las bacterias también tienen un modo de locomoción. Los más conocidos son los flagelos, que vuelven a ser cadenas de proteínas. Estas cadenas de proteínas “se mueven” no por la voluntad de la bacteria (¿cómo va a tener voluntad?) sino que “están a merced” del entorno químico. Las reacciones químicas de la interacción del flagelo con el entorno “hacen” que la bacteria se mueva. Este movimiento, claro, debe ser adaptativo, así que esas reacciones químicas hacen que la bacteria “se mueva” hacia donde hay alimento y “se vaya” de los ambientes tóxicos. A su vez, la bacteria no es conformista. Es capaz de “controlar” cómo está, cómo estuvo y cómo puede estar. De nuevo, la voluntad no existe ni la idea de bienestar en alguna suerte de pensamiento de la bacteria; sólo actúa la química. Sus receptores son capaces de “comparar” una situación mejor (por ejemplo, un entorno con más glucosa o más luz) con una situación peor (como un entorno con menos glucosa o menos luz), y así la bacteria “controla” y mejora su modo de vida.

Como vemos, son procesos simplísimos (dentro de la complejidad general de la naturaleza), pero resulta curioso el hecho de que seres tan primitivos al fin y al cabo exhiban unos comportamientos cuyo objetivo final es idéntico al que exhibe el ser más complejo, el ser humano: la supervivencia. Aunque nuestro comportamiento no lo guíen las diferencias químicas de nuestro entorno, la utilidad de nuestro sistema nervioso y nuestro querido cerebro es la misma que la de estas bacterias con sus cadenas de proteínas: procesar información para seguir vivos. La flexibilidad de comportamiento del ser humano, por supuesto, es infinitamente mayor, pero compartimos el fin último.

Aunque las bacterias no nos pueden negar que ser humano es bastante más interesante y entretenido que ser como ellas (o eso queremos creer).

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