facebooktwittergoogle_pluspinterestlinkedintumblrmail

2200x1100_SEX_FINAL_01¿Cómo se relacionan transexualidad, homosexualidad y cerebro? Hace unos cuantos meses, en el artículo “La naturaleza crea mujeres por defecto“, describimos cómo para la formación de las estructuras sexuales masculinas durante el desarrollo del feto es necesaria la acción de determinadas hormonas, mientras que para la formación de los órganos sexuales femeninos no hace falta tal acción. Por eso el artículo se denomina así: para la formación y constitución del feto como “cuerpo de mujer” sólo es necesario el laissez-faire. Pero también puntualizamos algo: que eso que describíamos era la “mera” formación de un cuerpo de hombre o de mujer, aunque, como comprobamos, en ciertos casos ni siquiera tener pechos, tener pene, tener vagina, ni siquiera tener cromosoma X o cromosoma Y era capaz de definir a una persona como hombre o como mujer.

A sabiendas de que ni siquiera la genética nos garantiza que nuestro cuerpo vaya a ser del sexo que en nuestros genes “viene programado” por ser XX o ser XY, las cuestiones que surgen en torno al sexo y el género son abundantes. Puedes leer un poco más de esto en “Algunas cuestiones sobre sexo y género“.

Sabemos por la existencia de personas homosexuales (personas que sienten atracción sexual por su mismo sexo), bisexuales (personas que sienten atracción sexual por ambos sexos) y transexuales (personas que tienen una identidad de género distinta a la que “marca” su cuerpo) que la heterosexualidad (personas que sienten atracción sexual por el sexo “contrario”) no es una norma. Debido a esta variedad que existe en cuanto a identidad de género (de qué género se siente uno) y orientación sexual (qué sexo me atrae), cabe preguntarse qué es lo que “nos hace ser” de determinada manera y cuál es el sustrato fisiológico de ello.

Al ser la sexualidad un comportamiento, es normal buscar ese sustrato fisiológico en el cerebro, nuestra querida central de comportamientos. En “¿A qué viene mi identidad sexual?” pudimos ver que la ciencia poco a poco va hallando y señalando núcleos cerebrales que parecen relacionarse con tener una identidad de género y una determinada orientación sexual. Hoy vamos a profundizar un poco más en este tema gracias al artículo “Sexual differentiation of the human brain in relation to gender identity and sexual orientation” de Swaab y Garcia-Falgueras.

Transexualidad, homosexualidad y cerebroTransexualidad, homosexualidad y cerebro

Así pues, en “La naturaleza crea mujeres por defecto” describimos simplemente el proceso de diferenciación sexual del cuerpo humano (genitales) a través de la acción de las hormonas mediada por la acción genética. Este proceso químico, que, como vimos, permite la entrada de variaciones en lo que se considera comúnmente “desarrollo normal del feto”, ocurre durante los dos primeros meses de embarazo. Los procesos de diferenciación sexual del cerebro humano, del cual parte vimos en “¿A qué viene mi identidad sexual?” también ocurren por la acción de las hormonas mediada por la acción genética, pero en otro momento: hacia la segunda mitad del embarazo.

Este hecho da pie a pensar que ese cambio de momento de acción puede dar lugar a la variabilidad de orientación sexual e identidad sexual que existe en el ser humano. ¿Por qué? Porque el entorno en que ocurre el desarrollo (el útero, la propia orgánica del feto o la orgánica de la madre) puede haber variado. Al no ocurrir la diferenciación sexual del cuerpo humano a la vez que la diferenciación sexual cerebral, un cuerpo “masculino” no tiene por qué significar un cerebro “masculino” y viceversa. El “sexo genital” con que uno nace NO obliga a sentirse atraído hacia un sexo concreto o a exhibir ciertos comportamientos. La naturaleza da espacio a nuestra variabilidad de conductas sexuales precisamente porque la “sexualización” del cuerpo y la “sexualización” del cerebro no ocurren en el mismo momento y de manera orquestada.

¿Qué factores pueden afectar al proceso de diferenciación sexual de un cerebro?

Transexualidad, homosexualidad y cerebroEl proceso de diferenciación sexual que ocurre dentro del útero implica la configuración de nuestro cerebro de una manera concreta. Nuestros genes y el entorno químico del feto serán capaces de inclinar la balanza (y decimos inclinar la balanza porque aún desconocemos el grado en que esta configuración cerebral intrauterina es capaz de determinar la futura conducta sexual o la identidad de género del niño y si afectan o no variables no orgánicas como la educación y otros factores culturales) hacia el hecho de que este nuevo ser humano vaya a ser homosexual, bisexual, transexual o heterosexual. Cuando el niño alcance la pubertad, esta “configuración sexual” será “despertada” por esa tormenta de hormonas que caracteriza el periodo.

