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oreja_01Piensa en alguno de tus viajes que hiciste a un país extranjero del cuál no entiendes el idioma. A ser posible, piensa esa situación en un país del cual no entiendas su idioma pero se parezca a tu lengua materna en tono y pronunciación. Un ejemplo para el español podría ser el griego. El griego para un español que no lo ha aprendido es ininteligible, pero oír hablar a un griego es como “oír hablar a un español decir cosas sin sentido”. La sensación es extraña, pero es normal. Al fin y al cabo es un idioma extranjero.

Pues bien, hay personas que “sufren” esa sensación dentro de su propio idioma. El trastorno recibe el descriptivo nombre de sordera pura para las palabras y su causa es una lesión en un punto bastante concreto del encéfalo.

Una de las áreas cerebrales que son el sustrato neurológico de la capacidad de hablar del ser humano es el área de Wernicke. Este área, parte de la corteza asociativa, a modo de resumen definitorio, se encarga de la codificación y descodificación del lenguaje, esto es, de la unión de los símbolos del lenguaje (palabras escuchadas o leídas) con sus significados, además de la “traducción” del pensamiento en un discurso con sentido. Para acotar un poco más su funcionamiento, podemos describir al área de Wernicke como un nexo neuronal que conecta sistemas sensoriales con la información semántica y gramatical. Por así decirlo, este área conecta cada vez que escuchamos o leemos la palabra “perro” con el concepto “perro” que hemos aprendido, su significado, las imágenes conectadas a él, experiencias con perros y un largo y explosivo etcétera.

Areas-Broca-y-Wernicke

Las área de Broca y de Wernicke son las principales “responsables” cerebrales de nuestra capacidad de emplear el lenguaje, pero necesitan el input de otros sistemas para funcionar.

Ahora imagina que esas conexiones por alguna suerte de lesión se interrumpen. El efecto es como si de repente todo el mundo, por algún consenso tácito que tú desconoces, cada vez que quiere decir “perro” utilizan la palabra “vuqueja”, y así con todas las palabras. Imagina que por ese consenso tácito que desconoces la frase “el perro mordió al niño” ahora suena como algo desconocido, por ejemplo, “da vuqueja rinoá nu garo”. (Puedes pedir a alguien que te hable inventándose las palabras para experimentar la sordera pura para palabras “en propias carnes”). Y así con todo el vocabulario que integra el idioma que siempre has hablado. Estos pacientes comprenden perfectamente que alguien les habla, pero no lo que les dicen. También son capaces de comprender si el que habla está furioso, temeroso, airado, nervioso, etc. La lesión que suele derivar en sordera pura para palabras se produce típicamente en este mencionado punto conectivo del hemisferio izquierdo.

Hay que recalcar que las personas que padecen sordera pura para las palabras no se vuelven sordas: siguen escuchando perfectamente las palabras y cualquier sonido, y siguen distinguiendo lo que son palabras de ruidos ambientales (como cualquiera de nosotros en un país extranjero), el problema es que su encéfalo es incapaz de integrar esas palabras que escuchan con su significado, por lo que se convierten en extranjeros dentro de su propio idioma.

tumblr_m69l4xAxen1rpww5no1_400Lo que quizás resulte más curioso de este trastorno es que los sujetos son perfectamente capaces de hablar ese idioma, de comprender palabras que ven escritas y de leer textos en su idioma sin problemas. El problema está en el medio que conecta el input auditivo con su significado, haciendo a cualquier palabra escuchada ininteligible. Pueden comprender lo que leen porque las vías que conectan el cortex visual de asociación con el área de Wernicke siguen intactas y funcionando normalmente. Pueden hablar con total normalidad porque las áreas dedicadas a la producción del habla están sanas. Pero las aferencias que llegan al área de Wernicke desde la corteza de asociación auditiva están funcionando mal.

Medita unos instantes e imagínate padeciendo este trastorno. Una muestra más de cómo el estado de nuestra “circuitería” condiciona nuestra percepción de la realidad. 

 

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