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monogamiaLa monogamia es un sistema reproductivo de los más extendidos entre el ser humano. Aunque todavía existen culturas en donde dominan otros sistemas de apareamiento, se puede decir que, por lo que nos consta a nosotros, culturas derivadas de Europa y su expansión, somos monógamos. Pero, ¿es la monogamia la forma de aparearnos más útil y eficaz? ¿Otros sistemas podrían procurarnos un mayor éxito como especie?

El éxito de un sistema de apareamiento

El éxito reproductivo es, a grandes rasgos, la capacidad de tener el mayor número de crías sanas en el menor tiempo posible. Durante siglos, cada especie ha ido perpetuando el sistema reproductivo que más útil y ventajoso le ha resultado. Así se han establecido muchos y muy diversos sistemas: desde el sistema de las abejas o las hormigas en que una única hembra tiene papel reproductor hasta el nuestro.

poliandria

Un caso de poliandria humana. En algunas regiones de Asia, una mujer puede tener varios maridos. Normalmente son todos los hermanos de una familia que se casan con una misma mujer para que las tierras heredadas del padre no deban dividirse.

Dentro de la clase a la que pertenece nuestra especie, los mamíferos, el sistema reproductivo que más éxito biológico ha granjeado para sus “usuarios” es la poliginia. Aproximadamente un 90% de especies mamíferas se acogen a ella. En este sistema, un grupo de hembras es fecundado por un único macho dominante. Los machos compiten entre sí para la reproducción, por lo que existe un marcado dimorfismo sexual, esto es, una gran diferencia física entre machos y hembras debido a que los rasgos que se han seleccionado para los machos van destinado al éxito en esa competición con otros machos. En estas especies, los machos suelen ser mucho más grandes que las hembras (caso, por ejemplo, de los ciervos) y suelen contar con rasgos característicos y llamativos que los ayudan en esta competición (un ejemplo paradigmático es el plumaje de los pavos reales). Hay especies en que se da el mismo sistema invirtiendo los sexos, es decir, donde una hembra acapara a varios machos: la poliandria, siendo este un fenómeno minoritario.

Otros sistemas de gran éxito entre mamíferos es la poliginandria. En él, varios machos son los que se aparean con todo un grupo de hembras, a las que protegen de otros machos y de los peligros (caso, por ejemplo, de los leones). La poliginandria a veces se da en forma de promiscuidad, en que todos los machos se aparean con todas las hembras ya que se precisan varias cópulas para lograr la fecundación.

Estos sistemas en donde pocos machos o un solo macho se aparean con las hembras de un grupo controlado tienen éxito debido al tiempo que precisa la gestación de los mamíferos. Si los machos de estas especies practicasen la monogamia, deberían esperar los meses de gestación a que su hembra volviese a estar fértil, perdiendo por ello durante todos esos meses muchas oportunidades de apareamiento, lo cual en la naturaleza se paga caro. Debido a los riesgos que conlleva la vida salvaje, en donde muchos nacen y muchos mueren (enfermedades, depredadores, etc.), tener el mayor número de crías posible es lo más inteligente para la supervivencia de la especie.

Por lo tanto, la monogamia es una práctica minoritaria.

Qué es la monogamia

monogamia

En algunas regiones, el ratón de campo es monógamo debido a particularidades territoriales.

A todos nosotros la monogamia nos resulta familiar (a unos más que a otros). La monogamia es el sistema en que la reproducción se lleva a cabo siempre con el mismo individuo. Un macho y una hembra se establecen como pareja reproductiva. La monogamia no es un sistema reproductivo creado por el ser humano. Hay especies cuyo ecosistema hace que la monogamia sea el método reproductivo más viable para ellos. Se da sobretodo en especies muy segregadas, que no viven en grupos, en donde puede resultar mucho más difícil encontrar a nuevos compañeros de reproducción que esperar a que la hembra sea fértil de nuevo, como es el caso de ciertas aves y roedores. Suelen ser especies, también, cuyas crías nacen desvalidas y se precisa la colaboración de ambos progenitores para su supervivencia (generalmente uno caza y el otro cuida de la cría).

Cabe destacar que la monogamia no suele ser total, ya que estas especies se reproducirán siempre que la ocasión sea oportuna (si aparecen nuevos individuos en el territorio, por ejemplo). La monogamia en la naturaleza suele venir acompañada de “infidelidades” ocasionales porque es un sistema poco eficaz si se compara con el resto de sistemas reproductivos. Sólo un 3% de mamíferos son especies monógamas.

Entonces, ¿por qué somos monógamos?

