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El Sistema Nervioso está compuesto por encéfalo, médula espinal y vías nerviosas. Todo ello, a su vez, lo componen, entre otras células, las neuronas. Aunque las neuronas son popularmente conocidas como “las células del cerebro”, tenemos neuronas a lo largo de todo nuestro cuerpo. Lo mismo pasa con la famosa “materia gris”. La materia gris está formada por la agrupación de los cuerpos de las neuronas (los soma),  algunas de sus ramificaciones (dendritas) y glías (las células que sirven de “apoyo” y mantenimiento para las neuronas) y, por tanto, tampoco es sólo cosa del cerebro. Tenemos también sustancia gris a lo largo de nuestra médula espinal. Es decir, en ella tenemos agrupaciones funcionales de neuronas.


Entonces, si cuenta con el mismo “material pensante” del cerebro, ¿la médula espinal puede aprender cosas “por sí misma”?

Esta pregunta la resolvieron James W. Grau y colaboradores ayudándose de ratas con lesión medular, ratas parapléjicas. Ya era conocido que la médula espinal integra algunos, por así llamarlos, circuitos locales que no precisan llevar el impulso nervioso hasta el cerebro, procesarlo y llevarlo de vuelta al circuito para ejecutar respuestas motoras. seccion_06_05Tal es el caso de los movimientos reflejos: la típica escena de las revisiones médicas en la que el doctor golpea con un martillo en la rodilla al paciente. Esa sacudida de la pierna es una respuesta refleja que no ha pasado por nuestro cerebro. Lo mismo pasa en las ratas: si se les aplica descarga en la pata, la retiran reflejamente. Esto se debe a los circuitos neuronales locales situados en la zona sacro-lumbar de la médula.

Los reflejos, esas conductas “rebeldes” de la médula espinal que realiza sin que supervise el cerebro son respuestas motoras “imprimidas” en nuestro sistema nervioso y están ahí desde que alcanzamos un cierto desarrollo. Así pues, si la médula es capaz de “ir por libre”, ¿pueden modificarse esas respuestas como quien modifica cualquier otra conducta? ¿Puede “enseñarse” una conducta a la columna vertebral? ¿Puede ésta “memorizar” que una conducta puede ser mejor que la que ya despliega?

El experimento fue el siguiente: se dispuso a un grupo de ratas con la columna seccionada. Se les suministró una descarga en el músculo de la tibia cada vez que su pata se estiraba. Reflejamente, la flexionaban. Al cabo de unos cuantos ensayos las ratas parapléjicas habían aprendido, sin intervención del cerebro, que la pata encogida era una pata sana y salva. Las ratas habían aprendido la relación “pata estirada-descarga”: mantenían la flexión un periodo mucho más largo. El trozo de columna vertebral seccionado había “grabado” la información y corregido la conducta refleja que hasta entonces desplegaba.

Se comprobó que esa flexión más prolongada no se tratase de una simple respuesta a la estimulación eléctrica (como quien emite corriente a través de un cable) repitiendo el experimento con ratas parapléjicas a las que se administraba descarga tuvieran la pata estirada o encogida. Esas ratas, afianzando el resultado anterior, no aprendieron a mantener la pata encogida más tiempo porque no existía una relación entre “pata estirada-descarga” ni “pata encogida-no descarga”. 

Así pues, la médula tiene capacidad de memorizar, de aprender.

Por supuesto, el aprendizaje fue mucho más lento que en ratas que tenían su conexión con el cerebro en perfectas condiciones. El aprendizaje medular de conductas es un mecanismo muy primario, simple y tiene mucho que envidiar al aprendizaje que ocurre en conexión con el cerebro. La plasticidad y la memoria es escasa y el moldeamiento es ridículamente inferior a lo que puede conseguir el sistema conectado al cerebro. Pero nunca dejará de ser sorprendente que el pensamiento, el aprendizaje, aunque sea de una forma tan rudimentaria y tan simple, también ocurra más allá del cerebro, contradiciendo a la idea popular.

En humanos se ha empleado este conocimiento de la capacidad de las neuronas de la médula para procurar la rehabilitación de pacientes con lesiones medulares, logrando con éxito en algunos pacientes que estos tractos medulares seccionados puedan volver a organizar la conducta de caminar mediante estímulos externos (poniéndoles, por ejemplo, sobre un andador), aunque, desgraciadamente, al no establecerse conexión con el cerebro, esa conducta de caminar no pueda ser fruto de la voluntad ni del impulso interno.

Estudio: Spinal Neurons Exhibit a Surprising Capacity to Learn when Freed from the Brain’s Control

 

 

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