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sueñosEn las anteriores entregas de esta serie sobre las fases del sueño y la función del sueño hemos conocido un poco más de este comportamiento que tenemos cada noche. Aún así, a pesar de conocerlo un poco mejor, el sueño sigue resultando fascinante. Uno de los componentes que más fascinante lo vuelven son los sueños. Y no es de extrañar: los sueños han alimentado mucho de la mítica y concepción elevada que tenemos comunmente sobre nuestra especie. Los sueños, esas visiones extrañas que aparecen por la noche a mostrarnos una realidad diferente y en las que es muy difícil no encontrar significados. Son los sueños lo que vamos a examinar hoy.

La base neurológica de los sueños

Parte del encanto de los sueños reside en que somos capaces de ver cosas vívidas con los ojos cerrados y con la “consciencia apagada”. Se diferencian de nuestra capacidad de imaginar precisamente en eso: la imaginación necesita la voluntad de imaginar mientras que en los sueños esta imaginería “nos asalta” sin nosotros pedirlo.

Cabe pensar debido a que los sueños consisten en “ver cosas” que algo del sistema visual interviene. Y esto es un hecho, aunque de forma particular. Sabemos que lo que vemos no es una acción propia de los ojos sino del sistema visual trabajando en conjunto: no podemos ver si tenemos los ojos dañados, pero tampoco podemos ver o no lo haremos correctamente si tenemos los ojos sanos pero las vías neurológicas de la visión dañadas. Por complejo de entender que nos parezca, lo que vemos y la forma en que lo vemos es una sensación que se produce en el cerebro.

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La corteza prefrontal presenta una reducida actividad durante los sueños, mientras que la de asociación visual y la motora una actividad significativa. Esto puede servirnos para empezar a entender por qué los sueños pueden ser “absurdos” e “irreales” si los comparamos con lo que acaece en nuestro día a día.

Como vimos en “Nunca vemos algo del todo“, parte de esas vías visuales, la corteza visual de nuestro cerebro está dividida en varios segmentos dedicados a analizar la información visual de forma bastante concreta, como la inclinación de los estímulos, su color, su tamaño, su posición con respecto a nosotros, etc. Pero también comprobamos que este sistema no “concreta” la imagen al final de su análisis en ningún punto, sino que este “picadillo” de imagen se distribuye a múltiples y muy diversos puntos de nuestro cerebro, entre ellos, centros donde adquiere una integridad sensitiva junto a la información aportada por otros sentidos como la corteza de asociación y centros donde adquiere un sentido causal y ordenado como la corteza prefrontal.

Estudios de registro de actividad cerebral durante el sueño REM, que es el sueño donde ocurren los sueños “que han dado nombre a los sueños”, es decir, las imágenes carentes de sentido que nos seducen cada noche, han demostrado que esos momentos de la noche se caracterizan por una actividad reducida en la corteza visual primaria, esto es, la que recoge y analiza la información que procede de los ojos. Esto es un hecho nada sorprendente debido a que durante los sueños los ojos están cerrados. En cambio, sí se registra un aumento de actividad en áreas visuales de la corteza de asociación. Las imágenes del sueño parecen surgir de la actividad “espontánea” de ese área que en vigilia, cuando miramos cosas, recibe aferencias de áreas anteriores de procesamiento visual y nos permite percibir el entorno.

Lo que también resulta lógico es que esa actividad en el área de asociación junto con la falta de actividad en la corteza visual primaria viene acompañada por una igual disminuída actividad en la corteza prefrontal. El buen funcionamiento de este área característicamente desarrollada en el cerebro del ser humano está vinculado con la percepción de causalidad, con la planificación, el orden de acontecimientos y un largo etcétera que nos permite percibir la realidad como un suceso ordenado y comprenderlo. Este área tiene una actividad reducida durante el sueño, y parece que el resultado es esa característica falta de consistencia de los sueños, esas “alocadas” construcciones de acontecimientos en donde por un momento estamos en un lugar pero de pronto estamos en otro y pasamos de una acción a otra sin poder conocer los motivos, aparecemos en un sitio o en otro “sin orden ni concierto” o a veces ocurren sucesos inexplicables o tenemos alguna especie de “superpoder” por el que podemos ejecutar acciones sin esfuerzo.

Dicho en breve, si hemos de definir los sueños aludiendo a su componente fisiológico, podemos decir que son una actividad relativamente libre, peculiar y espontánea del cerebro que afecta a diferentes áreas cerebrales permitiéndonos “verlos” (por la actividad de la corteza visual en ausencia de estímulos visuales externos) y “sentirlos”.