Pero, ¿qué factores son capaces de afectar al establecimiento de una u otra configuración? En primer lugar, entrn en juego el “set” de cromosomas sexuales que nos haya sido otorgado por nuestros padres, en donde, a su vez, entran en juego los procesos de recombinación genética que ocurren durante la formación de los gametos durante la meiosis de papá y mamá. En tercer lugar, entra en juego el entorno orgánico del feto del que dependerá parte de la forma en que esos genes del feto sean capaces de expresarse para formar los órganos sexuales y las correspondientes hormonas. En cuarto lugar, entra en juego el entorno orgánico que la madre le esté proporcionando al feto (alimentación, hormonas, estrés, etc), que a su vez depende en buena parte del entorno económico, médico y social de la madre y de sus genes, dependiendo esto, a su vez, de cuando la madre era feto y estaba a merced de los mismos factores que ahora mismo afectan al feto actual. Como ves, todos los factores capaces de afectar al desarrollo de un feto concreto son bastísimos y constituyen todo un trabalenguas, y es harto complicado llegar a definir al cien por cien qué hace que un cerebro sea heterosexual, homosexual, bisexual, transexual, etc.

Transexualidad, homosexualidad y cerebro¿Y cómo pueden todos estos factores afectar a la relación existente entre transexualidad, homosexualidad y cerebro? La relación parece clara cuando hablamos de nuestra equipación genética (nuestros genes determinan buena parte de nuestra producción hormonal y otros factores que influyen), pero el tema se complica cuando decimos, por ejemplo, que el ambiente socioeconómico de la madre puede afectar a la conducta sexual futura del feto. Parece inverosímil.

La relación empieza a verse plausible cuando se entiende que el entorno socioeconómico puede afectar a la orgánica de la madre (por ejemplo, si ella vive en un entorno de situación económica inestable que genera estrés durante la gestación). La orgánica de la madre es el “pequeño mundo” del feto, así que su estado repercutirá en el estado de la orgánica del feto estableciendo niveles diferenciales de hormonas u otras sustancias que finalmente pueden tener repercusión en el feto: su peso, su salud, y, como venimos tratando, un largo etcétera que puede incluir su sexualidad. Lo difícil, claro está, es desgranar todas y cada una de las variables próximas o distales que pueden afectar a la diferenciación sexual de un cerebro y a su diferenciación a secas.

Con afán de empequeñecer un poco este extensísimo foco de atención, vamos a considerar a continuación tan solo una variable, los andrógenos (un tipo de hormonas), y un momento: el desarrollo intrauterino del feto.

Pistas sobre la naturaleza de la relación entre transexualidad, homosexualidad y cerebro procedentes de síndromes y anomalías orgánicas

Centrándonos así en la neurobiología, un factor importante para la “masculinización” del cuerpo y por ende del cerebro (recuerda que sin la acción hormonal durante la etapa fetal el cerebro se constituye como “femenino”) es la capacidad de la testosterona para interactuar con nuestras estructuras durante el desarrollo de este querido órgano nuestro. Parece que en la relación entre transexualidad, homosexualidad y cerebro juega un peculiar peso la acción de las hormonas. Sería osado afirmar que las hormonas determinan por sí solas y sin “contar con nada más” nuestra sexualidad afectando al desarrollo intrauterino de núcleos cerebrales como el núcleo sexualmente dimorfo, pero lo cierto es que estas moléculas están acumulando en torno a ellas cada vez más mayores evidencias de su peso en nuestra forma de ser.

Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos

Transexualidad, homosexualidad y cerebro

Imagen de una mujer XY: sus genes son masculinos pero su cuerpo es femenino. Estas mujeres XY no tienen mayor tendencia al lesbianismo que una población “normal”.

Pistas de la relación las encontramos debido a los efectos de una mutación en los receptores de andrógenos en nuestras células que da lugar a un fenómeno conocido como Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos (esta imagen la tomamos del artículo “Algunas cuestiones sobre sexo y género“). La existencia de este síndrome hace que, a pesar de tener una configuración genética XY (masculina), los andrógenos que colaborarían en la formación de un cuerpo masculino no puedan actuar, de modo que el cuerpo de estas personas desarrolla pechos y vagina (aunque no órganos sexuales internos), formando lo que a menudo se conocen como mujeres XY. Cabría pensar que, debido a que estas mujeres tienen “genes de hombre”, entre esta población de mujeres hubiese mayor número de lesbianas. Pero NO es así. Esto nos permite sospechar que para que el cerebro se configure en modo “me siento atraído/a por las mujeres”, hace falta la acción de los andrógenos durante el desarrollo fetal.

Hiperplasia Suprarrenal Congénita

El Síndrome de Insensibilidad a los andrógenos parece indicar que la carencia de exposición a los andrógenos de un cerebro en un organismo XY (genéticamente hombre) durante el desarrollo uterino está relacionada con el desarrollo de la atracción hacia el sexo masculino. Para poner en cuestión el papel de la exposición a los andrógenos en la ruptura de la relación “cuerpo XY – atracción por las mujeres” cabe preguntarse si puede darse el mismo efecto pero alrevés: ¿un cerebro en un organismo XX (genéticamente femenino) expuesto a mayores niveles de andrógenos durante el desarrollo uterino tiene más tendencia a la atracción por el sexo femenino? Es decir, ¿pueden unos niveles mayores de exposición a andrógenos “romper” la relación “cuerpo XX – atracción por los hombres”? La respuesta parece positiva.