Observando biológicamente al ser humano, la monogamia parece no tener mucho sentido: somos una especie que cuenta con uno de los periodos de gestación más prolongados, nueve meses en donde la hembra deja de ser fértil y durante los que el macho pierde muchas oportunidad de engendrar nuevos hijos; también somos una especie en donde las hembras que viven en grupo tienden a sincronizar, por acción de las feromonas, sus periodos fértiles y una especie cuyas crías nacen muy vulnerables y el periodo de crianza se extiende muchos años después del nacimiento, y además existe entre hombres y mujeres dimorfismo sexual pero no muy marcado, por lo que ningún fenotipo masculino se ha perpetuado especialmente como exitoso. El sistema idóneo para una especie como la nuestra parecería ser la poliginia: un grupo de machos y un grupo de hembras establecen un grupo reproductivo y se encargan en conjunto de protegerse, buscar alimento y de cuidar a las crías durante su larga infancia frente a los peligros de depredadores y otros grupos.

Pero hay que tener en cuenta una cosa: debemos admitir que el ser humano tiene una peculiaridad que logra dar sentido a la monogamia. El ser humano es un ser culturalmente, socialmente y emocionalmente muy avanzado cuyo sistema reproductivo no está únicamente determinado genéticamente.

Es decir, no somos una especie genéticamente monogámica. Existen multitud de culturas humanas que ponen en práctica diferentes sistemas de reproducción. La monogamia es sólo uno de ellos. El nacimiento de la monogamia que practica buena parte de Occidente y su expansión por muchas de las sociedades humanas se localiza en Europa y la adopción del cristianismo y del judaísmo, de la institución del matrimonio y de su censura a comportamientos promíscuos. Estas religiones, más allá de lo que puedan suponer a nivel espiritual, supusieron la expansión de un conjunto de reglas morales y luego jurídicas que abogaban por la monogamia. Aunque viajasen envueltas a modo de escrituras sagradas, estas reglas componían un código capaz de establecer un orden social basado en la propiedad privada y que ponía fin a las luchas naturales entre macho por el acceso a las hembras. Dotaron y dotan de un sentido mayor que el reproductivo a las uniones entre personas y, además, supusieron un primer método de control de natalidad y medida de salud pública.

monogamia

Las relaciones homosexuales humanas son un ejemplo de que nuestra especie establece relaciones duraderas basándose en cuestiones emocionales y no únicamente por cuestión reproductiva.

Nuestra capacidad cultural es producto de nuestro desarrollo cerebral y esta mayor capacidad va acompañada de otras capacidades que permiten que la monogamia sea un sistema comprensible. Por ejemplo, la monogamia cobra cierto sentido porque somos capaces, además de regularnos a través de una serie de normas sociales, porque somos capaces de establecer relaciones más complejas que el resto de mamíferos. Esto permite que nuestras uniones no estén basadas únicamente en la sexualidad. También la complejidad de nuestras emociones “ayuda” a nuestra vida monógama: nuestra capacidad de ser felices (y la felicidad es una emoción que se ha incorporado a nuestro bagaje evolutivo porque es evolutivamente útil) ha quedado culturalmente muy vinculada a nuestra capacidad de encontrar una pareja que nos satisfaga a otros niveles además del reproductivo.

La monogamia humana resulta, pues, una monogamia cultural más que genética apoyada por nuestras capacidades sociales altamente desarrolladas. Lo normal en nuestra cultura es que cada cual establezca relaciones con una única pareja y que. si se procrea, la pareja en conjunto se encargue de asegurar el futuro de sus hijos. Además, lo normal en nuestra cultura es que nuestra pareja sea alguien que nos guste y nos satisfaga a más niveles que el sexual. Este modelo es el que se ha perpetuado generación tras generación. E incluso hemos ido más allá como especie logrando mantener relaciones inútiles a nivel reproductivo, como las homosexuales o las mantenidas con individuos estériles, pero que nos satisfacen a nivel emocional, o las mantenidas entre heterosexuales bajo el acuerdo, por decisión propia, de no tener nunca hijos.

poligamia

El matrimonio islámico, un ejemplo de poligamia humana.

Aunque no parezca el más inteligente pensado en términos naturales y reproductivos, la monogamia humana sí parece ser inteligente (o al menos “más cómodo”) dentro de nuestro entorno occidental, tan altamente institucionalizado, legislado y regulado económicamente.  Aunque otros sistemas podrían procurar para nuestra especie una población mayor (lo que en la naturaleza se suele traducir como éxito biológico), probablemente, debido a nuestro actual sistema económico y social, se traduciría en catástrofes emocionales a nivel individual debido a la forma en que hemos sido educados y en catástrofes económicas debido a la escasez de recursos y a nuestro nivel de necesidades materiales actuales.

No hemos de olvidar que nuestra sexualidad depende en gran medida, debido a esas mayores capacidades intelectuales, no sólo de nuestra dotación genética sino de la forma en que somos educados, por lo que, por así decirlo, el ser humano puede adoptar como normativo cualquier sistema de reproducción. Y de hecho así lo hace. Muestra de esto es la enorme cantidad diferente de comportamientos sexuales que exhibe nuestra especie a lo largo y ancho del mundo de forma abierta o en secreto.

 

Vídeos sobre amor y pareja en el canal de Youtube de Antroporama

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