El efecto de los sueños

sueñosEste tipo de imaginería visual resulta más sorprendente si cabe por el tipo de actividad que “despierta” en nuestro cerebro. Curioso es ver este tipo de sueños extraños, pero más curioso es comprobar que estas imágenes despiertan actividad en la corteza motora, a la cual conocimos en “Las tres preguntas del movimiento“: los sujetos “presa” de sueños en los que se mueven presentan una actividad incrementada en esta corteza tal y como si realizaran el movimiento. Muestra de esta “representación” de lo que vemos son los característicos movimientos de los ojos en la fase REM: parece ser que corresponden con la clase de imaginería que estamos presenciando. Por ejemplo, si soñamos que vemos un partido de tenis, los movimientos REM podrían estar “siguiendo” ese partido de tenis siguiendo la pelota de un extremo a otro del campo. Este tipo de hallazgos se han realizado en estudios en los que se hace dormir al sujeto hasta la fase REM, se le despierta y se le pide que describa el sueño que ha tenido (si se despierta al sujeto durante la fase REM presentará un alto recuerdo de lo que estaba soñando).

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Haz click para ver al perro con problemas con su “sistema de seguridad” nocturno.

Otros estudios que han permitido corroborar esto son los destinados a un trastorno que describiremos en profundidad en post siguientes. Este es el trastorno de conducta del sueño (que no debe confundirse con el sonambulismo). El sujeto aquejado del mismo se moverá como sueña debido a que su “sistema de seguridad” nocturno falla. Por ejemplo, si sueñan que luchan, lucharán. Si sueñan que hablan, hablarán o, incluso en los casos más llamativos y completos del trastorno, si sueñan que bailan, bailarán, con todos los peligros que conlleva ejecutar estas conductas en un entorno diferente al real como es el que se nos haya presentado en sueños. Tú mismo seguramente has sido “presa” de algún pequeño fallo de este “sistema de seguridad” que falla crónicamente en los sujetos aquejados. Si duermes acompañado, seguramente alguna vez te han informado de que has hablado o de que has soltado alguna patada.

¿Y la utilidad de los sueños?

En el artículo que dedicamos a las fases del sueño supimos que las fases de sueño de ondas lentas (fases 3 y 4) tenían la utilidad de permitir a las células del cerebro descansar de su actividad y “sacar la basura” mediante la sincronización de las descargas neuronales y el descenso de la actividad y descenso de la actividad metabólica consecuente. En estas fases se producen sueños pero parecen quedar lejos de lo “vívido” y “extraño” de las ensoñaciones en la fase REM, que son las que mejor ejemplifican el atractivo del fenómeno. Dijimos que en la fase REM el cerebro recupera de súbito una actividad de ondas theta, de alta frecuencia y baja intensidad, que caracterizan la actividad de cuando estamos despiertos. Esto resulta lógico sabiendo que soñar requiere de la actividad mental y que el sueño requiere o “llama” a la actividad de otras áreas del cerebro como la motora aunque estemos básicamente paralizados mientras dormimos. ¿Qué utilidad puede tener esto?

sueñosTodavía no se tienen muchas conclusiones claras. Debido a la enorme proporción de fase REM que presentan los recién nacidos frente a los adultos y la pérdida paulatina de tiempo REM que ocurre según maduramos ha permitido deducir que la actividad del cerebro en esta fase y los consecuentes sueños suponen un estímulo necesario para el correcto desarrollo del cerebro, concretamente para la formación de las conexiones neuronales y su fortalecimiento debido a la actividad “extra” que ocurre durante las noches. Otra prueba para esta hipótesis es la relación inversa existente entre la cantidad de sueño REM y el estado del desarrollo cerebral al nacer: cuanta más fase REM presente la cría, menor es su desarrollo cerebral en el momento de nacer en comparación con el que consigue un individuo sano de su especie.

Si existe impacto del sueño REM en la configuración del cerebro “tal y como debe ser un cerebro”, cabe preguntarse si existe impacto de esta fase y los consiguientes sueños en el establecimiento de conexiones que no tienen que ver con el desarrollo como tal del cerebro sino en el aprendizaje, esto es, en su modificación. Y así ocurre. Aunque se desconoce el motivo seguro, se conoce que los sueños intervienen en el aprendizaje motor y en la memoria procedimental, es decir, por ejemplo, la que nos permite montar en bicicleta o tocar el violín sin esfuerzo cuando hemos practicado. Quizás en esto tenga que ver la actividad motora cortical que hemos descrito que ocurre durante los sueños.

Lo que parece quedar claro es que los sueños carecen de una función predictora o que funcionen a modo de profecía como promulgan algunos de los denominados “diccionarios de interpretación de sueños”. Los sueños a menudo tienen que ver con sucesos, imágenes, deseos o preocupaciones reales porque esos sucesos, imágenes, deseos o preocupaciones han ocupado nuestra mente y adquieren formas particulares durante la ensoñación, pero los sueños ocurren a partir de estos y nunca al revés como predictores. Tampoco esos diccionarios parecen resultar muy útiles como “traductores” entre nuestro típicamente denominado como subconsciente y nuestro consciente ya que, como se ha visto, se trata de imágenes aleatorias y más o menos espontáneas.

A pesar de que no se tratan de algo místico, desde luego los sueños no dejan de ser sorprendentesy algo digno de lo que disfrutar. 

Conoce más sobre el sueño en “Función del sueño” y “Fases del sueño

Fuente: Fundamentos de fisiología de la conducta. Neil R. Carlson. Ed. Pearson.

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