Transexualidad, homosexualidad y cerebro

Mujer con Hiperplasia Suprarrenal Congénita. La exposición a andrógenos ha “masculinizado” su cuerpo.

La Hiperplasia Suprarrenal Congénita es un problema glandular que puede tener lugar durante el desarrollo uterino. Esta hiperplasia implica una segregación a niveles muy superiores de andrógenos. Un feto XX (genéticamente mujer) con Hiperplasia Suprarrenal Congénita está expuesto a niveles de andrógenos “inadecuados” para su programación genética. Estos fetos XX están, por así decirlo, expuestos a un nivel de andrógenos que cabría esperar para un feto XY. ¿Estos fetos de sexo genético femenino en un entorno hormonal masculino tienden más en un futuro a ser mujeres lesbianas, esto es, atraídas por su mismo sexo? La respuesta es positiva. Aunque, claro está, NO es una relación totalmente positiva, la existencia de lesbianas en una población de mujeres con Hiperplasia Suprarrenal Congénita es en proporción mayor que la que encontramos en una población de mujeres sin Hiperplasia Suprarrenal Congénita.

Deficiencia de 5alfa-reducatasa 2 y 17-beta-hidroxiesteroide deshidrogenasa 3

Otra pista la encontramos debido a una deficiencia de largo nombre: la deficiencia de 5alfa-reducatasa 2 y 17-beta-hidroxiesteroide deshidrogenasa 3. Esta deficiencia impide que parte de la testosterona de un feto XY “masculino” cumpla “correctamente” su cometido, de modo que el niño en vez de desarrollar pene desarrolla clítoris, aunque grande. Estos niños, por convención (aunque se está trabajando para que esto deje de ser así), son criados como niñas porque el examen exterior del niño no indica que sea niño: ¡no tiene pene! El problema aquí es que la testosterona fetal sí ha sido capaz de “masculinizar” el cerebro, solo ha fallado a la hora de “masculinizar” el pene. Es decir, el niño nace con una “configuración cerebral masculina”, pero como su cuerpo parece el de una niña, es criado como niña. El problema ocurre cuando llega la pubertad y las acciones de las hormonas sexuales empiezan a interactuar con esa “configuración masculina” cerebral. Por este motivo, muchos niños con deficiencia de 5alfa-reducatasa 2 y 17-beta-hidroxiesteroide deshidrogenasa 3 criados como niñas, llegados a la pubertad, tienen problemas de identidad sexual y la mayoría (más del 60%) acaba “volviendo” al género que le corresponde: el que su cerebro le demanda.

transexualidad, homosexualidad y cerebroAtrofia de cloaca

Y otra más la encontramos en otra afección conocida como Atrofia de Cloaca. Estos niños XY también presentan ausencia de pene, por lo que son considerados y criados como niñas por sus padres y educadores a pesar de que la acción de la testosterona sí ha podido “masculinizar” su cerebro. En la edad adulta, atravesada la pubertad, solo el 45% de estos niños sigue viviendo como mujer sin problemas de identidad. En cambio, en torno al 20% presentan problemas con su identidad sexual asignada en nacimiento por médicos y padres y el 35% “vuelve” al género que su cerebro le pide: el que nunca dejó de ser.

A tener en cuenta

Resulta difícil hablar de estos temas porque constantemente se cae en palabras discriminatorias. Cuando hablamos de que un cerebro se “masculiniza”, hablamos de que ese cerebro va a desarrollar conductas de atracción sexual por las mujeres y va a desarrollar una serie de comportamientos sexualmente diferenciados que no parecen exclusivamente mediados por la educación que se recibe (por ejemplo, la agresividad). Cuando hablamos de que un cerebro se “feminiza”, hablamos de lo contrario. Estas palabras parecen entrever que las mujeres que se sienten atraídas por mujeres no son femeninas, o que los hombres que se sienten atraídos por hombres no son masculinos. También, cuando hablamos de síndromes y anomalías que nos dan pistas sobre la naturaleza de la sexualidad, parece que hablamos de las personas que han tenido este desarrollo diferente como si hubieran sufrido algún tipo de enfermedad, una enfermedad que les ha impedido “ser como debían” según el dictamen de sus genes. ¿Una mujer XY con Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos ha padecido una enfermedad durante su desarrollo? ¿Y un individuo con Atrofia de Cloaca? Las mujeres XY no cuentan con mayor incidencia de problemas de identidad sexual, en cambio las personas con Atrofia de Cloaca sí, pero solo debido a que han sido educados como pertenecientes a un sexo que no les corresponde “cerebralmente”. ¿Dónde está la enfermedad?

Debido a la tremenda ambigüedad que presentan las cuestiones de identidad sexual y orientación sexual, hemos de procurar ser mucho más abiertos a las múltiples posibilidades que nos presenta la naturaleza.

Lee más en ”Sexual differentiation of the human brain in relation to gender identity and sexual orientation” y “Fisiología de la conducta

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